¿En qué momento la productividad sustituyó a la salud? Gemma Hortet explica la importancia de la cocina en nuestra medicina diaria

La nutricionista Gemma Hortet advierte que la obsesión moderna por la productividad ha desplazado hábitos esenciales como cocinar, y defiende recuperar la alimentación consciente como una herramienta cotidiana para mejorar la salud física, emocional y digestiva.

El ritmo frenético actual y la obsesión por el rendimiento han desplazado hábitos biológicos esenciales. En este escenario de inmediatez, el acto de nutrirse dejó de ser un pilar preventivo para convertirse en un trámite de consumo rápido.

Para la nutricionista Gemma Hortet, esta desconexión debilita la inmunidad. Según advierte la especialista, “nadie se percató de que la salud tiene que sostenerla alguien, y la salud pasa por cocinar”.

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La salud también depende del ritmo al que vivimos

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Fuentes: Quirónsalud

Hortet lleva más de 15 años trabajando con nutrición energética, medicina tradicional china y macrobiótica. En consulta, asegura encontrarse cada vez más personas que hacen ejercicio, intentan comer sano y duermen razonablemente bien, pero aun así viven agotadas, inflamadas o con problemas digestivos persistentes.

Según explica, gran parte del problema está en que Occidente ha aprendido a interpretar la alimentación únicamente desde lo nutricional, dejando fuera algo que considera esencial: la adaptación al propio cuerpo y a los ritmos naturales.

“Nos está faltando algo superesencial, que es conocernos y entender que somos naturaleza”, afirma. Desde la medicina tradicional china, diferencia entre personas con una constitución más yin y otras con predominio yang. Las primeras tienden a procesar todo de forma más lenta. Digieren despacio, necesitan más descanso y suelen ser más sensibles física y emocionalmente. Las segundas funcionan con más intensidad, toleran mejor el estrés y tienen una enorme capacidad de actividad, aunque también corren más riesgo de agotarse sin darse cuenta.

Para la especialista, el problema aparece cuando ambos perfiles intentan adaptarse a un único modelo social basado en la productividad constante. Ahí es donde la salud empieza a deteriorarse.

Las personas con una constitución más yin, explica, necesitan comidas más cocinadas y calientes porque su digestión requiere más apoyo energético. En cambio, quienes son más yang deben moderar alimentos excesivamente calientes o estimulantes, especialmente en verano.

En esa lógica también cambia la forma de cocinar. Hortet insiste en que no todas las cocciones producen el mismo efecto en el organismo. “Lo que no se cocina fuera hay que cocinarlo dentro, y la digestión supone energía”, señala. Por eso considera que ciertos hábitos modernos, como comer rápido frente al ordenador o abusar de alimentos fríos y ultraprocesados, terminan afectando directamente a la salud digestiva y emocional.

Volver a cocinar como una herramienta de bienestar

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La experta sostiene que recuperar la cocina cotidiana no tiene únicamente un valor cultural o familiar. También representa una herramienta concreta para mejorar la salud física y mental.

En verano, por ejemplo, recomienda evitar cocciones demasiado agresivas. “La plancha es la cocción más yang que hay, no es lo más adecuado en verano”, explica. Frente a eso, propone métodos más suaves como papillotes, escabeches o marinados que conserven mejor la hidratación natural de los alimentos.

También reivindica el uso de especias y hierbas aromáticas como parte fundamental de una alimentación equilibrada. Perejil, orégano, jengibre, canela o romero no solo aportan sabor. Según explica, ayudan a estimular la digestión, controlar el exceso de frío interno y favorecer el equilibrio de la microbiota.

El objetivo, insiste, no es comer perfecto ni seguir reglas rígidas, sino entender qué necesita el organismo en cada etapa vital. En mujeres con menopausia, por ejemplo, aconseja aumentar alimentos vegetales hidratantes, moderar las carnes y priorizar preparaciones más suaves que ayuden a regular la inflamación y el calor corporal.

Detrás de ese enfoque aparece una idea central: la salud no depende únicamente de suplementos, gimnasios o tratamientos externos. También se construye en pequeños hábitos diarios que muchas veces han perdido valor dentro de la rutina moderna.

Hortet cree que uno de los mayores errores culturales fue desplazar completamente la cocina del centro de la vida familiar. “Nadie se percató de que la salud tiene que sostenerla alguien, y la salud pasa por cocinar”, afirma.

Para ella, preparar comida en casa no debería verse como una obligación doméstica ni como una pérdida de tiempo, sino como una forma de medicina cotidiana. Un espacio donde alimentación, descanso y bienestar vuelven a relacionarse de manera natural.


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