Cómo elegir CEO en startups: el marco ‘centro perdido vs roto’ que usaron Nike y Starbucks

En 2024, los cambios de CEO en empresas estadounidenses batieron récords. Nike y Starbucks tomaron decisiones opuestas, y el verdadero acierto se jugó en un diagnóstico que pocos founders aplican: si el centro estratégico de la compañía está perdido o roto.

En 2024, dos gigantes como Nike y Starbucks apostaron por caminos opuestos al elegir a su CEO: uno recuperó a un veterano de la casa, Elliott Hill, y el otro fichó a un outsider que nunca había vendido un café. Aquel año marcó un récord histórico de cambios de primer ejecutivo en empresas estadounidenses, según Challenger, Gray & Christmas. La pregunta que muchos founders y consejos se hacían —insider o outsider— era la equivocada. La disyuntiva real, según el marco que propone Fast Company y que aquí destilamos, es otra: ¿el centro estratégico de la compañía está perdido o roto?

El centro estratégico: la brújula que no aparece en los pitch decks

Toda organización se vertebra en torno a un centro: la fuente principal de valor que todo lo demás sirve. En Starbucks era la experiencia de tienda; en Microsoft, el sistema operativo Windows; en Nike, la conexión emocional con los atletas. En una startup SaaS, el centro puede ser la métrica de retención o la obsesión por el producto. Ese centro dicta las decisiones de producto, talento y financiación.

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El CEO es el guardián de ese centro. La estrategia, en el fondo, consiste en elegirlo y mantener la coherencia alrededor de él. Cuando una empresa tropieza, rara vez es porque, de repente hace mal lo que siempre hizo; es porque el centro ha dejado de funcionar (centro roto) o porque, pese a seguir siendo válido, la organización se ha alejado de él (centro perdido). El matiz es crucial porque exige líderes distintos.

Centro roto vs centro perdido: el diagnóstico que decide la sucesión

elegir CEO

Un centro roto significa que el antiguo modelo de ventaja competitiva se ha vuelto obsoleto; no queda más remedio que trasladar la compañía a otro centro. Por ejemplo, Microsoft cuando Windows dejó de ser el eje del cómputo. Un centro perdido, en cambio, implica que la lógica de valor sigue siendo potente, pero la ejecución se ha desviado: Starbucks descuidando la experiencia de tienda por la obsesión por la eficiencia operativa.

En otoño de 2024, los consejos de Nike y Starbucks llegaron a diagnósticos opuestos. Nike se dio cuenta de que había diluido su centro histórico —el atleta y la competición— y repescó a Elliott Hill, un insider que conocía ese centro mejor que nadie. Starbucks, en cambio, fichó a Brian Niccol desde Chipotle, un outsider total, porque su centro —el «tercer lugar» entre casa y trabajo— seguía siendo relevante, pero la ejecución se había desdibujado. Ambos movimientos, superficialmente contrarios, atacaban la misma raíz: el centro se había descolocado.

Conocer el centro íntimamente no es lo mismo que estar dispuesto a reubicarlo. El insider perfecto para un centro perdido puede ser el peor candidato si el centro está roto.

No es casualidad que Niccol llegara diciendo «Back to Starbucks», devolviendo la compañía a lo que la hizo especial en lugar de reinventarla. Hill, por su parte, está imitando las prácticas de Phil Knight, restaurando las relaciones personales con los atletas. El diagnóstico de centro perdido o roto fue la verdadera palanca de ambas decisiones.

Tres perfiles de CEO para re-centrar: insider, insider-outsider y outsider puro

Dependiendo de si el centro está roto o perdido, el perfil de líder cambia radicalmente. La experiencia acumulada en décadas de sucesiones permite destilar tres arquetipos, alejados del simplista «dentro o fuera».

Insider puro: un directivo de la casa. Es la opción segura para un centro perdido, porque reconecta a la organización con lo que la hizo especial. Elliott Hill en Nike es el ejemplo canónico. Su desventaja es que, si el centro se ha roto, un insider probablemente será incapaz de verlo, porque ha dedicado su carrera a defenderlo.

