El precio del petróleo vuelve a la zona de máximos del año. El Brent, referencia para Europa, escalaba un 2,8% en la sesión asiática hasta tocar los 103 dólares por barril. La causa no es nueva: la escalada entre Estados Unidos e Irán devuelve el Estrecho de Ormuz al centro del tablero energético.
El West Texas Intermediate (WTI), referencia estadounidense, subía más de un 2,5% y se instalaba en los 90,5 dólares por barril. No es un movimiento aislado. Cada ataque contra un buque cisterna en la zona encarece el transporte y obliga al mercado a repreciar el riesgo geopolítico de todo el crudo que sale del Golfo.
La última mecha la encendió un nuevo ataque contra un buque cisterna frente a las costas de Qatar. La agencia de comercio marítimo de la Armada británica, la UKMTO, confirmó la agresión y aseguró que dejó víctimas, sin precisar cuántas. Horas antes, el estrecho ya acumulaba semanas de bloqueo iraní y de un cerco más amplio impuesto por Washington.
El Brent toca los 103 dólares y el flete de un superpetrolero marca un récord
Otras informaciones apuntan a que el presidente estadounidense, Donald Trump, habría ordenado al Pentágono diseñar opciones de ataque contra la República Islámica para ejecutarlas antes de las elecciones de mitad de mandato. La Casa Blanca no ha confirmado ese extremo y el mercado se mueve, por ahora, con el rumor como combustible.
El castigo al transporte marítimo es el termómetro más nítido. El flete de un superpetrolero ha marcado un récord de 1,4 millones de dólares al día, una cifra que dispara el coste de mover crudo desde el Golfo hacia Asia y Europa. Antes del conflicto, por Ormuz circulaba una cuarta parte del petróleo y el gas del mundo.
El crudo no sube solo por lo que ocurre, sino por lo que puede ocurrir: el mercado paga prima de guerra por cada barril que atraviesa Ormuz.
La diplomacia, por ahora, avanza a cuentagotas. Irán ha asegurado haber acordado con Omán rutas marítimas seguras en el estrecho. Un portavoz iraní ha denunciado que la navegación en la zona se había visto interrumpida por las ‘maldades de Estados Unidos’ y ha reafirmado que la estabilidad de Ormuz importa más a Teherán que a cualquier otra parte implicada.
El mismo portavoz ha precisado que el intercambio de mensajes con Washington sigue produciéndose a través de intermediarios y que la respuesta iraní a las últimas propuestas estadounidenses se presentará por esa misma vía. Canales abiertos, tregua ninguna.
En paralelo, las fuerzas de la coalición liderada por Arabia Saudí en apoyo del Gobierno yemení han anunciado ataques contra más de 80 objetivos militares de los hutíes, incluidos emplazamientos de misiles balísticos, en varias zonas del norte y el oeste de Yemen. Riad justifica la ofensiva como respuesta a las agresiones contra los aeropuertos de Riad y Abha.
Los operadores siguen con lupa cada comunicado de la UKMTO y de las navieras. Las primas de riesgo para los buques que cruzan la zona tienden a subir con cada incidente, un sobrecoste que acaba trasladándose al precio final del barril. La guerra no se libra solo en el mar: también en las pólizas.
Asia se hunde y Europa apunta a aperturas en rojo
El impacto ya se deja notar en los mercados. Las Bolsas asiáticas registraban caídas generalizadas. El Nikkei japonés cedía un 1,1%, el índice Shenzhen de la Bolsa china se dejaba cerca de un 2%, Shanghái retrocedía más de un 1,1% y el Hang Seng de Hong Kong perdía un 1,2%. El mercado tiene memoria corta, pero los números no engañan.
Los futuros europeos apuntan a aperturas negativas, del orden del 0,4% en los principales mercados del continente. La lógica es sencilla: si el crudo se encarece, el coste de la energía sube, los márgenes industriales se estrechan y el inversor busca refugio en activos defensivos.
Para España el efecto llega con retraso, pero llega. El precio del barril de crudo se traslada a los surtidores con una o dos semanas de decalaje y a la factura del gas industrial con más demora. El país importa la práctica totalidad del crudo que consume, de modo que cualquier prima en el mercado internacional acaba convirtiéndose en coste directo.

Cuánto aguanta el crudo antes de romper los 110 dólares
La historia reciente del petróleo enseña que los mercados tardan en poner precio al riesgo geopolítico hasta que el suministro se corta de verdad. En 1973 y en 1979, dos crisis en Oriente Medio multiplicaron el precio del crudo y desataron la inflación global. En 2022, la invasión rusa de Ucrania empujó el Brent por encima de los 120 dólares antes de que el mercado encontrara techo.
El Brent a 103 dólares descuenta la tensión, no la ruptura: un cierre efectivo del estrecho tendría un precio que el mercado aún no ha puesto.
No es la primera vez que Ormuz se convierte en campo de batalla del precio. En 2019, una serie de ataques contra petroleros en el Golfo de Omán y en el propio estrecho dispararon el Brent un 4% en una sola jornada, aunque la tensión se desinfló en semanas. La diferencia ahora es el contexto: un bloqueo doble, iraní y estadounidense, que complica la navegación durante más tiempo del habitual.
Hoy la situación es distinta en un punto clave: la oferta no depende solo de Ormuz. La OPEP+ mantiene capacidad ociosa, Estados Unidos conserva reservas estratégicas y el crecimiento de la demanda china se ha moderado. Eso limita el techo, pero no elimina el suelo. Un cierre efectivo del estrecho, aunque fuera temporal, dejaría fuera del mercado a una cuarta parte del crudo y el gas mundial.
El riesgo evidente es que el mercado está valorando la tensión, no la ruptura. Los 103 dólares del Brent descuentan ataques puntuales y fletes más caros, pero no un bloqueo total. Si ese escenario se materializa, los analistas apuntan a que el barril podría superar los 110 dólares con facilidad y arrastrar al alza la gasolina, el diésel y la factura energética en Europa.
Hay, además una contradicción que el precio no refleja del todo. La misma tensión que dispara el crudo acelera la electrificación y refuerza el argumento de quienes piden reducir la dependencia del petróleo importado. Cada episodio en Ormuz es, a la vez, un mal negocio para el consumidor y un empujón para la transición energética.
La prima de guerra no se negocia: se paga. El mercado solo empezará a descontarla cuando Ormuz deje de ser noticia. Con la respuesta iraní a Washington aún pendiente y las elecciones de mitad de mandato en el horizonte, el barril seguirá colgado del mismo hilo. Si el estrecho aguanta sin un cierre total, los 103 dólares pueden ser un pico. Si no, serán una escala.




