IBIT supera al S&P 500 en rentabilidad acumulada desde su debut. El ETF de Bitcoin de BlackRock acumula un 71% desde enero de 2024, frente al 66% del fondo Vanguard S&P 500, según datos de Bloomberg que destacó Eric Balchunas.
Qué dicen los datos de BlackRock y Vanguard
IBIT empezó a cotizar en enero de 2024, después de que la SEC estadounidense aprobara once fondos cotizados de bitcoin al contado tras una década de rechazos. Un ETF al contado compra directamente la criptomoneda, de modo que sus participaciones siguen el precio del activo sin que el inversor tenga que custodiar monedas.
El dato que llamó la atención de Balchunas incluye la rentabilidad total, en inglés total return, que suma la revalorización del precio y los dividendos. En el fondo de Vanguard, los dividendos ayudan a engordar el resultado; IBIT no reparte ingresos, así que todo depende de la evolución del bitcoin.
El propio Balchunas puso la diferencia en términos gráficos. Según publicó en su cuenta de X, ‘el camino de IBIT hacia el 70% se parece a la montaña rusa El Toro de Great Adventure (necesité dos Advil la última vez que la monté), mientras que el VOO fue un paseo por el parque en comparación’. La frase resume el coste de la rentabilidad del bitcoin: ganar más, pero con sacudidas mucho más fuertes.
IBIT forma parte de la gama de fondos cotizados iShares de BlackRock y gestiona 61.400 millones de dólares en activos, según datos de la propia gestora. A gran distancia aparece el segundo mayor ETF de bitcoin, el Fidelity Wise Origin Bitcoin Fund, con casi 11.000 millones de dólares.
En agosto, los inversores volvieron a entrar con fuerza en los ETFs de bitcoin: entre el 17 y el 27 del mes aportaron más de 2.800 millones de dólares, la mayor cifra desde octubre, cuando el bitcoin marcó su último máximo histórico. El precio de la criptomoneda tocó los 81.281 dólares la semana pasada y después se desinfló: ahora ronda los 77.539 dólares, con una caída de casi el 1% en 24 horas.
IBIT bate al S&P 500 en rentabilidad, pero su camino se parece más a una montaña rusa que a un paseo por el parque.
Conviene leer la comparación con honestidad: el fondo de Vanguard ha ofrecido un camino mucho más predecible, mientras que el de BlackRock exige asumir caídas intermedias que pueden superar el 50% sin aviso. El inversor que solo mire la rentabilidad final pierde de vista el motivo por el que muchos fondos tradicionales no incluyen bitcoin en sus carteras: la volatilidad es el precio a pagar por ese excedente de retorno.
Por qué importa esta comparación para el inversor
Más allá del duelo, lo que refleja el dato es la maduración del acceso institucional al bitcoin. BlackRock gestiona más de 15 billones de dólares en activos y fue la gestora que en 2023 rompió el hielo al solicitar un ETF al contado. Su fondo es hoy la puerta de entrada más utilizada por los inversores tradicionales estadounidenses.
Para el inversor español conviene una precisión: IBIT cotiza en el Nasdaq y no está registrado para su comercialización minorista en la Unión Europea, aunque existen alternativas europeas con exposición directa al bitcoin. Lo importante no es replicar exactamente el producto, sino entender que la comparación con el S&P 500 se está convirtiendo en una referencia habitual para medir al bitcoin como activo de cartera.
La rentabilidad no lo es todo
Hay al menos tres matices que conviene no perder de vista. Primero, la comparación arranca en 2024, justo cuando el bitcoin retomó un ciclo alcista; un punto de partida tan favorable magnifica el resultado. Segundo, el S&P 500 viene de uno de sus tramos más sólidos en décadas, por lo que, el margen del 71% frente al 66% no es tan cómodo como parece. Y tercero, la volatilidad de IBIT triplica a la del índice: sufrir caídas intermedias del 30% o del 50% forma parte del guion.
El precedente más parecido fue la entrada de los inversores institucionales al oro a principios de los 2000, cuando el metal pasó de ser una cobertura marginal a una clase de activo respetada. Bitcoin recorre un camino similar, pero con plazos comprimidos: lo que al oro le costó una década, aquí se está dirimiendo en apenas dos años. La incógnita no es si IBIT puede volver a superar al S&P 500, sino cómo reaccionarán los flujos en la próxima corrección larga de la criptomoneda.