Insider-outsider: creció dentro de la empresa pero alejado del núcleo del centro anterior. Es el perfil ideal para un centro roto cuando la cultura y el talento aún valen. Satya Nadella en Microsoft es el caso de manual: llevaba en la compañía desde 1992, pero venía de la división de servidores y nube, no del negocio de Windows. Pudo declarar «mobile-first, cloud-first» y mover el centro de la compañía del sistema operativo a la nube sin el sesgo de los que habían vivido por y para Windows.

📦 Caso de estudio: Satya Nadella y el re-centrado de Microsoft

  • El reto: Microsoft estaba anclada en un centro roto: el dominio de Windows como eje del cómputo personal se agotaba.
  • La jugada: Nadella, insider con raíces en la nube, declaró un nuevo centro —«empoderar a cada persona y organización»— y apostó por Azure y la productividad.
  • El resultado: La capitalización bursátil de Microsoft se multiplicó por diez en menos de una década y la nube se convirtió en el nuevo motor.
  • La lección: El ejecutivo que creció fuera del centro dominante, pero conoce la cultura, es el mejor candidato para reubicar una compañía sin dinamitarla.

Outsider puro: viene de otro sector. Funciona cuando el centro es válido pero los mecanismos para ejecutarlo están obsoletos. Sharon Price John llegó a Build-A-Bear en 2013 con la convicción de que el centro cliente era sólido, pero el canal físico se había quedado anticuado. Alan Mulally en Ford tiró de «One Ford» para volver a un centro operativo que los veteranos no habían logrado mantener.

El riesgo del outsider es re-centrar en lo equivocado: destruir un centro que sí creaba valor por no entender qué hacía especial a la empresa. Por eso los mejores outsiders empiezan por restaurar el centro perdido antes de mover nada.

Cómo los grandes números refrendan un diagnóstico (y cómo evitarlo en tu startup)

El debate sobre el origen del CEO tiene décadas, pero los datos son contundentes. Spencer Stuart analizó 950 CEOs del S&P 500 y encontró que insiders y outsiders rinden parecido en promedio, aunque los outsiders presentan una varianza mucho mayor: más éxitos rotundos, pero también más fracasos estrepitosos. McKinsey, por su parte, confirma que los CEOs externos son más propensos a acometer movimientos estratégicos audaces.

Para un founder que entrega el timón tras levantar una Serie B, este marco es más útil que cualquier receta prefabricada. No se trata de si el candidato conoce la cultura o viene de un unicornio vecino; se trata de si puede identificar dónde está el centro real de la startup y decidir si necesita restaurarlo o trasladarlo. El diagnóstico de «centro perdido vs roto» obliga a un ejercicio de honestidad estratégica que muchos fundadores evitan.

Además, el perfil insider-outsider —aquel que creció en la empresa pero fuera del núcleo fundacional— suele ser el gran olvidado, porque ningún currículum lo etiqueta. Cultivar ese talento desde dentro cuesta menos que buscar un outsider superestrella con un 50% de probabilidades de fracaso.

🚀 Hoja de Ruta para Emprender

  • Diagnostica el centro antes de fichar: reúne al consejo y pregúntate si el problema es que habéis dejado de ejecutar bien una estrategia que sigue siendo válida (centro perdido) o si el modelo de ventaja competitiva que os trajo hasta aquí ya no funciona (centro roto).
  • Busca insider-outsiders en tu propio equipo: identifica a esos directivos que conocen la cultura pero vienen de áreas no centrales —una unidad de negocio adyacente, un mercado secundario, una función menos estratégica—; son los más preparados para liderar un cambio de centro.
  • Haz que el outsider venga a restaurar, no a reinventar: si contratas a alguien de fuera, sus primeros 100 días deben dedicarse a recoser el centro perdido, no a imponer uno nuevo que no entienda.
  • Mide la varianza, no solo la media: el candidato externo puede darte un gran salto o un batacazo; exige un plan de integración que reduzca ese riesgo desde el día uno.

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