La guerra EE.UU.-Irán dispara el petróleo a 100 dólares: la economía europea afronta un nuevo shock energético

El Brent rompe la barrera de los 100 dólares por primera vez desde mayo. Los hutíes atacan petroleros saudíes en el mar Rojo y Trump sopesa un ataque masivo contra Irán, mientras Teherán amenaza con represalias a los aliados de Washington.

El Brent ha superado hoy la barrera de los 100 dólares por barril por primera vez desde mayo. Lo que me ha llamado la atención no es solo el nivel de precios, sino la combinación de factores geopolíticos que están detrás de esta escalada y que dibujan un escenario energético muy complicado para Europa en la segunda mitad de 2026.

El detonante inmediato ha sido doble. Por un lado, los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, confirmaron ayer que atacaron dos petroleros saudíes en el mar Rojo, una ruta alternativa al estrecho de Ormuz que hasta ahora se consideraba relativamente segura. Por otro, el presidente estadounidense Donald Trump declaró el jueves que sopesa un ‘massive attack’ contra Irán, lo que llevó a Teherán a advertir de que responsabilizará a cualquier país que preste asistencia a Washington en esa operación.

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El Brent en 100 dólares: las claves de la escalada

He identificado tres vectores que explican el repunte del crudo y que, a diferencia de lo ocurrido en mayo, sugieren una prima de riesgo geopolítico más persistente:

  • Interrupción del tráfico marítimo en el mar Rojo. Los hutíes han demostrado capacidad para golpear petroleros en una vía por la que transita alrededor del 8% del comercio mundial de crudo. Las primas de seguro marítimo se han disparado y varias navieras están desviando rutas hacia el cabo de Buena Esperanza, lo que encarece el flete y alarga los plazos de entrega.
  • Escalada retórica y militar entre Estados Unidos e Irán. La amenaza de un ataque masivo no es nueva, pero el contexto —con bombardeos estadounidenses ya en curso contra objetivos iraníes— eleva la probabilidad de un cierre efectivo del estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del suministro global de petróleo.
  • Ausencia de capacidad ociosa inmediata. La OPEP+ mantiene recortes de producción y países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos no han señalado disposición a compensar una posible pérdida de barriles iraníes. El mercado está más tenso de lo que aparentan los inventarios.

El efecto combinado es un Brent que cotiza por encima de los 100 dólares con una estructura de mercado en backwardation pronunciada: los contratos a corto plazo son más caros que los de largo, señal clásica de escasez física y nerviosismo comprador.

«Estamos considerando un ataque masivo contra Irán.» — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, declaraciones del 24 de julio de 2026

Responsabilizaremos a cualquier país que asista a Estados Unidos en una operación de este tipo.» — Gobierno de Irán, comunicado oficial, 24 de julio de 2026

Un shock energético que recuerda a 2022: el análisis

No puedo evitar trazar paralelismos con la crisis energética de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania disparó el gas natural y el petróleo a niveles que asfixiaron a la industria europea. La diferencia ahora es que el riesgo no viene de Rusia, sino de Oriente Medio, y afecta directamente al crudo, no al gas.

Lo que veo aquí es una economía europea que apenas había empezado a recuperar el aliento tras dos años de inflación energética y endurecimiento monetario. Con el Brent por encima de 100 dólares, el BCE se enfrenta a un dilema que no tenía en su guion de julio: si el encarecimiento del crudo se traslada a la inflación subyacente, el margen para nuevos recortes de tipos se estrecha justo cuando el crecimiento de la eurozona da señales de debilidad.

El precedente de 2022 nos enseñó que un shock de oferta en el petróleo puede restar hasta 1,5 puntos de PIB a la eurozona en dos trimestres si se mantiene. La incógnita es cuánto durará esta escalada. Si el conflicto entre Estados Unidos e Irán se contiene en el plano retórico y los hutíes no cierran el mar Rojo de forma efectiva, la prima geopolítica podría diluirse en semanas. Si no, el escenario de estanflación que parecía descartado vuelve al radar de Fráncfort.

El siguiente hito que vigilaré de cerca es la reunión del Comité Ministerial de la OPEP+ prevista para septiembre. Cualquier señal de aumento de cuota por parte de los productores del Golfo podría aliviar la presión. Pero, por ahora, el mercado descuenta que la disciplina del cártel se mantendrá.

🌍 El impacto en España y Europa

El encarecimiento del crudo tiene un canal de transmisión directo a la economía española y europea que conviene desglosar:

  • Euríbor e hipotecas. Un repunte sostenido del petróleo eleva las expectativas de inflación y presiona al BCE para que modere los recortes de tipos. Las hipotecas variables españolas, indexadas al Euríbor a 12 meses, podrían dejar de beneficiarse de la senda bajista que esperaban los mercados hace solo un mes. Cada 10 dólares adicionales en el Brent durante dos trimestres suelen añadir entre 0,3 y 0,5 puntos porcentuales a la inflación general de la eurozona.
  • Inflación y poder adquisitivo. España es especialmente vulnerable porque importa más del 98% del petróleo que consume. El IPC de transporte y los carburantes serán los primeros en reflejar la subida, con un impacto directo en los hogares y en los costes logísticos de las empresas.
  • Tejido empresarial exportador. Compañías del IBEX como Repsol se beneficiarán coyunturalmente, pero las industrias electrointensivas y las aerolíneas —IAG, por ejemplo— verán aumentar sus costes operativos. El sector químico y el de fertilizantes, muy expuestos al crudo como materia prima, podrían sufrir un nuevo golpe tras la crisis de 2022.
  • Fiscalidad y margen del Gobierno. El Ejecutivo español podría verse tentado a reintroducir bonificaciones al combustible, como en 2022, lo que erosionaría el margen fiscal conseguido en los últimos trimestres.

En definitiva, la guerra entre Estados Unidos e Irán no es solo un conflicto lejano. El Brent a 100 dólares es un impuesto directo sobre la recuperación europea y un recordatorio de que la seguridad energética sigue siendo la asignatura pendiente de Bruselas.


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