iPhone plegable: tras siete años de espera, Apple acelera su estrategia y presiona a Samsung

El gigante de Cupertino lanza su iPhone Ultra con una hoja de ruta de tres generaciones hasta 2028. El precio de 2.000 dólares y los cuellos de botella con la memoria amenazan su disponibilidad en la campaña navideña.

Apple se prepara para reventar el segmento más rentable de los smartphones este septiembre: tras siete años viendo cómo Samsung construía un imperio de plegables prácticamente sin oposición en Occidente, el gigante de Cupertino lanza su primer iPhone Ultra y, lo que es más relevante, acelera su hoja de ruta con dos generaciones adicionales confirmadas para 2027 y 2028.

Claves de la operación

  • El calendario de Apple mete presión a Samsung. El primer iPhone plegable llegará en septiembre, una segunda versión por el vigésimo aniversario del iPhone en 2027 y una tercera en 2028 con pantallas más grandes. Samsung, que domina el mercado, tendrá que responder con una aceleración de su propia hoja de ruta.
  • El precio se dispara a 2.000 dólares. Las filtraciones apuntan a un coste similar al de los modelos tope de gama de Samsung, pero la escasez de memoria DRAM en la cadena de suministro podría limitar las unidades disponibles en la crucial campaña navideña.
  • Samsung suministrará las pantallas, una paradoja competitiva. El principal rival de Apple será también quien fabrique las pantallas OLED plegables, una dependencia que condiciona la capacidad de Cupertino para marcar diferencias técnicas que no estén en manos de su competidor.

Un mercado plegable que Samsung ha dominado en solitario

Desde que en 2019 Samsung presentó el primer Galaxy Fold, el mercado occidental de los plegables ha crecido bajo su paraguas. En España, la marca coreana copa más del 60% de las ventas de smartphones plegables premium, según datos de Canalys, sin que ningún rival haya conseguido arrebatarle una cuota significativa. Apple ha observado desde la barrera, fiel a su estrategia de no ser la primera, sino la que mejor ejecuta cuando la tecnología está madura y los costes han bajado. Ahora, con los componentes más asequibles que en 2019 y con los avances en miniaturización heredados del iPhone Air, la compañía dirigida por Tim Cook considera que ha llegado el momento.

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El iPhone Ultra, que así se rumorea que se llamará, integrará una pantalla exterior de 5,5 pulgadas y una interior de 7,8 pulgadas que, según los filtradores más reputados, adoptará un diseño tipo pasaporte muy similar al del Galaxy Z Fold8. La gran diferencia será la vuelta del Touch ID en lugar del Face ID y un chip A20, no la versión Pro de los iPhone 18, lo que sugiere que Apple busca controlar los costes desde el principio y no canibalizar su gama más rentable.

La apuesta de Apple: refinar lo existente, minimizar riesgos y fijar el calendario

La verdadera noticia no es el lanzamiento en sí, sino la confirmación de que Apple ya ha dado luz verde a dos generaciones más del plegable. Según el analista Mark Gurman en su último boletín de Bloomberg, la segunda versión verá la luz en 2027, coincidiendo con el vigésimo aniversario del iPhone, y una tercera está prevista para 2028 con pantallas aún mayores. En esta redacción entendemos que se trata de un movimiento defensivo y ofensivo a la vez: defensivo porque blinda a Apple ante un posible fracaso del primer modelo —si no funciona, el coste de descontinuarlo es manejable—, y ofensivo porque marca un ritmo de innovación que obligará a Samsung a pisar el acelerador justo cuando la competencia china de marcas como Xiaomi, Oppo o Huawei ya le está recortando terreno en Asia.

El precio de partida de 2.000 dólares situará al iPhone Ultra en la franja más alta del mercado, pero la cuestión más delicada no es el desembolso que puedan asumir los usuarios más fieles de la marca, sino si habrá suficientes unidades para todos. Los problemas que Apple está encontrando con la memoria DRAM para sus chips A20 Pro, según ha trascendido, amenazan con ralentizar la producción justo cuando la demanda estará más caliente, en los meses previos a la Navidad.

Apple ha esperado siete años para lanzar su plegable, pero ahora acelera como si tuviera que recuperar todo ese tiempo en dos ejercicios fiscales.

Dependencia del rival y el espejismo del monopolio

Uno de los puntos más controvertidos de esta operación es que Samsung será el proveedor de las pantallas OLED plegables del iPhone Ultra. Se trata de una situación casi esquizofrénica: Apple dependerá de su principal enemigo en el segmento premium para fabricar el componente más diferencial de su nuevo producto. Históricamente, Apple ha intentado diversificar la cadena de suministro con BOE o LG Display precisamente para evitar este tipo de ataduras, pero en los plegables Samsung sigue siendo el único fabricante con la capacidad y la tecnología necesarias para producir paneles de calidad a gran escala. Esta dependencia, unida a la escasez de memorias, introduce un factor de incertidumbre que los inversores no deberían pasar por alto.

En el mercado español, donde los plegables aún son un nicho que representa menos del 3% del total de ventas de smartphones, según las consultoras del sector, la llegada de un iPhone con pantalla flexible podría actuar como catalizador para que el consumidor de a pie dé el salto. Samsung ha hecho bien los deberes, pero el factor lealtad de los usuarios de Apple, combinado con el efecto aspiracional de la marca, tiene el potencial de reordenar las cuotas en el segmento más rentable de la telefonía móvil en apenas un par de trimestres. La pregunta que queda en el aire es si Apple será capaz de fabricar suficientes iPhone Ultra para que ese terremoto se produzca ya en esta campaña navideña o si tendremos que esperar a la segunda generación para ver un impacto real en las cuentas de Samsung.


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