7 cambios drásticos que Bruselas exige a ChatGPT y que OpenAI debe aplicar ya mismo (y te van a perjudicar)

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Todas tus respuestas llevarán una marca de agua visible: ‘Contenido generado por inteligencia artificial’

Primer plano de un robot humanoide futurista con armadura metálica y ojos LED azules.

La marca de agua es, de los siete frentes que Bruselas ha abierto contra OpenAI, el que toca a cada usuario en el día a día, porque no quedará relegada a un aviso en los ajustes ni a una nota a pie de página: viajará dentro del propio texto. La obligación arranca del artículo 50 del Reglamento europeo de IA, cuyas reglas de transparencia entraron en vigor el 2 de agosto para los modelos nuevos y fijan el 2 de diciembre como tope para adaptar los ya existentes, caso de ChatGPT. OpenAI ha firmado el código de prácticas de la Comisión y ha anunciado que ampliará las señales de procedencia a todas las modalidades, incluido el texto, siguiendo el paso que dio Anthropic con Claude. El marcado se incrusta en la elección estadística de las palabras, no se percibe a simple vista, sobrevive al copiar y pegar e incluso a ediciones ligeras, y en los contenidos de interés público la etiqueta deberá ser además visible. Quien no cumpla se arriesga a multas de hasta 15 millones de euros o el 3 % de la facturación global anual.

Lo que convierte esta medida en un cambio drástico es que rompe la invisibilidad que hasta ahora rodeaba al uso de ChatGPT: cualquier institución o empresa podrá comprobar si un texto ha pasado por la herramienta, y la marca no entiende de fronteras. Aunque la norma nace en Europa, OpenAI aplicará el marcado en todo el mundo, el llamado efecto Bruselas, porque mantener dos versiones del producto resulta más caro que unificarlas. La consecuencia alcanza a estudiantes que entregan trabajos, a profesionales que redactan informes o a creadores que usan la IA como apoyo: la huella puede aparecer incluso cuando el modelo solo haya corregido, traducido o resumido un texto escrito por una persona. La medida encierra además una paradoja que ya ha generado debate: una tecnología entrenada con contenidos humanos sin atribución ni compensación dejará ahora su propia firma en todo lo que toca. Y no es infalible: los fragmentos muy cortos, muy parafraseados o traducidos pueden perder la señal, y ya circulan herramientas para intentar borrarla.


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