Stablecoins en Solana superan los 300.000 millones: la banca entra a liquidar 24/7

Un consorcio de 21 entidades, con Bank of America, Citi y Deutsche Bank, prepara su propio token. USDC y USDT ya liquidan sobre Solana a diario frente a los depósitos bancarios tradicionales.

Las stablecoins han dejado de ser el aparcamiento de liquidez entre dos operaciones. Su oferta global ha pasado de 27.000 millones de dólares a finales de 2020 a más de 300.000 millones hoy, y una parte cada vez mayor de ese dinero no vive en los libros de órdenes de un exchange, sino en redes como Solana, donde se mueve los 365 días del año a cualquier hora.

El dato que mejor resume el giro no es la capitalización, sino los flujos. Cerca de 127.000 millones de dólares al mes cruzan fronteras hacia Estados Unidos en stablecoins, y las empresas liquidaron 226.000 millones en pagos entre compañías con estos tokens el año pasado, según la analítica de Artemis. La infraestructura se ha vuelto demasiado útil como para que la banca siga mirándola desde la barrera.

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De 27.000 a 300.000 millones: la liquidación sale del banco

Durante su primera década, las stablecoins vivieron dentro de la burbuja cripto. Eran pólvora seca para traders. Eso ya no es así. El dinero estable emitido sobre Solana y otras redes se ha convertido en el carril por el que corren pagos transfronterizos que antes tardaban varios días en resolverse entre bancos corresponsales.

El ejemplo que da Eric Barbier, consejero delegado de la firma de pagos Triple-A, es útil. Un concesionario africano que paga a un exportador japonés por un lote de vehículos asume hoy entre un 3% y un 5% en comisiones con una transferencia internacional tradicional. Por rails de stablecoin, ese mismo dinero viaja en minutos y el exportador cobra en yenes en Japón.

No es un detalle menor. El volumen de transacciones con stablecoins superó los 28 billones de dólares en el primer trimestre de 2026, según First Digital. Cuando ese dinero circula fuera del control de un banco, deja de generar depósitos y comisiones para la entidad que lo custodiaba.

Lo que se juega la banca no es la comisión de cada pago, sino la liquidez corporativa que dormita en sus cuentas a la espera de moverse.

La banca deja de mirar y monta su propio token

La reacción llegó con cuentagotas y ahora va en bloque. El 1 de septiembre de 2026, 21 instituciones financieras —entre ellas Bank of America, Citi, Goldman Sachs y Deutsche Bank— anunciaron la creación de una compañía que emitirá su propia stablecoin en el segundo semestre de este año. El plan contempla un token en dólares para el primer semestre de 2027 y una versión en euros después, con cumplimiento de la GENIUS Act estadounidense y del reglamento europeo MiCA.

El consorcio no está solo. SoFi Bank abrió su SoFiUSD a casi 15 millones de clientes dentro de su aplicación en mayo, cinco meses después de lanzarlo para empresas. JPMorgan, ausente del grupo, mantiene su token de depósito JPMD sobre otra red. Y en Hong Kong, HSBC planea un token en dólares de Hong Kong para el segundo semestre del año.

USDC Solana

¿Por qué ahora? Porque el marco legal cambió. La GENIUS Act dio a los bancos un manual de reglas donde antes solo había incertidumbre, y el dinero en movimiento hizo el resto. Para una entidad, emitir su propio token es una forma de seguir en los raíles cuando la vía se digitaliza. El negocio que se resiente no es el banco en sí, sino la economía de los pagos transfronterizos que lo ha alimentado durante décadas.

La amenaza tiene cifra. Según Infinia, hasta un billón de dólares en depósitos bancarios de mercados emergentes podría migrar a stablecoins en los próximos tres años. Si eso ocurre, la banca tradicional no pierde un producto: pierde la relación con los clientes corporativos que le confían su tesorería.

El precedente que la banca debería estudiar antes de moverse

Quien lleve tiempo en este mercado recuerda marzo de 2023. Circle, el emisor de USDC, mantenía 3.300 millones de dólares en Silicon Valley Bank. Cuando el banco quebró, el token perdió su paridad con el dólar durante un fin de semana y arrastró a medio ecosistema, Solana incluida, donde USDC es una de las principales monedas de liquidación. Fue el recordatorio de que una stablecoin no es un depósito: su estabilidad depende de la calidad de sus reservas y de la velocidad con que responda el emisor.

Ese episodio explica por qué el Banco de Pagos Internacionales prefiere hablar de depósitos tokenizados antes que de stablecoins. También por qué el pulso sobre el rendimiento —el que en Estados Unidos se libró en torno a la CLARITY — no era solo una cuestión de protección al consumidor: una stablecoin que paga intereses compite de frente con el modelo de depósito bancario a interés cero.

Para el inversor en SOL, el asunto tiene doble filo. Cada dólar estable que se liquida sobre Solana genera actividad, comisiones y demanda de espacio en bloque, lo que alimenta su ecosistema de finanzas descentralizadas. Pero también concentra el riesgo: si un emisor tropieza, la red que más liquida con ese token es la primera en notarlo. La dependencia de unos pocos actores —Tether, con un USDT que ronda los 183.000 millones, más que todas las demás stablecoins juntas— es una fragilidad estructural, no un titular pasajero.

Lo que venga en los próximos meses decidirá si la banca tradicional entra a competir o a convivir. El consorcio de 21 entidades tiene su token en dólares previsto para el primer semestre de 2027, con versión en euros después; Open USD, respaldado por Visa, BlackRock y Google, llegará a finales de año con más de 140 socios. Mientras tanto, Circle encendió la mainnet de Arc el 16 de septiembre, una red donde las comisiones se pagan en USDC y cuyos validadores incluyen a Visa, Mastercard, y DTCC. La pregunta ya no es si la liquidación se digitaliza, sino quién cobra el peaje.


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