7 cambios drásticos que Bruselas exige a ChatGPT y que OpenAI debe aplicar ya mismo (y te van a perjudicar)

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Si ChatGPT no puede verificar la respuesta con una fuente confiable, te dirá ‘no lo sé’ en lugar de intentarlo

The ChatGPT interface showing examples, capabilities, and limitations on a dark blue screen

Que ChatGPT te responda «no lo sé» en lugar de inventarse una respuesta con apariencia de verdad no es un capricho de diseño, sino la consecuencia más visible de la ofensiva de Bruselas contra las alucinaciones, esas respuestas fabricadas que la Comisión lleva años señalando como uno de los grandes riesgos sistémicos de los modelos generativos. El Reglamento europeo de IA (2024/1689) obliga desde el 2 de agosto de 2025 a los proveedores de modelos de uso general como OpenAI a documentar las limitaciones de sus sistemas y, en el caso de los modelos con riesgo sistémico —los que superan los 10^25 FLOPs de cómputo de entrenamiento—, a identificar y mitigar de forma continua esos riesgos; el código de buenas prácticas publicado el 10 de julio de 2025 incluye expresamente la generación de contenido engañoso o altamente persuasivo. Y el incumplimiento tiene precio: multas de hasta 15 millones de euros o el 3% de la facturación anual global, lo que sea mayor.

Traducido a la pantalla, la exigencia implica que ChatGPT solo debería responder cuando pueda anclar su respuesta en una fuente contrastable, y abstenerse cuando no pueda. OpenAI ya ha empezado a moverse en esa dirección por su cuenta: desde septiembre de 2025, ChatGPT-5 incorpora un umbral de confianza que dispara la respuesta «no lo sé» cuando el modelo no alcanza un nivel mínimo de fiabilidad, en lugar de especular. A ello se suma que la Comisión ha designado a ChatGPT como plataforma de muy gran escala en el marco de la Ley de Servicios Digitales, al superar los 45 millones de usuarios mensuales en la UE, lo que le obliga a evaluar riesgos como la difusión de desinformación. Para el usuario medio, el cambio resulta incómodo: preguntas que antes se resolvían con un texto redondo ahora terminan en un «no lo sé» o en respuestas más cortas y genéricas, y la tarea de verificar se traslada a quien pregunta. La comodidad del oráculo que nunca duda se sacrifica en favor de un asistente que reconoce sus límites.


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