La batalla judicial entre Grifols y el fondo bajista Gotham City Research escala en los tribunales de Nueva York. La farmacéutica catalana ha acusado formalmente a la firma liderada por Daniel Yu de bloquear la entrega de documentos clave en la fase de discovery del juicio por difamación previsto para 2027. El último episodio se vivió en una conferencia convocada por el juez federal Gabriel W. Gorenstein el pasado 3 de agosto, después de semanas de intercambios tensos entre los abogados de ambas partes.
La raíz del conflicto está en el informe que Gotham difundió el 9 de enero de 2024, en el que afirmó que Grifols había maquillado sus cuentas y que su valor era “cercano a cero euros”. Aquel documento hundió la cotización y desencadenó investigaciones de la SEC y de la CNMV. Sin embargo, el magistrado Gorenstein consideró posteriormente que solo la aseveración de que Grifols ocultó un préstamo de 95 millones de dólares a Scranton Enterprises —vinculada a la familia fundadora— podría ser difamatoria, porque la compañía sí lo había desvelado en sus cuentas.
El escudo del reportero que Gotham intenta revivir
Para blindarse de la demanda por difamación, Gotham invocó la protección legal que la legislación de Nueva York concede a los periodistas. El fondo argumentó que su trabajo era equiparable al de un reportero de investigación, pero el juez Gorenstein rechazó de plano esa tesis en una decisión que el bajista recurrió en apelación ante otro magistrado, Lewis L. Liman. Mientras se resuelve ese recurso, ambas partes alcanzaron a mediados de junio un acuerdo para acelerar la obtención de pruebas.
El pacto, sin embargo, ha saltado por los aires. Según los escritos intercambiados a lo largo de julio —a los que ha tenido acceso esta redacción—, Grifols denuncia que Gotham aceptó revisar toda su colección de información electrónica (correos, mensajes y archivos internos entre 2022 y enero de 2025) para localizar cualquier documento relacionado con el préstamo a Scranton, pero en realidad ha limitado la búsqueda al subconjunto de documentos que ya había entregado a la SEC, cuyo alcance temporal no va más allá de enero de 2024.
La guerra por el universo de los documentos
Para la farmacéutica, la diferencia es sustancial. Aplicar determinados términos de búsqueda sobre toda la información electrónica arrojaría miles de documentos adicionales, además de incluir repositorios que nunca formaron parte de la investigación del regulador, como ciertas cuentas de correo electrónico o los 20.000 mensajes intercambiados a través del sistema de mensajería Bloomberg.
Gotham se defiende alegando que solo renunció al privilegio periodístico para los documentos enviados a la SEC sobre el préstamo a Scranton, pero no para el resto de la información reclamada. Sostiene que la ampliación del ámbito de búsqueda dependerá de que el juez Liman desestime definitivamente el escudo legal. Además, recuerda que la entrega de la documentación remitida a la CNMV está condicionada a que un abogado español certifique que no existen restricciones legales en España, donde Gotham y sus socios están siendo investigados en la Audiencia Nacional por manipulación del mercado.
El verdadero pulso ya no es sobre el informe, sino sobre qué información debe salir a la luz. Y eso es lo que Gotham intenta evitar.
Sobre los chats de Bloomberg, la firma de Daniel Yu los califica de “comunicaciones no solicitadas e impersonales” y “mensajes masivos” de analistas que ofrecen consejos comerciales genéricos, por lo que considera la petición de Grifols una “carga excesiva”.
Análisis: un caso que marca los límites del activismo bajista
El pleito entre Grifols y Gotham trasciende el interés bursátil inmediato. Lo que está en juego en los tribunales de Nueva York es la frontera entre la crítica financiera legítima —incluso agresiva— y la difamación con consecuencias devastadoras para una empresa cotizada. La decisión del juez Gorenstein de negar el escudo del reportero al fondo ya es una señal importante: equiparar a un bajista con un periodista no es automático, sobre todo cuando existe evidencia de que se movieron posiciones cortas antes de la publicación del informe.
Pero el intento de Gotham de acotar la entrega de documentos plantea una cuestión aún más profunda. Si el juez Liman confirma la negativa, el fondo se verá obligado a abrir sus comunicaciones internas, algo que la mayoría de los inversores bajistas considera una línea roja. La transparencia sobre cómo se construye un informe de short seller rara vez llega a los tribunales, y este caso puede sentar precedente.
En paralelo, la investigación penal en España añade una capa de presión regulatoria que podría acelerar los acontecimientos. Cualquier hallazgo de la Audiencia Nacional, aunque independiente del proceso civil neoyorquino, reforzaría la posición de Grifols a ojos del mercado y del juez estadounidense. La farmacéutica, por su parte, necesita demostrar que el daño reputacional y accionarial causado por el informe tiene un origen ilícito. Para ello, el discovery es su mejor arma. Si el tribunal obliga a Gotham a entregar toda la documentación, el relato de aquel 9 de enero de 2024 podría quedar expuesto en sus detalles más incómodos.
Al final, el caso Grifols–Gotham definirá hasta dónde puede llegar un fondo bajista sin cruzar la línea que separa la opinión informada de la manipulación. Y, mientras, los accionistas esperan una resolución que devuelva algo de certidumbre a la cotización. Cosas que pasan en 2026.




