Uber y Bolt han hecho promesas, pero no parece que hayan dado los pasos necesarios para cumplirlas. Aunque las dos empresas de VTC han asegurado que este mismo año la Comunidad de Madrid verá los primeros vehículos autónomos para atender al público en sus plataformas, la realidad es que ni la propia comunidad autónoma ni la DGT han recibido una solicitud de permisos, como lo han confirmado a este medio, ni se ha avanzado en la creación de un reglamento para que puedan operar de forma habitual en el país.
Es una realidad llamativa: Ambas plataformas han anunciado que este mismo año esperan que los famosos «robotaxis» operen en la capital española, pero los tiempos empiezan a complicarse. Entre la siempre compleja burocracia española, sobre todo en el verano, y la necesidad de plantearse las exigencias de seguridad mínima, el proceso puede durar varios meses. El reloj juega en su contra, y les da poco margen de maniobra para cumplir la promesa de cara a sus accionistas.
La realidad es que desde el sector taxi ya se había avisado. Hace unos meses, desde la Federación Profesional del Taxi de Madrid (FPTM) se señalaba que el proceso de diseñar una regulación para los vehículos autónomos podía durar más de lo deseado por las empresas de autónomos. Se suman las medidas que desde los sindicatos se consideran necesarias para proteger los puestos de trabajo de los conductores, incluso así, parece evidente que se apostaba por un proceso rápido en cuanto a legislación, como el que han vivido en Estados Unidos.

Esto también puede explicar el silencio del unicornio español en este aspecto. Cabify ha asegurado que trabaja en su propia versión del vehículo autónomo, pero ni ha adelantado una fecha ni ha confirmado públicamente su colaborador tecnológico para su desarrollo. Es que el camino tiene más baches de lo que su competencia ha podido advertir, y es necesario manejar con cuidado.
La carrera por el vehículo autónomo en Europa
La gran ventaja de las plataformas es que España quiere adelantarse en la carrera del vehículo autónomo en el Viejo Continente. La experiencia de Reino Unido, Estados Unidos, Japón o China señala que la regulación es la primera tarea pendiente, y a pesar de no haber recibido la petición de permisos de las plataformas si que se han abierto las consultas públicas para el nuevo reglamento. De momento, sin embargo, no hay ninguna decisión firme en cuanto a las exigencias de seguridad o empleos sobre Uber, Cabify y Bolt una vez que apliquen la nueva tecnología.
Se suma la presión permanente del sector taxi. En el pasado, desde Élite Taxi se ha asegurado que el sueño de las plataformas es un «futuro sin taxistas» señalando las palabras del CEO de Uber, Dara Khosrowshahi, que considera que en unos años el conducir será un deporte o una actividad de ocio, como lo es actualmente la equitación. Por su lado, Julio Sanz, presidente de la FPTM ha señalado en el pasado que la nueva tecnología sin regular puede acabar en un «robo al taxi».
Al mismo tiempo, Sanz no muestra un rechazo completo ante la nueva tecnología. «El colectivo del taxi no puede permanecer ajeno al futuro, a las innovaciones, a todos los avances que lleguen de alguna manera, pues tenemos que, si se nos permite nuestra posibilidad, participar de ellos, claro que sí, pero con determinadas premisas», explica Sanz.
Esto sí que es muy importante: se puede hacer de forma ordenada, regulada y coordinada con las administraciones y los colectivos o bien, como se ha hecho en otras ocasiones, entrando por la puerta de atrás y pidiendo perdón en lugar de pedir permiso, que es algo a lo que de ninguna de las formas podemos acostumbrarnos. Realmente nos preocupa la información y la normativa», sentencia el dirigente.
Seguridad y empleo: Los grandes retos de Uber, Cabify y Bolt
Pero hay pocas dudas en cuanto a las primeras tareas que debe completar el proceso de regulación de esta tecnología cuando finalmente empiece a tomar forma. El primero es la responsabilidad jurídica en caso de accidente o infracciones, pues desde Waymo, la empresa que ha diseñado los vehículos autónomos de Uber en algunas ciudades estadounidenses, se ha señalado que es complicado pensar en un mundo de accidentes cero, aunque confían en que pueden ser más seguros que el conductor humano.

Por otro lado está el reto del empleo. No es un secreto que el sector taxi en España se ha mostrado beligerante ante la llegada de las plataformas de la «nueva movilidad»; es complicado imaginar que se tomen con calma un mundo donde estas no tengan un conductor, sobre todo si como lo predice Khosrowshahi, esta opción reducirá la necesidad tanto de conductores como de taxistas.
El lento proceso regulatorio juega en contra de las plataformas
Si algo es evidente desde la llegada de Uber, Cabify y Bolt al mapa del transporte en el país, es lo difícil que ha sido revisar las regulaciones. Desde los esfuerzos para diferenciar las licencias urbanas de las interurbanas, pasando por el caos del controvertido «decreto Ábalos», que dejó la normativa en manos de las Comunidades Autónomas y que mantiene a España sin un reglamento base para las plataformas.
Es un problema que bien puede repetirse con la nueva tecnología. Mientras en la DGT siguen esperando por la primera solicitud de un permiso, los meses siguen avanzando. Aunque se espera que haya más noticias tras el verano, el reloj le juega en contra a una Uber y a una Bolt que parecen haber adelantado sus promesas por encima del límite de velocidad.




