Adobe IA ya no blinda el muro de pago que la compañía tardó dos décadas en levantar. Un desarrollador ha replicado siete aplicaciones de su suite creativa con modelos de lenguaje y las ha liberado en código abierto.
Claves de la operación
- Siete aplicaciones replicadas en Rust con IA. PhotoCraft, VectorCraft, FilmCraft, LightCraft, PdfCraft, EffectCraft y DesignCraft imitan funciones básicas de Photoshop, Illustrator, Premiere Pro, Lightroom, Acrobat, After Effects e InDesign.
- El negocio recurrente de Adobe, en el punto de mira. La compañía obtiene la mayor parte de su facturación de suscripciones anuales, un modelo que cualquier alternativa gratuita con prestaciones suficientes erosiona a medio plazo.
- España depende de la suite de pago. Agencias, estudios y profesionales autónomos sostienen sus flujos de trabajo sobre Adobe, sin un competidor nacional en el IBEX 35 que cubra diseño y edición profesional.
El artífice es Brandon Thomas, desarrollador vinculado a la plataforma ArtCraft, que anunció que había codificado reemplazos para siete aplicaciones de Adobe en Rust y bajo licencia abierta. El trabajo parte de vibe coding con Opus 5.5, es decir, de código generado con asistencia de modelos de lenguaje, y corre en Windows, macOS y Linux, una plataforma en la que Adobe nunca ha ofrecido herramientas creativas profesionales.
PhotoCraft abre archivos PSD y ocupa apenas unos megas. Quien lo ha probado asegura que las funciones básicas están, que no hay rastro de las capacidades generativas del Photoshop actual y que el resultado recuerda a la versión de 2020, la anterior a toda la carga de inteligencia artificial que Adobe convirtió en argumento de venta.
Los propios creadores rebajan el entusiasmo. En el repositorio admiten que PhotoCraft está en alfa temprana y que, aunque buena parte de las funciones de Photoshop existen de alguna forma, todavía no sustituye al trabajo profesional diario. Faltan unas veinte herramientas generativas, profundidad tipográfica, flujos avanzados, y compatibilidad con plug-ins.
El proyecto se presenta como una implementación clean-room: un equipo examina el sistema original y redacta una especificación, y otro, ajeno al primero, implementa esa especificación sin tocar código propietario. Es la técnica que en su día permitió clonar la BIOS de IBM sin vulnerar derechos de autor. Que PhotoCraft abra archivos PSD se explica porque Adobe publicó las especificaciones del formato para que terceros pudieran leerlo sobre él.
Adobe vendió durante años un muro de pago como garantía de calidad; la IA acaba de recordarle que un muro no es lo mismo que un foso.
En redes circula una sospecha sin pruebas: que los responsables descompilaron los programas para generar nuevas especificaciones con IA. Nada lo confirma, pero la fidelidad del resultado en tan poco tiempo despierta recelos. Lo que sí está a la vista es que el código generado por máquinas es difícil de auditar cuando algo se rompe.
ArtCraft replica siete aplicaciones de Adobe y abre la veda a los clones
Más allá del caso concreto, el episodio deja una pregunta incómoda para la industria del software propietario. Si replicar el comportamiento observable de una aplicación cuesta días en lugar de años, el código cerrado pierde buena parte de su valor defensivo. El propio Thomas sostiene que la era del código propietario ha terminado, una afirmación que suena a provocación pero que ya no puede despacharse con un manotazo.
El vibe coding ha acelerado la recreación de videojuegos de consola y utilidades que antes exigían ingeniería inversa durante años. El problema es que ese código, escrito por agentes, tiende a convertirse en un galimatías que ningún humano sabe mantener: sirve para una aplicación personal y se atraganta cuando el proyecto crece. La velocidad de la IA y la deuda técnica que arrastra viajan en el mismo paquete.
Canva, Figma y Affinity ya rozan el negocio de suscripción de Adobe
Adobe no es un novato en esto de perder terreno. Canva le disputó el diseño accesible y Figma le arrebató el trabajo colaborativo, hasta el punto de que la compañía intentó comprarla y los reguladores británico y europeo tumbaron la operación. Desde entonces, el gigante estadounidense ha tenido que innovar en casa lo que no pudo adquirir fuera.
Para quien busca hoy una alternativa a Photoshop, las opciones consolidadas no son precisamente ArtCraft. Affinity y GIMP cubren el retoque profesional, DaVinci Resolve ofrece una versión gratuita de edición de vídeo y Canva domina el diseño rápido. Ninguna de ellas exige una suscripción perpetua, y ahí está el flanco más débil del modelo de Adobe.
El foso de Adobe frente a un ejército de modelos de lenguaje
Adobe construyó su fortaleza sobre ingresos recurrentes. La compañía concentra casi toda su facturación en suscripciones anuales, un esquema que convirtió un negocio irregular en una anualidad previsible y que la mantuvo durante años entre las tecnológicas más valiosas del mundo. La contrapartida es evidente: su futuro depende de que el usuario no encuentre una alternativa suficientemente buena por menos dinero.
Tres columnas sostienen ese foso y ninguna es inexpugnable. La primera es el ecosistema profesional y los archivos que se comparten entre aplicaciones. La segunda, la integración entre las herramientas de la propia suite. La tercera, las funciones de IA que la firma vende como valor diferencial. ArtCraft ataca la tercera y deja intactas las dos primeras, que exigen años de trabajo humano.
El mercado español ilustra el riesgo a pequeña escala. Agencias de publicidad, estudios de diseño y miles de profesionales autónomos pagan cada mes por una suite cuyos precios han subido sin que apareciera un recambio competitivo equiparable. Si el clon madura, las bajas empezarían por el usuario individual antes que por la gran cuenta corporativa, que prioriza el soporte y el cumplimiento normativo por encima del precio.
Conviene no confundir una demostración con una estampida. ArtCraft está en alfa, le faltan las funciones generativas que Adobe exhibe en cada presentación de resultados y su código es todavía un borrador. Eso sí, el siguiente hito será la comunicación trimestral de la compañía, prevista para el tramo final de 2026: si Adobe no acelera su propia IA ni abarata el acceso, la brecha en el muro dejará de ser anecdótica.




