Bitcoin ha recuperado los 80.000 dólares. La criptomoneda se negocia en torno a los 80.700 dólares, un 4,4% más en las últimas 24 horas, después de que los demócratas se hayan hecho con el control del Congreso de Estados Unidos y de que el petróleo haya caído a mínimos de tres semanas.
Según el recuento de Associated Press, los demócratas se hicieron con 54 escaños en el Senado y 228 en la Cámara de Representantes este miércoles por la mañana. Todavía quedan 68 escaños de la Cámara sin adjudicar, un detalle que no es menor: buena parte del mercado opera sobre la hipótesis de una mayoría demócrata completa, y esa hipótesis aún no está cerrada.
El otro movimiento del día ha sido el del crudo. El West Texas Intermediate (WTI), la referencia del petróleo en Estados Unidos, ha bajado hasta unos 93,54 dólares, cerca de un 12% por debajo del máximo de 106,2 dólares que marcó el viernes pasado. Traducido a la vida real: gasolina más barata para los conductores estadounidenses, y costes de energía más bajos para las empresas.
De 75.700 a 80.700 dólares: el recorrido de una sola sesión
Hay un dato que explica mejor la jornada que cualquier titular: el del mínimo. Bitcoin llegó a caer hasta los 75.700 dólares antes de darse la vuelta. En ese punto aparecieron 420 millones de dólares en apuestas alcistas, según recoge BeInCrypto, y el precio terminó superando los 80.000. El rebote no vino de una mejora de los fundamentales del activo, sino de que había dinero esperando en la puerta.
Conviene glosar el término, porque no es menor. Una opción es un contrato que da derecho, no obligación, a comprar o vender un activo a un precio fijado de antemano. Cuando muchos operadores compran opciones de compra, el mercado lo interpreta como una apuesta coordinada al alza. Y 420 millones de dólares no es una apuesta de minoristas.
El bitcoin no subió porque mejoraran sus fundamentos, sino porque el petróleo barato despejó el miedo a la inflación y había dinero esperando el rebote.
El lunes pasó justo lo contrario, y sirve para entender lo cambiante del patrón. Cuando el crudo cayó tras los reportes de conversaciones de paz, el oro y la plata subieron y bitcoin se quedó atrás. Este miércoles la criptomoneda ha recuperado el terreno perdido. A veces se comporta como refugio y a veces como activo de riesgo, y esa ambigüedad desconcierta tanto al inversor novel como al veterano.
Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
Por qué el petróleo mueve el bitcoin
El canal de transmisión es la inflación. La guerra entre Estados Unidos e Irán, que dura ya ocho meses, ha encarecido la gasolina y ha alimentado la inflación estadounidense. Si el petróleo baja, la presión sobre los precios se relaja y con ella la expectativa de que la Reserva Federal mantenga los tipos altos durante más tiempo. Los tipos altos penalizan a los activos de riesgo, y bitcoin se comporta como uno de ellos casi siempre.
Los inversores, según recoge Al-Monitor, están descontando que un Congreso en manos demócratas implique una posición más moderada de Washington en ese conflicto. Ahí está el matiz que puede romper el guion: el presidente Donald Trump dijo el martes que Estados Unidos no tiene planes inmediatos para atacar Irán, pero esta misma semana las fuerzas estadounidenses han golpeado posiciones de misiles en la isla de Qeshm.

Un alto funcionario iraní ha asegurado a Reuters que ambas partes siguen lejos de un acuerdo. Y Priyanka Sachdeva, jefa de análisis de mercado de la firma Phillip Nova, ha advertido de que los riesgos de interrupción del suministro en el estrecho de Ormuz no han desaparecido. El estrecho es la principal vía de salida del crudo del Golfo Pérsico; si se cierra, el petróleo barato se esfuma en cuestión de horas.
Hay además una lectura menos amable. El comentarista de mercado JustDario ha sugerido, sin aportar ninguna prueba, que la venta de petróleo responde a una cobertura previa a una segunda ronda de ataques a gran escala contra Irán. Es especulación y conviene etiquetarla como tal, pero explica por qué una parte del mercado no termina de fiarse del escenario optimista.
La lectura de fondo: un precedente incómodo y dos pruebas pendientes
Bitcoin lleva años vendiéndose como oro digital y, sin embargo, se mueve como un activo de riesgo en la mayoría de las crisis. En marzo de 2020, con el pánico del covid, se dejó más de la mitad de su valor en dos sesiones, a la vez que la bolsa estadounidense. En 2022, con la subida de tipos más agresiva en cuatro décadas, perdió cerca del 65%. Los episodios en los que sí ha actuado como refugio existen, pero son la excepción y suelen coincidir con crisis de confianza en el sistema financiero tradicional, no con shocks energéticos.
El rebote de este miércoles encaja mejor con la primera categoría. Es una reacción macro, no una validación del bitcoin como reserva de valor. Y por eso mismo es frágil: depende de factores que no controla y que pueden girar en cualquier momento.
Quedan dos pruebas en el calendario. La primera son los 68 escaños de la Cámara que siguen sin decidirse: si el recuento final reduce la mayoría demócrata, parte del optimismo se desinfla. La segunda son las conversaciones que Catar está mediando entre Washington y Teherán. Un acuerdo haría caer el petróleo todavía más, pero también podría devolver el apetito por el riesgo hacia otros activos y dejar a bitcoin sin su argumento principal.
Ninguna de las dos se resuelve esta semana. Mientras tanto, el nivel a vigilar está claro: los 75.700 dólares del mínimo de esta sesión son el suelo que el mercado ha decidido defender. Si se pierden, el rebote habrá sido un espejismo de una sola jornada.




