Qué falla en la economía española para que la OCDE siga señalando al desempleo como nuestro gran reto

La OCDE confirma que el desempleo sigue siendo el principal reto de España, con una tasa que dobla la media del club de países ricos. Te contamos por qué la mejora del mercado laboral no basta y qué hay realmente detrás del dato.

La OCDE ha vuelto a poner el dedo en la llaga. En su último informe, el organismo con sede en París reconoce que España ha mejorado su mercado laboral de forma sostenida, pero no se anda con rodeos: el desempleo sigue siendo el principal reto de la economía española, con una tasa que más que dobla la media de las economías avanzadas.

No es una cifra menor. Mientras el paro medio en los países ricos ronda el 4,9%, en España se sitúa en el 10,3%, solo superado por Finlandia. Y eso, aunque suene a mala noticia repetida, esconde matices que sí importan para entender por qué seguimos siendo la excepción dentro del club de los países desarrollados.

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Lo que dice la OCDE sobre España

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El diagnóstico del organismo no es catastrofista, pero tampoco complaciente. Reconoce que el empleo ha crecido de forma ininterrumpida desde la pandemia y que la tasa de actividad ha tocado máximos históricos, cerca ya del promedio de los países avanzados. Sin embargo, insiste en que esa mejora convive con una realidad incómoda: la tasa de paro española sigue siendo la más alta entre las grandes economías del bloque.

El informe también señala algo que muchos hogares ya notan en el día a día: los salarios reales siguen dos puntos por debajo de los niveles de 2021. Es decir, se trabaja más, hay más gente empleada, pero el poder de compra no termina de recuperarse. Ese desajuste entre cantidad de empleo y calidad de vida es, precisamente, uno de los nudos que la OCDE lleva años intentando desatar en sus recomendaciones a España.

El cuello de botella que nadie quiere nombrar

En OCDE y en la mayoría de análisis serios sobre nuestra economía aparece siempre el mismo culpable estructural: la productividad. España lleva más de una década con la productividad laboral prácticamente estancada, y eso condiciona todo lo demás: si una empresa no produce más valor por hora trabajada, no puede permitirse subir sueldos de forma sostenida sin comprometer su margen.

El propio organismo lo resume sin rodeos: mientras la productividad no mejore, las subidas salariales seguirán siendo limitadas. Y no hablamos de un problema coyuntural, sino de un patrón que se repite desde la crisis financiera de 2008, agravado por una escasa inversión en digitalización y por un tejido empresarial donde predominan las pymes con menos margen para innovar.

Un mapa del paro muy desigual

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Otro de los puntos que más preocupa a la OCDE es la enorme desigualdad territorial del desempleo español. No es lo mismo buscar trabajo en Melilla que en Gipuzkoa, y la diferencia no es cosmética: en 2024, la tasa de paro en la región con peores resultados alcanzó el 28,3%, varias veces superior al 6,4% de la provincia con mejores cifras.

Esa brecha convierte al código postal en un factor casi tan determinante como la formación a la hora de encontrar empleo. La OCDE lo plantea como una llamada de atención: las políticas activas de empleo no pueden ser uniformes si el punto de partida entre comunidades es tan dispar. Un plan nacional que funcione en Euskadi puede quedarse corto en Extremadura o Andalucía, y viceversa.

Lo que sí ha funcionado (y lo que aún cojea)

No todo en el informe es un aviso. La OCDE valora de forma claramente positiva la reforma laboral de 2022, que ha reducido la temporalidad de forma notable: del 24,8% de contratos temporales en el primer trimestre de 2022 al 14,8% en el mismo periodo de 2026. Es una caída significativa, aunque la cifra siga por encima de la media del club.

También destaca que los temidos contratos fijos-discontinuos, pese a haberse duplicado tras la reforma, se mantienen en una proporción modesta del total del empleo. Aun así, quedan frentes abiertos que explican por qué el reto persiste:

  • Dualidad del mercado laboral: sigue siendo mayor que en otras economías avanzadas, con consecuencias fiscales y de protección social.
  • Reactividad empresarial ante crisis: las empresas españolas han pasado de estar cerca de la media europea a ser de las más rápidas en reducir plantilla ante un deterioro.
  • Brecha salarial comprimida: el salario mínimo ha subido un 60% desde 2018, pero el salario medio apenas se mueve, acercando a más trabajadores al suelo salarial.
  • Baja inversión en I+D: compañías tecnológicas del IBEX han advertido repetidamente que la escasa digitalización de las pymes frena la competitividad nacional.

Qué cabe esperar de aquí en adelante

La buena noticia, si se puede llamar así, es que la OCDE no habla de un callejón sin salida. El organismo apunta a la formación y la digitalización como las palancas con más recorrido para romper el círculo vicioso entre baja productividad y salarios estancados. No es una receta nueva, pero sí una que empieza a tener más urgencia política.

El reto real está en que España consiga trasladar el aumento del empleo a una mejora tangible en la calidad de vida, algo que hoy no está ocurriendo del todo. Si las reformas en marcha logran empujar la productividad aunque sea de forma gradual, el desempleo dejará de ser esa etiqueta que la OCDE repite informe tras informe. La partida, como reconoce el propio organismo, se juega en los próximos dos o tres años.


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