Las empresas están rediseñando sus oficinas para combatir el burnout provocado por el uso intensivo de la inteligencia artificial. Según datos de Steelcase, el 75% de los trabajadores utiliza esta herramienta a diario y el 45% de los usuarios de IA sufre el síndrome del quemado, una señal de alarma que está obligando a las compañías a replantearse los espacios de trabajo.
Claves de la operación
- La inversión en reformas se dispara hasta los 2.000 euros por metro cuadrado. Steelcase y Plug&Go sitúan el coste de las nuevas oficinas entre 800 y 2.000 €/m², impulsado por soluciones acústicas y mobiliario versátil.
- Las empresas regresan al centro de las ciudades para atraer talento joven. La demanda de ubicaciones céntricas, bien comunicadas por transporte público, está encareciendo los alquileres y obligando a unificar sedes.
- El diseño incorpora zonas libres de pantallas para la recuperación mental. Los AI-Ready Spaces de Steelcase y espacios similares buscan reducir la estimulación constante y fomentar la interacción informal.
El peso del estrés digital en el diseño de oficinas
Alejandro Pociña, presidente de Steelcase Iberia, explica que “el impacto principal de la inteligencia artificial que estamos percibiendo en todas las encuestas es un exceso de estrés creciente”. Por eso, gestionar la sobrecarga cognitiva de las plantillas exige entornos que equilibren concentración interacción y recuperación mental, añade el ejecutivo. Emma Casas, directora de Recursos Humanos de Legálitas (1.100 empleados), incide en que “la oficina tiene que integrar bien la tecnología y permitir que una persona pueda pasar con naturalidad del trabajo individual a una reunión híbrida, una conversación informal o una sesión creativa”.
La firma Steelcase ha desarrollado los denominados AI-Ready Spaces, oficinas que incorporan áreas libres de pantallas para reducir la fatiga digital. Covadonga G. Quintana, fundadora de la empresa de arquitectura Plug&Go, detalla que “ahora mismo lo más valorado por las empresas son las terrazas que favorecen la desconexión de las pantallas. También los espacios flexibles que tan pronto pueden convertirse en salas de formación como en una zona de meditación”. Como ejemplo, cita el hub europeo de la suiza Straumann en Madrid: más de 10.000 metros cuadrados al final de la calle Alcalá, con una azotea para team buildings y un 60% de espacios inmersivos que permiten presentar productos en 3D sin necesidad de tenerlos físicamente delante.
En Ricoh, la tecnología va un paso más allá. José Luis Gión, director de grandes cuentas de la compañía, explica que la inteligencia artificial gestiona cámaras y audio para que equipos presenciales y remotos interactúen como si estuvieran juntos.
La intención es que los empleados se sientan a gusto y se diferencie entre el trabajo en remoto y el presencial. La oficina ya no es un lugar de paso, sino una herramienta de bienestar y marca empleadora, destaca Quintana.
La oficina del futuro no se mide por metros cuadrados, sino por su capacidad para desconectar al empleado de la pantalla.
El regreso al centro de las ciudades y la pugna por el talento joven
El presupuesto para estas reformas se ha disparado en los últimos años. Según Plug&Go, el coste medio oscila entre 650 y 850 euros por metro cuadrado, pero Steelcase eleva la horquilla hasta los 2.000 euros en proyectos más avanzados con soluciones acústicas y mobiliario versátil. “Antes solo era Google quien gastaba en su sede social, ahora ya son todas las empresas”, apunta Quintana.
Además, las compañías están volviendo al centro de las ciudades. Los jóvenes reclaman transporte público y rechazan el coche, lo que tensiona aún más los precios de los alquileres de oficinas. Aranzadi La Ley ha unificado sus dos sedes en una ubicación más céntrica que Las Rozas. Pablo Galán, su director de Recursos Humanos, subraya que han creado espacios de conexión, cabinas de concentración y mucha luz natural para “hacer atractiva la oficina y reforzar la interacción de los equipos”.
Lo que está en juego para las grandes cotizadas del IBEX 35
Aunque los casos citados corresponden a empresas medianas, la tendencia es transversal. Santander, BBVA, Telefónica o Inditex llevan años invirtiendo millones en la renovación de sus sedes, conscientes de que el espacio físico es hoy un factor crítico de productividad y retención de talento. En un mercado laboral tecnológico cada vez más competitivo, permitirse oficinas que generen agotamiento mental es un lujo que ninguna gran compañía puede asumir.
El retorno de la inversión no es inmediato, pero los datos de rotación y absentismo vinculados al burnout empiezan a inclinar la balanza. Empresas que han implantado zonas de descanso y concentración reportan mejoras en la satisfacción de sus empleados, lo que se traduce en menores costes de reemplazo. Sin embargo, el verdadero desafío no es arquitectónico, sino cultural: de nada sirve un rincón de meditación si la cultura corporativa sigue premiando las jornadas maratonianas delante de una pantalla.
En este contexto, aquellas organizaciones que apuesten por un diseño híbrido —que proteja tanto la colaboración como la desconexión— estarán mejor posicionadas para integrar la inteligencia artificial sin quemar a sus equipos. El equilibrio, como subraya Emma Casas, exige “acompañar la transformación tecnológica con nuevas formas de organizar el tiempo, las reuniones y los espacios”. Quien no lo entienda así, corre el riesgo de quedarse atrás en la guerra por el talento.




