Hardtech, venture y China: el verdadero riesgo para EE.UU. no son los fondos, son las reglas

Zerone cifró en un 90% el capital comprometido en el private equity chino procedente de inversores estatales, frente al 3% de las operaciones de VC en Estados Unidos. La lección para el founder de hardtech: la disciplina de la pérdida sigue siendo la única ventaja defendible.

El venture de hardtech y la maquinaria estatal china ya compiten en el mismo terreno, y la amenaza no son los fondos: son las reglas. Un capital que no responde ante la pérdida cambia la partida para todo founder de deep tech.

En Estados Unidos, los fondos de deep tech han dejado de ser la hermana pobre del capital riesgo: ya superan al VC convencional en retorno y atraen dinero de inversores que asumen el coste de equivocarse. El diagnóstico lo firma Haven Allen, consejero delegado y cofundador de mHUB y socio director de mHUB Ventures, en un análisis publicado por Fast Company. Su tesis es incómoda: el problema no está en casa, está en el competidor que acaba de entrar en sus mismas categorías —cuántica, IA física, humanoides— sin atenerse a las reglas que hacen funcionar al venture.

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El dato va primero. El año pasado, el proveedor chino de datos Zerone situó en un 90% del capital comprometido en el private equity del país el procedente de inversores afiliados al Estado, frente a cerca del 79% en 2021. Pekín no lo esconde: Xi Jinping ha repetido la consigna de invertir pronto, en cantidades pequeñas, a largo plazo y en tecnología dura, una directriz ya integrada en su estrategia nacional de inversión.

El 90% chino no es ‘dinero público en venture’: es otra cosa

La comparación importa más que la cifra. Según los datos de la OCDE, los inversores vinculados al Gobierno participan en no más del 3% de las operaciones de VC en Estados Unidos y en un 11% en Europa. Programas como SBIC o In-Q-Tel llevan décadas operando como facilitadores de mercado: coinvierten junto al capital privado en lugar de sustituirlo. In-Q-Tel acumula 25 años demostrando que un inversor con dinero público puede actuar sin convertirse en el mercado entero.

El 90% chino no es una versión más grande de lo mismo. Es otra cosa. Cambia quién decide, quién extiende el runway y quién fija el precio de la siguiente ronda.

No es capital público en venture: es un mercado donde quien pone el dinero también puede ser cliente, comprador y el que repita la ronda.

Es incómodo, pero es el mecanismo que sostiene el sistema. Sin esa criba, el capital deja de distinguir entre un prototipo funcional y un PowerPoint bien maquetado. Y cuando eso ocurre, el mercado deja de funcionar como mercado.

Dos tercios de las inversiones tempranas pierden dinero: ese fracaso es el mecanismo, no el accidente.

Por qué el venture funciona: destrucción creativa y el aviso de Japón

Aproximadamente dos tercios de las inversiones de capital riesgo en fase temprana pierden dinero. La industria sobrevive a ese porcentaje porque los ganadores cubren el agujero y porque perder sale caro: el capital solo va a ideas que superan un listón real. Los fondos profesionales, con todo el dinero que circula por el sistema, invierten en torno al 0,2% de las nuevas empresas estadounidenses. Esa selectividad es el mecanismo completo.

Joseph Schumpeter llamó a esto destrucción creativa: no es un efecto secundario que haya que minimizar, sino el proceso que descubre qué es real. ¿Qué ocurre cuando un fondo no tiene que rendir cuentas ante esa disciplina, cuando la misma institución que aporta el capital puede alargar el runway de forma indefinida, convertirse en cliente vía compra pública o repreciar la siguiente ronda?

El experimento ya se hizo una vez. En Japón, durante los años noventa y dos mil, los bancos mantuvieron vivas a empresas insolventes en lugar de reconocer las pérdidas. En 2002, cerca del 30% de las compañías estaba en soporte vital y concentraba el 15% de todos los activos. Esa congestión frenó la entrada de empresas más productivas y derivó en décadas de estancamiento.

📦 Caso de estudio: la ruta estatal china en robótica y cuántica

  • El reto: Competir en tecnologías frontera —cuántica, IA física, humanoides— con un capital que no responde ante las pérdidas.
  • La jugada: Movilizar al Estado como inversor, cliente y comprador a la vez, con compra pública preferente y rondas repreciadas desde dentro.
  • El resultado: La robótica china levantó entre enero y mediados de mayo de 2026 más capital que en todo 2025: 5.600 millones de dólares frente a 4.300 millones.
  • La lección: Cuando el capital no puede perder, deja de filtrar. El founder de hardtech no compite contra ese dinero, compite contra el criterio que ese dinero no aplica.

La cuántica china financiada en el primer trimestre de 2026 superó el total de todo 2025. El mercado vive una fase que un socio de Ivy Capital describió a Reuters como un frenesí nunca visto en su carrera. La misma información recogía a una compañía fundada tres meses antes pidiendo una valoración más de 30 veces superior a su nivel de entonces, no por producto demostrado, sino por respaldo gubernamental. La mayoría de fondos chinos invierte sin rendir cuentas ante la pérdida.

Lo que este pulso significa para un founder de hardtech en España

El primer precedente ya está escrito. Estados Unidos prohibió hace poco la importación de robots humanoides y cuadrúpedos fabricados fuera del país, alegando exploits de ciberseguridad documentados y riesgo para la cadena de suministro. La Unión Europea ha señalado su intención de extender a los vehículos autónomos la misma lógica de seguridad y datos que aplicó a los coches eléctricos chinos. Traducción: la cuota ganada con capital que nunca respondió ante la pérdida no se comporta como la que sobrevivió a dos tercios de fracasos.

La respuesta sensata no es igualar la subvención. A un Estado no se le gana una guerra de subsidios, y responder solo con aranceles genera la misma distorsión. Para un founder español o latinoamericano de hardtech, la lectura es práctica: la ventaja no está en levantar capital más rápido, sino en llegar con tecnología validada por clientes reales.

Aquí las palancas públicas —CDTI, ENISA— y los programas de aceleración —Lanzadera, Wayra, Techstars— sirven para arrancar, no para sustituir a un cliente que paga. Y hay un detalle de método que conviene no olvidar: en hardtech, el ciclo de validación se mide en trimestres, no en sprints. Un MVP al uso no basta cuando tu producto pesa 40 kilos y necesita una planta piloto para fabricarse.

El sistema que premia la tecnología con capital solo gana si sigue siendo más rápido que el sistema que no necesita acertar. Ahí el reloj corre para todos.

🚀 Hoja de Ruta para Emprender

  • Valida con cliente que paga: antes de escalar, consigue una carta de intención o un pedido real; en hardtech el aval del mercado vale más que cualquier sello institucional.
  • Cuida la estructura de tu ronda: evita depender de un único inversor que además sea cliente o proveedor; esa concentración infla la valoración y esconde el riesgo.
  • Reserva capital para la fábrica: presupuesta la iteración física —planta piloto, utillaje, certificaciones— dentro del plan de caja de la ronda semilla, no después.
  • Define tu listón de pérdida: decide por adelantado qué evidencia te haría parar el proyecto; sin criterio de abandono, ningún dato te dirá si vas bien.

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