El Ibex 35 subió un 1,12% hasta los 19.299,70 puntos tras el anuncio de elecciones generales para el 29 de noviembre. La reacción fue medida, casi fría, para lo que suele acompañar a un adelanto electoral. El mercado no compró euforia ni desplegó miedo. Compró calma.
Pedro Sánchez confirmó en Moncloa la convocatoria de comicios para el 29 de noviembre, y los inversores activaron de inmediato una rutina que llevan meses ensayando: revisar a qué cotizadas les cambia el marco fiscal según quién gobierne. Las casas de análisis, conforme se sucedían los acontecimientos políticos del último año, han ido incorporando nuevas métricas a sus modelos para sectores concretos en caso de que una coalición de PP y Vox llegue al Gobierno, que es el escenario que manejan hoy los grandes inversores.
La Bolsa se lo toma con calma. Los estrategas descartan un giro radical en la evolución del mercado español si el signo del Ejecutivo cambia. Lo que sí harán es revisar valoración por valoración, con atención especial a tres bloques: energéticas, bancos y SOCIMIs.
El mapa fiscal que cambia con las elecciones del 29N
El foco principal apunta al sector energético. Ahí las renovables concentran la incertidumbre. Solaria y Acciona Energía podrían afrontar un escenario adverso si un nuevo Gobierno revisara las medidas que vinculan la construcción de centros de datos a la instalación de nueva capacidad renovable, un marco que hoy sostiene buena parte del discurso inversor del sector. En el lado opuesto, Endesa tiene un incentivo claro: alargar la vida útil de sus centrales nucleares.
La banca es el segundo frente. El fin del impuesto al sector está sobre la mesa. Desde que entró en vigor el incremento fiscal, aunque se anunció como eventual, los expertos lo incorporaron a sus valoraciones como permanente. Si el gravamen cae, los análisis sitúan a CaixaBank como la entidad más beneficiada, seguida de Banco Sabadell, Bankinter y Unicaja. El efecto sobre Banco Santander y BBVA, por su alta exposición internacional, se diluye. Eso sí, la banca seguirá siendo el motor del Ibex por su peso en el índice.
El fin del impuesto bancario es la variable fiscal que más valor movería en el Ibex: solo CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja concentran la lectura más optimista del mercado.
El tercer bloque son las SOCIMIs. Merlin Properties y Colonial, los dos baluartes del segmento, podrían ver reducida su carga fiscal. En el caso de Merlin, habrá que vigilar una variable extra: la compañía se ha volcado en el negocio de los centros de datos, y ahí el marco regulatorio energético también pesa.
El mercado no descuenta hoy quién ganará el 29N, sino si el resultado permitirá un Gobierno capaz de aprobar presupuestos previsibles cada año.
Un Ibex que gana por su negocio exterior, no por Madrid
Los inversores profesionales reconocen que puede haber cambios en las compañías que lideran el mercado, pero no un giro en las perspectivas sobre el desempeño global del mercado español. La razón es estructural. Once empresas del Ibex obtuvieron más del 80% de sus ingresos fuera de España en el primer semestre: ArcelorMittal, Ferrovial, Inditex, Puig, Logista, Acciona, BBVA, Banco Santander, IAG, Cellnex, y Fluidra. La cifra de negocio agregada de las compañías del índice alcanzó un récord cercano a los 300.000 millones de euros hasta junio, un 6% más que en el mismo periodo del año anterior.
Con ese perfil, los factores políticos pesan menos de lo que sugiere el ruido informativo. El Ibex acumula una revalorización del 103,9% hasta ayer durante el mandato de Pedro Sánchez. La tranquilidad que transmiten los estrategas no equivale, en todo caso, a ausencia de riesgo. La volatilidad puede aparecer antes de los comicios, sí, pero sobre todo después.

Los analistas tampoco pierden de vista a Indra, Telefónica y Aena, donde el Estado actúa como accionista de referencia y tiene capacidad para incidir en la composición de los consejos de administración. Un cambio de Gobierno reabre esas puertas.
Análisis: la gobernabilidad pesa más que el color del Gobierno
Aquí está la clave que el titular de la jornada deja en un segundo plano. El mercado español no se juega su suerte en el color del Gobierno. Se la juega en la previsibilidad. Los estrategas coinciden en que lo que exige el inversor, nacional e internacional, es una mayoría estable, capaz de ofrecer política previsible y, por encima de todo, presupuestos anuales. Sin esa pieza, cualquier promesa fiscal vale menos de lo que parece.
Hay un precedente que conviene recordar. En ciclos electorales anteriores, las encuestas fallaron y la volatilidad apareció en las semanas posteriores a los comicios, no antes. Ese patrón se repite con independencia del ganador. El mercado irá descontando el escenario más probable conforme se publiquen las encuestas de intención de voto. Las ventas llegarán si el resultado deja dudas sobre la gobernabilidad o si obliga a acuerdos políticos demasiado amplios.
El mercado de deuda arroja una lectura similar, con un matiz que merece atención. La renta fija española se ve presionada por la incertidumbre política que rodea a otros países de la región. Francia, Alemania y Reino Unido cargan con sus propios riesgos. Añadir un evento adicional de incertidumbre, como unas elecciones de resultado incierto, a una Europa ya saturada, puede traducirse en más ventas de bonos. España, por ahora, no ha sido protagonista de esas tensiones.
Pero su coste de financiación también ha subido, siguiendo la estela de Francia e Italia. El interés del bono español a 10 años, según los datos del Tesoro Público, se sitúa por encima del 4%, en niveles que no se veían desde hacía más de una década. Ahí está el contrapunto que relativiza el optimismo de la renta variable. La deuda española no está expuesta a una salida de inversores por cuestiones políticas propias, sino por el contexto general.
En mi lectura, el error más común al analizar una cita electoral es confundir volatilidad con tendencia. La volatilidad se compra y se vende en días. La tendencia se construye en trimestres. El Ibex ha ganado más de un 100% en el último mandato apoyado en el negocio exterior de sus grandes valores, no en la política doméstica. Mientras eso no cambie, el impacto de un cambio de Gobierno será de valoración sectorial, no de dirección del índice. La prueba llegará con las primeras encuestas serias y, sobre todo, con la reacción del bono a 10 años tras el 29N. Si la prima de riesgo se mantiene contenida, el mercado habrá dado su veredicto antes que las urnas.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: El Ibex 35 cerró con una subida del 1,12% hasta los 19.299,70 puntos, un movimiento contenido que confirma que el mercado no ha leído el adelanto electoral como un riesgo inmediato. Los bancos y las energéticas lideraron las compras de la sesión.
Clave técnica: El índice defendió la zona de los 19.200 puntos, referencia que lleva tocando varias semanas. La resistencia relevante se sitúa en los 19.500. Una pérdida de los 19.000 con volumen activaría las órdenes de venta ligadas al evento electoral.
Apunte macro: El bono español a 10 años cotiza por encima del 4%, su nivel más alto en más de una década, y sigue la estela del bund alemán y del gilt británico. La prima de riesgo se mantiene estable, pero un resultado electoral con dudas de gobernabilidad sería el primer catalizador de tensión en la deuda.





