El último episodio de La Favorita 1922 culmina con una cena que promete fuegos, traiciones y amores imposibles. Elena y Julio hacen su último esfuerzo frente a César que, mientras tanto, el restaurante se convierte en el lugar que acoge las despedidas y los secretos inconfesados que explosionan como bombas de tiempo. El último capítulo de La Favorita 1922 será una tormenta perfecta de emociones donde cada uno de los personajes da lo máximo. Ya sabemos que el lunes 7 de julio a las 23:00h Telecinco termina un ciclo de pasiones, venganzas e incluso sacrificios de consecuencias dudosas. La cena más esperada del año es, en definitiva, una trampa mortal.
2UN ADIÓS ENTRE HARINA Y LÁGRIMAS
Rosa revisa por última vez los estantes de repostería en La Favorita 1922, cuyas bandejas y cucharas llevan su sello. Miguel espera fuera, impaciente, mas ella necesita unos segundos más. En ese momento Fermín aparece en la entrada con las manos manchadas de harina y los ojos recogidos en las preguntas que no tienen respuesta. «No te vayas -le dice- no puedes irte», pero su voz suena más a un ruego que una orden, y, a pesar de ello, Rosa hace un gesto negativo con la cabeza: «No es tan simple». Hay demasiado dolor oculto entre ellos, demasiadas palabras que no han llegado a decirse.
Fermín entonces le acerca una carta, hecha de un papel arrugado y manchado de café. Es aquello que nunca se atrevió a decirle cara a cara. Rosa lee en voz alta la carta, entretanto las lágrimas caen a sus pies manchando de tristeza las frases en itálica que hablan de noches en vela, de sueños compartidos: «¿Por qué ahora?», pregunta ella con la voz quebrada. Fermín no encuentra ninguna buena respuesta, solamente el peso de la cobardía. Es demasiado tarde para cambiar la hoja de lo que ha sucedido, pero no para que al menos se den cuenta de que fue real lo que vivieron.
El claxon del taxi vuelve a sonar, más insistente que antes. Rosa pliega la carta y la guarda en el bolsillo de su delantal, que acaba de recordar que colgará en el perchero por última vez. Fermín no intenta detenerla, y antes de que le dé la espalda y cruce la puerta, le dice: «Si algún día vuelves, aquí estaré». Ella no se da la vuelta, pero asiente lentamente. Se van apagando el eco de sus pasos en el ruido de la cocina y Fermín entonces se queda en la dulcería que ahora se convierte en el desamparo, rodeado por los dulces que ya nadie va a querer tocar.



