Esta semana la televisión pública española -incluidas La Promesa y Valle Salvaje- se encuentra en un proceso de reestructuración de su programación tan delicado como inevitable. El fallecimiento del Papa Francisco y la apertura del Cónclave para elegir a su sucesor han activado un despliegue informativo sin precedentes en RTVE, que se ha volcado, con todos sus recursos, a seguir este acontecimiento histórico.
Como consecuencia de esta situación, series tan populares como La Promesa y Valle Salvaje verán modificados sus horarios habituales del 5 al 9 de mayo. Lo que para algunos puede parecer un momento de información en directo, para los seguidores de estas ficciones plantea el reto de adaptarse a una programación que cambia de forma constante.
2DEL VATICANO A TVE
El Cónclave es un acontecimiento que se sale de lo puramente religioso, hasta el punto de convertirse en un suceso global seguido por millones de personas. En el caso de España, la muerte del Papa Francisco ha suscitado un interés informativo sin precedentes desde hace varios años, haciendo que RTVE moviera equipos hacia Roma y reorganizara su dispositivo técnico.
La elección del nuevo Papa no es un asunto meramente religioso: es también a nivel internacional, político; social y simbólico. Este contexto supone que La 1 esté lista para hacer conexiones en directo, para entrevistas de expertos y análisis en plató, supuesto que tiene que ver con una variación permanente de los tiempos previstos. Decide retrasar un informativo, eso ya provoca un efecto dominó que afecta la tarde entera.
Las conexiones en directo desde el Vaticano, sobre todo si hay fumata, interrumpen la programación habitual sin posibilidad de improvisar. RTVE no es la primera vez que se enfrenta a una preocupación de este tipo, pero el actual escenario es especialmente complicado. La televisión pública ha conseguido una cobertura ambiciosa, todo con múltiples puntos de conexión y señales simultáneas desde Roma, Madrid y otras capitales.
Esta estrategia informativa implica renunciar aparte del entretenimiento habitual, algo que si bien se debe a impulso de interés general, provoca también críticas entre los sectores más fieles a la ficción. En este juego de equilibrios, la información gana terreno… aunque a costa de lágrimas.



