El crédito a las familias en España creció un 5,2% interanual en julio, hasta los 723.867 millones de euros.
La deuda hipotecaria superó los 530.000 millones, la cifra más alta de los últimos nueve años. El dato, que publica el Banco de España, confirma que el consumo y las hipotecas tiran del crédito familiar pese a las dudas sobre la evolución de los tipos de interés. No es un número menor: hablamos del mayor nivel de endeudamiento hipotecario desde 2017.
El impulso no se limita a la vivienda. El crédito al consumo también asoma en el balance de los hogares, aunque las hipotecas concentran la mayor parte del avance. Según los datos recogidos, el stock de financiación familiar supera en cerca de un 3% el nivel medio del año anterior, mientras la variación interanual se sitúa en el 5,2% que marca el titular.
El tirón de la hipoteca lleva la deuda de los hogares a 530.000 millones
De los 723.867 millones de euros que deben las familias, más de 530.000 corresponden a préstamos hipotecarios. Es el nivel más alto desde 2017, según los datos de los estadísticos del Banco de España. La recuperación de la firma hipotecaria empezó a notarse a finales de 2025 y mantiene la pendiente en 2026. Los bancos han seguido concediendo financiación con criterios que, en lo esencial, no han cambiado.
El dato de julio confirma una tendencia que se ha consolidado mes a mes. Las compraventas de vivienda absorben financiación nueva, y la renovación de hipotecas a tipo fijo mantiene el stock elevado. La banca, por su parte, mantiene el grifo abierto con criterios que no han cambiado sustancialmente. El mercado residencial español no ha perdido fuelle desde el verano de 2025.
La cifra también refleja un efecto de base que conviene leer con cuidado. En julio de 2025, el crédito familiar crecía a un ritmo más moderado. Ahora, con los tipos en fase de pausa, el mercado descuenta que el Euríbor no bajará tanto como se esperaba hace seis meses. Eso sostiene los ingresos por intereses de la banca, pero encarece la refinanciación para quien entra en el mercado.
El crédito a las familias no solo resiste: toca el nivel más alto desde 2017 y obliga a releer los riesgos, no solo las buenas noticias.
El consumo resiste y los tipos marcan el ritmo de la refinanciación

El consumo, por su parte, empuja la financiación no hipotecaria a niveles que nadie esperaba en 2024. Los préstamos al consumo crecen con vigor, un síntoma de que las familias mantienen confianza o, al menos, no han cerrado el grifo del gasto. Esa resistencia tiene lecturas contrapuestas, porque convive con un colchón de ahorro que ya no es el de 2021.
De un lado, la banca celebra la reactivación del balance: más clientes, más cuota y más ingresos por intereses. De otro, los supervisores llaman a la prudencia. La ratio de endeudamiento de los hogares españoles sigue por encima de la media de la eurozona, lo que deja menos margen de maniobra si el desempleo sube o si la economía se enfría más de lo previsto en otoño.
La duda sobre los tipos introduce ruido. El Banco Central Europeo no ha terminado de decidir la senda de 2026, y cada repunte del Euríbor se traslada de forma casi mecánica a las cuotas de quienes renuevan. Los analistas que cubren la banca española vigilan con más atención la morosidad que el volumen, conscientes de que un repunte del paro sería el factor más corrosivo para la calidad del crédito.
Lo que este endeudamiento dice de la salud financiera de los hogares y de la banca
El dato de julio no es un número aislado. Se inscribe en un ciclo en el que los hogares españoles han vuelto a confiar en el crédito después de tres años de desapalancamiento forzado por la inflación y la subida del euríbor. El nivel actual de deuda hipotecaria no supera, ni de lejos, los picos de 2008, pero sí marca una dirección clara: el crédito vuelve a crecer por encima del PIB nominal y eso, tarde o temprano, se nota en los balances.
No obstante, los riesgos no han desaparecido. El aumento del crédito se refleja en en el balance de los hogares, y la capacidad de ahorro, aunque sigue siendo positiva, se ha reducido respecto a 2024. Si el BCE prolonga la pausa de los tipos durante todo 2027, la factura de intereses se mantendrá alta y comprimirá el gasto en otros capítulos. La estabilidad financiera no se mide solo por el volumen de crédito, sino por la capacidad de pagarlo.
La pregunta de fondo no es si la banca gana con este ciclo. Gana, a corto plazo. La cuestión es si los hogares podrán absorber el endeudamiento si el mercado laboral pierde fuelle. El próximo dato de morosidad y la actualización del cuadro macroeconómico en otoño darán pistas. Y ahí, más que el 5,2%, importará la tasa de dudosos. Por ahora, el mensaje de julio es claro: el crédito familiar está vivo, y la banca española lo sabe.
El reto, como en toda reactivación del crédito, no es celebrar el máximo. Es evitar que el máximo se convierta en un problema. La historia reciente tiene ejemplos suficientes como para no olvidarlo.




