Von der Leyen lanza la Unión Ahorro e Inversión: ¿moverá el ahorro europeo del banco a la bolsa?

La presidenta de la Comisión Europea dice que el ahorro es 'perezoso' y debe servir a las empresas. Juan Ramón Rallo desmenuza la Unión Ahorro e Inversión y sus implicaciones para los hogares.

Hay una narrativa que se repite en Bruselas: el ahorro de los europeos es un recurso que no está prestando servicio a la economía continental. Ursula von der Leyen lo acaba de verbalizar en una conferencia reciente, al calificar ese ahorro de ‘perezoso’. En su último análisis, Juan Ramón Rallo desmenuza qué hay detrás de esa declaración y hacia dónde apunta la llamada Unión Ahorro e Inversión.

Depósitos ‘perezosos’ y una acusación que molesta

Rallo acepta parcialmente el diagnóstico: que casi diez billones de euros estén aparcados en depósitos bancarios no es un signo de vitalidad económica. Pero discrepa en la conclusión que extrae la presidenta de la Comisión. Según el economista, no se trata de que los ahorradores sean perezosos; el problema es que el entorno europeo no ofrece alternativas de inversión suficientemente atractivas, seguras y baratas como para movilizar ese dinero.

Publicidad

La prueba, argumenta, es sencilla. Si existieran destinos rentables dentro de Europa con niveles de riesgo aceptables, la gente acabaría imitando a quienes ya invierten y obtienen rendimientos. El hecho de que el dinero siga estancado en depósitos revela, en su opinión, un entorno regulatorio decadente más que una pereza colectiva.

La comparación con Estados Unidos explica el desencanto

Rallo introduce un dato que rompe el relato de Bruselas. Los estadounidenses mantienen incluso más efectivo y depósitos que los europeos. Pero aquí está la diferencia: mientras los europeos poseen alrededor de 35 billones de euros en activos financieros, en Estados Unidos esa cifra supera los 140 billones de dólares. No es que los americanos ahorren más: es que sus inversiones históricamente se han multiplicado mucho más.

Por eso, según el canal, lo escandaloso no es la cantidad absoluta en depósitos, sino la escasa capitalización del ahorro europeo. Si el Viejo Continente llevara décadas ofreciendo rentabilidades competitivas, el ahorro habría migrado solo hacia acciones, bonos o fondos. Esa inercia inversionista es la que Estados Unidos ha construido y Europa no.

El problema no es que los ahorradores europeos sean perezosos; es que están desengañados con un marco regulatorio y fiscal que no les ofrece inversiones atractivas.

— Juan Ramón Rallo

El plan de Bruselas: financiar inversiones estratégicas con ahorro ajeno

Rallo sostiene que el objetivo real no es enriquecer al ahorrador, sino colocar ese capital al servicio del entramado empresarial que Bruselas considera estratégico. La transición verde, el rearme o determinados sectores considerados prioritarios necesitan financiación. La Comisión Europea carece de recursos propios suficientes y de capacidad recaudatoria plena. Así que la vía más cómoda es orientar el ahorro privado hacia esos destinos, mediante palancas regulatorias y fiscales.

En el vídeo se describen dos mecanismos concretos. Primero, la creación de cuentas de ahorro europeas fiscalmente bonificadas, pero con ventajas acentuadas si se invierte en activos europeos. Segundo, modificaciones en las normas prudenciales de bancos y aseguradoras para que les resulte más rentable en términos de capital invertir en determinados activos apadrinados por la Comisión. Rallo lo compara con los coeficientes de inversión obligatoria de la España franquista, que forzaban a la banca a comprar deuda pública o privada. La idea es parecida: empujar al ahorro hacia destinos poco atractivos por sí mismos.

La diversificación de riesgos, la asignatura pendiente

Si el objetivo fuera el bienestar del ahorrador argumenta Rallo, no tendría sentido presionar para que todo el ahorro se invierta en Europa. Quien ya vive, trabaja y va a cobrar una pensión en Europa concentra todos sus riesgos en un mismo espacio económico. Desde una perspectiva de diversificación de riesgos, tener una parte del ahorro fuera sería lo prudente. Pero el discurso de Von der Leyen, según Rallo, casi tacha de traidores a quienes invierten fuera de la Unión.

El vídeo menciona incluso casos concretos de esa salida: fondos indexados al S&P 500 que, expresados en euros, han acumulado rentabilidades superiores al 60% en los últimos tres años. Rallo también recuerda que existen plataformas que permiten automatizar aportaciones a este tipo de vehículos. No es una recomendación, pero ilustra que el ahorrador europeo tiene alternativas fuera de la Unión y que, si no invierte en Europa, no es por falta de ganas, sino por falta de oportunidades rentables.

El contexto público de una batalla más amplia

Aunque Rallo presenta su análisis como una advertencia personal, el marco es conocido. La Unión Ahorro e Inversión ha sido presentada por la Comisión como un proyecto para canalizar el ahorro europeo hacia mercados de capitales domésticos, con el objetivo declarado de reducir la dependencia de la banca y financiar la competitividad. El debate se solapa con las discusiones sobre unión del mercado de capitales y con los problemas estructurales de productividad europea. Más allá de los matices, lo que está en juego es quién decide el destino del ahorro: el titular o el regulador.

Qué está en juego para cada hogar europeo

La tesis central de Rallo tiene implicaciones prácticas: si Bruselas consigue influir en el circuito del ahorro mediante incentivos y regulación, millones de decisiones financieras cotidianas dejen de ser libres en la práctica. No haría falta una expropiación formal. Bastaría con neutralizar las opciones o encarecer las alternativas para que el ahorro fluya hacia los destinos deseados. Para un lector español, esto afecta directamente a su hipoteca, a su plan de pensiones, a los fondos que ofrece su banco y a la rentabilidad futura de su cartera.

Aunque la Comisión no ha propuesto confiscar depósitos, el cambio de filosofía es relevante. El ahorro deja de ser una protección personal y pasa a concebirse como un recurso productivo estratégico. Que el lenguaje vaya por delante de las leyes es precisamente lo que preocupa: una vez aceptado el marco mental de que el ahorro privado debe estar al servicio del tejido empresarial comunitario, las restricciones posteriores encuentran terreno abonado.

El debate está servido. ¿Merece la pena aceptar incentivos fiscales a cambio de limitar la libertad de inversión? ¿O los europeos deberían exigir primero un entorno donde invertir en Europa compense por sí solo? La cuestión de fondo, para Rallo, no es económica: es política. Y las palabras de Von der Leyen, con su idea de ahorro ‘perezoso’, marcan el punto de partida de una disputa que durará años.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.

Youtube video

Publicidad