La rentabilidad de las Letras del Tesoro a un año ha escalado al 2,83% y roza el 3%. El repunte, el más alto en dos años, devuelve el atractivo al ahorro público frente a los depósitos bancarios.
La subasta celebrada esta semana confirma un cambio de tendencia que se venía gestando desde el verano. La inflación ha vuelto a presionar al alza y el inversor conservador vuelve a mirar con interés los títulos del Estado.
Según los datos recogidos por Expansión y otros medios especializados, la rentabilidad media se sitúa en el 2,846% para el plazo de doce meses. La cifra supera el 2,83% que se paga en el mercado secundario y marca un máximo desde 2024.
El diferencial con los depósitos a plazo vuelve a ser favorable. Mientras la gran banca apenas roza el 1% en sus imposiciones a un año, las Letras ofrecen casi el triple de rentabilidad. La ventaja de los depósitos, ligada a la liquidez inmediata, se diluye frente a un tipo que se acerca al 3%.
El repunte de la inflación en el último trimestre erosiona la ganancia real. Aunque el tipo nominal se acerca al 3%, la rentabilidad real queda por debajo del 1% en el mejor de los casos. La deuda pública protege el capital, pero no siempre el poder de compra.
El ahorro conservador ha recuperado un colchón de rentabilidad que parecía perdido. El reto es que la inflación no se lo coma por el camino.
Por qué sube la rentabilidad de las Letras del Tesoro
La subida responde a la expectativa de tipos altos durante más tiempo. El Banco Central Europeo ha moderado el calendario de recortes y el mercado descuenta que el precio del dinero se mantendrá por encima del 2,5% durante 2027. En ese escenario, la deuda a corto plazo recupera su papel de refugio rentable.
El Tesoro Público encuentra demanda suficiente para colocar su papel. Las peticiones superan en varias veces la oferta, señal de que el ahorro familiar sigue buscando alternativas a los depósitos. La banca, mientras tanto, no traslada el alza de tipos a sus imposiciones.
Se trata de una anomalía que se repite desde 2023. Las entidades financieras acumulan liquidez y no necesitan competir por el pasivo minorista. El ahorrador, sin embargo, sí ha aprendido a moverse de producto. La banca online y las plataformas de inversión han captado buena parte de ese flujo.
En 2023, las Letras llegaron a pagar más del 3,5% en algunos plazos, el nivel más alto de la última década. Aquel episodio se produjo tras la crisis inflacionista de 2022 y la respuesta agresiva del BCE. Ahora, con los tipos oficiales en descenso, el mercado vuelve a buscar un equilibrio.
Qué significa para el ahorrador conservador
La rentabilidad del 2,83% puede parecer modesta comparada con la bolsa, pero cumple una función concreta: cubrir parcialmente la inflación sin asumir riesgo de crédito. El Tesoro es el emisor más seguro del euro y la liquidez está garantizada en cada subasta.
El atractivo de las Letras crece en paralelo a la incertidumbre. La inflación no termina de encauzarse y la renta variable europea cotiza con más volatilidad. En ese contexto, la deuda a un año se convierte en una opción razonable para aparcar excedentes de tesorería.
Mi lectura es que las Letras no resolverán el problema de la pérdida de poder adquisitivo, pero frenan la sangría. La rentabilidad real sigue siendo exigua. Eso sí, en un entorno en que los depósitos pagan menos y los costes de administración suben, el margen a favor del inversor se ha estrechado.
La gran duda para los próximos meses es si el repunte de la inflación es transitorio o estructural. Si se consolida, las rentabilidades de las Letras podrían superar el 3% en el último trimestre. Si se modera, el pico actual quedará como un espejismo breve.




