La solar en China supera al carbón en capacidad instalada: 1.286 GW frente a 1.285 GW.
El dato, publicado por el medio financiero Cailian y recogido por la prensa especializada, confirma que la fotovoltaica se ha convertido en la mayor fuente eléctrica del país por potencia instalada. Al cierre de julio, 704 GW correspondían a instalaciones centralizadas y 582 GW a generación distribuida, la modalidad que conecta proyectos de menor escala cerca de los puntos de consumo.
La generación distribuida ha sido durante los últimos años el motor silencioso del despliegue fotovoltaico chino. Frente a las grandes plantas del desierto, los tejados industriales y las instalaciones próximas a los núcleos urbanos permiten acortar los plazos de conexión y reducir las pérdidas de transporte. La cifra de 582 GW confirma que ya no es un complemento marginal, sino la mitad del parque solar del país.
La fotovoltaica ya es la mayor potencia instalada en China
El cruce de curvas entre solar y carbón no es un accidente estadístico. La diferencia de un solo gigavatio entre ambas tecnologías deja el hito al borde del empate técnico, pero el sentido del movimiento es inequívoco: la capacidad solar avanza mientras el parque de carbón apenas se mueve.
Las cifras oficiales muestran que, entre enero y julio, China añadió 85,65 GW de capacidad fotovoltaica nueva. La cifra supone un 62% menos que en el mismo periodo del año anterior. La base comparativa explica gran parte del descenso: la oleada de conexiones registrada entre enero y mayo de 2025 fue tan extraordinaria que distorsiona cualquier comparación interanual posterior.
El sistema eléctrico chino sigue anclado al carbón en términos de generación efectiva. La potencia instalada mide la capacidad teórica, no la electricidad realmente producida. La solar depende de las horas de sol y su factor de carga es estructuralmente inferior al de una central térmica que puede operar de forma continua.
El hito de la potencia instalada no apaga el carbón: confirma que la fotovoltaica escala, pero la estabilidad del sistema sigue dependiendo de la generación térmica cuando no hay sol.
La generación solar siguió creciendo pese al freno en nuevas conexiones. En los siete primeros meses del año alcanzó 802.400 millones de kilovatios hora, un 15,5% más interanual, y representó el 13% del consumo eléctrico del país. Son 1,7 puntos más que la media registrada en 2025.
El avance se inscribe en una tendencia más amplia. En el primer semestre, el conjunto de las renovables generó el 41,2% de toda la electricidad china, superando por primera vez el umbral del 40%, según datos de la Administración Nacional de Energía.
La generación solar gana cuota pese al freno de nuevas plantas
Pekín prevé que las fuentes no fósiles generen la mitad de la electricidad nacional en 2030. La estrategia combina un despliegue masivo de eólica, solar y almacenamiento con el mantenimiento de la generación nuclear como respaldo firme.
El crecimiento simultáneo de todas las tecnologías renovables marca una diferencia con ciclos anteriores. China ya no depende exclusivamente de la fotovoltaica para descarbonizar su mix. La eólica, la nuclear y, sobre todo, el almacenamiento en baterías se han convertido en piezas centrales del plan energético nacional.

Pese a la foto optimista, los datos de potencia instalada esconden un problema de integración. La red eléctrica china fue diseñada para un parque térmico centralizado, no para absorber picos de generación solar dispersos en cientos de miles de instalaciones distribuidas. El resultado es un creciente volumen de vertimientos, horas en las que la producción renovable se desperdicia por falta de demanda o de capacidad de evacuación.
El verdadero desafío: integrar 1.286 GW y contener al carbón
El dato de potencia instalada confirma que la transición energética china avanza a una velocidad sin precedentes por volumen. Ningún otro país ha instalado tanta capacidad fotovoltaica en un periodo tan corto. Sin embargo, la métrica no refleja el estado real de la red: conectar 1.286 GW exige una transformación profunda del transporte, la operación y los mecanismos de flexibilidad del sistema.
Ember y Greenpeace han señalado en informes recientes que la eólica, la solar, y el almacenamiento están acercando al país a un punto de inflexión en su sistema eléctrico. También advierten de que el reto no es solo instalar más paneles, sino evitar que el carbón siga creciendo como respaldo por la falta de redes y almacenamiento suficiente.
Ahí reside la contradicción del hito. China celebra superar al carbón en potencia instalada al mismo tiempo que su parque térmico sigue garantizando la seguridad de suministro. El carbón no ha desaparecido del mix; simplemente ha cambiado de papel, de generador principal a respaldo de última instancia.
El objetivo de alcanzar el pico de emisiones de CO2 antes de 2030 y la neutralidad de carbono antes de 2060 obliga a que esa transición se acelere aún más. La pregunta que queda abierta es si la red china podrá absorber el ritmo de instalación solar sin que los vertidos y la caída de precios en las horas solares reduzcan la rentabilidad de los proyectos.
La caída de las horas de funcionamiento de las centrales de carbón tiene consecuencias directas sobre su viabilidad económica. Cada punto de generación que desplaza la solar reduce los ingresos de un parque térmico que sigue soportando costes fijos elevados. El resultado es una presión creciente sobre el modelo de negocio del carbón, incluso sin decisiones políticas de cierre.
China domina también la fabricación global de paneles solares y baterías, lo que le da una ventaja estructural en costes. El despliegue interno funciona como banco de pruebas para una industria que exporta a Europa, América Latina y el Sudeste Asiático. La velocidad del mercado chino, con sus excesos y sus correcciones, marca el ritmo de la transición energética mundial.
El hito de julio de 2026 es un punto de partida, no una meta. La potencia instalada es solo el primer indicador de una transformación que se medirá en generación real, en emisiones evitadas y en la capacidad del sistema para operar con renovables como fuente dominante.




