Moeve vende Argelia a Pertamina por hasta 1.000 millones y abandona el crudo

Pertamina asume los pozos y los derechos de exploración pendientes de desarrollo en el país norteafricano. La antigua Cepsa cierra su salida del crudo y concentra el capital en biocombustibles, hidrógeno verde y química.

Moeve vende a Pertamina su negocio petrolero en Argelia por hasta 1.000 millones de euros. La operación cierra la salida de la antigua Cepsa del negocio de exploración y producción de crudo, el último bloque de peso de su cartera tradicional de hidrocarburos.

Las cifras que manejan las informaciones publicadas en las últimas horas oscilan entre los 500 millones que marcan el suelo y los 1.000 millones que sitúan el techo. Ni Moeve ni la petrolera estatal indonesia han detallado por ahora la estructura del pago, así que el importe final dependerá de cómo se cierren los términos en las próximas semanas. Una diferencia de ese calibre, el doble, no es menor: cambia la lectura completa de la operación.

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Moeve traspasa a Pertamina todo su negocio tradicional en Argelia

El paquete que cambia de manos incluye las participaciones de exploración, desarrollo y producción que el grupo mantenía en el país norteafricano, en un marco de contratos compartidos con Sonatrach, la petrolera estatal argelina. Es el negocio tradicional de Moeve en Argelia, no una filial periférica: los pozos en producción y los derechos pendientes de desarrollar viajan en el mismo lote.

Del otro lado de la mesa se sienta Pertamina, la petrolera estatal de Indonesia, un país de 280 millones de habitantes con una demanda energética que crece más rápido de lo que su propia producción puede cubrir. La compañía lleva años engordando su cartera internacional con activos maduros que las petroleras europeas han ido soltando. Para una empresa de propiedad estatal la lógica es otra: prima asegurar reservas y producción a veinte años vista por encima del retorno inmediato al accionista.

Para Moeve, la operación cierra una etapa. El grupo que dirige Maarten Wetselaar, controlado por el fondo emiratí Mubadala, presentó en 2022 su plan Positive Motion, cuyo detalle recoge la web corporativa de Moeve, y cambió de marca en 2025 tras casi un siglo como Cepsa. Desde entonces ha reordenado su cartera hacia negocios con menor huella de carbono. La venta de Argelia deja ese relato sin la parte más incómoda: la producción de crudo.

Del crudo al biocombustible: la cartera que Moeve quiere construir

Moeve Pertamina

El destino de ese dinero es la cartera que Moeve lleva cuatro años construyendo: biocombustibles de segunda generación, hidrógeno verde vinculado a la industria andaluza, recarga eléctrica y una química que quiere desligarse del petróleo como materia prima. Los objetivos que la compañía se fijó para 2030 en esos negocios exigen inversión sostenida y, sobre todo, caja. Y no todas las cajas valen lo mismo. La del crudo llega con contratos a largo plazo; la del biocombustible depende de mandatos regulatorios y del precio de la materia prima agrícola.

Vender los pozos para pagar el hidrógeno tiene una trampa: la caja que se va era justo la que sostenía la transición.

Ahí está la contradicción que Moeve tendrá que gestionar. El upstream argelino no era un negocio en pérdidas del que deshacerse con urgencia; era producción con reservas contabilizadas y un comprador cuyo perfil no admite una salida a cualquier precio. Quien vende a una empresa estatal asiática no vende mal. Pero se queda sin una fuente de recursos que no se sustituye con un contrato de hidrógeno verde firmado a diez años.

Hay un efecto secundario que ninguna presentación oficial va a subrayar. Al desprenderse de los pozos, el inventario de emisiones propias del grupo se reduce de golpe, sin que nadie haya invertido un euro en eficiencia. Es la parte menos noble de la contabilidad climática: se presenta como descarbonizar y en realidad es vender.

Lo que la venta dice del upstream europeo, no solo de Moeve

La operación encaja en un patrón que lleva una década en marcha. Las petroleras europeas recomponen su cartera hacia el gas, los biocombustibles y las renovables, y dejan los pozos maduros en manos de compañías con mandato estatal, menos sensibles a la presión de los accionistas sobre el clima y más cómodas con horizontes de retorno largos. Pertamina, Petronas, o PTTEP son nombres que se repiten en esa otra cara del mercado. En paralelo, la producción no desaparece: cambia de dueño y, con ella, el estándar ambiental con el que se explota.

Mi lectura es que la venta es defendible en el plano industrial y discutible en el europeo. Moeve hace lo que haría cualquier gestor racional: monetizar un activo maduro para financiar los negocios donde cree que está el margen de la próxima década. Cada operación de este tipo, sin embargo, reduce la capacidad de Bruselas de fijar estándares sobre unos yacimientos que seguirán produciendo crudo para el mercado global, ahora sin empresas sujetas al marco regulatorio comunitario.

Queda saber a qué precio se cierra finalmente la operación y con qué estructura de pago. La horquilla de 500 a 1.000 millones no es un detalle contable: determina cuánta caja llega de verdad a Moeve para sus proyectos andaluces. Si el cierre se produce en el extremo alto y los calendarios de hidrógeno y biocombustibles se cumplen, la compañía habrá cambiado de negocio sin encoger. Si falla una de las dos piezas, el balance contará otra cosa.


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