El mes de julio más cálido y seco de la historia en España: la AEMET confirma el récord

La AEMET reporta una temperatura media de 25,7 °C, 2,6 °C por encima del promedio y un déficit pluviométrico histórico. La demanda eléctrica para refrigeración se dispara y el bajo nivel de los embalses pone en jaque la generación hidráulica.

El sistema eléctrico español vivió en julio de 2026 una prueba de estrés sin precedentes. Con una temperatura media de 25,7 °C en la España peninsular, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) confirmó ayer, según el avance climático publicado por la AEMET, que el mes pasado fue, junto con julio de 2022, el más cálido desde que existen registros, y además el más seco de la serie histórica. La demanda de refrigeración se disparó un 12 % interanual, los embalses tocaron mínimos y los ciclos combinados de gas tuvieron que cubrir el hueco térmico e hidráulico en plena canícula.

Un julio de récord: temperaturas y sequía extrema

Según el avance climático de la AEMET, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), la temperatura media peninsular se situó 2,6 °C por encima del promedio del periodo de referencia 1991‑2020. Este valor iguala el récord absoluto de julio de 2022 y convierte al pasado mes en el más cálido de toda la serie histórica, que arranca en 1961. No se trata solo de un dato aislado: de los diez julios más tórridos registrados, ocho corresponden al siglo XXI.

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La anomalía térmica vino acompañada de una sequía extrema. El déficit pluviométrico fue tan acusado que la AEMET califica el mes como “extremadamente seco”. Las precipitaciones apenas alcanzaron el 30 % del valor normal en amplias zonas del interior, agravando la situación de los embalses que ya arrastraban varios meses con aportaciones por debajo de la media. La reserva hidráulica nacional cerró julio en el 38,2 % de su capacidad, casi diez puntos menos que un año antes, según los datos de la Dirección General del Agua.

Impacto energético inmediato: aire acondicionado, embalses y riesgo de incendios

El calor récord se tradujo de inmediato en un aumento de la demanda eléctrica para climatización. Red Eléctrica, el operador del sistema, registró picos de consumo vespertino superiores a los 40.000 MW en varias jornadas, niveles que no se veían desde la ola de calor de agosto de 2023. Fuentes del sector estiman que la demanda residencial de refrigeración creció entre un 10 % y un 12 % respecto al mismo mes del año anterior, impulsada por noches tropicales en las que el termómetro no bajó de los 25 °C en muchas capitales.

Esa mayor exigencia coincidió con un desplome de la generación hidráulica. Los embalses del norte y del centro, que suelen cubrir parte de la demanda punta estival, operaron por debajo del 25 % de su capacidad útil. La producción hidroeléctrica en julio fue la más baja para ese mes desde 2017, con caídas del 35 % interanual en cuencas como el Duero y el Ebro. Para cubrir el hueco, los ciclos combinados de gas natural aumentaron su participación en el mix hasta el 22 %, el nivel más alto en un julio desde 2020, según los datos del operador del mercado OMIE.

El riesgo de incendios forestales, un clásico de los veranos extremos, añadió una capa adicional de tensión al sistema. Las altas temperaturas y la baja humedad relativa activaron el nivel rojo de riesgo en una veintena de provincias durante la segunda quincena. Las líneas de muy alta tensión que atraviesan zonas forestales estuvieron bajo vigilancia permanente, ya que un incendio bajo un tendido puede provocar desconexiones forzadas, como ocurrió en Cataluña en 2022. Las compañías eléctricas mantuvieron equipos de prevención reforzados hasta que las tormentas secas de final del mes dieron una tregua efímera.

Mientras tanto, la generación solar fotovoltaica, que en julio alcanzó un récord de producción mensual con más de 4.500 GWh, alivió parcialmente la presión sobre los ciclos combinados durante las horas centrales del día. Sin embargo, el desfase entre el máximo de producción solar y el pico de demanda vespertino obligó a mantener encendidas las centrales de gas hasta bien entrada la noche.

La tormenta perfecta de calor extremo, sequía e incendios elevó la factura del sistema eléctrico en más de 300 millones de euros en solo un mes, según estimaciones preliminares del sector.

ola de calor julio

El nuevo patrón climático pone a prueba la planificación energética

El episodio de julio de 2026 no es una anomalía aislada sino la confirmación de un patrón climático que ya se repite cada pocos años. La Península Ibérica es uno de los territorios europeos más expuestos al calentamiento, y los modelos del IPCC apuntan a que los veranos con temperaturas medias por encima de los 25 °C serán la norma en la mitad sur para 2040. Desde el punto de vista energético, esto implica que el sistema tendrá que soportar picos de demanda cada vez más altos, precisamente cuando la generación hidráulica —la batería natural del país— esté en sus horas más bajas.

La planificación recogida en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) ya contempla un aumento de la capacidad de almacenamiento y una mayor integración de renovables, pero los tiempos de ejecución siguen siendo un lastre. Los proyectos de bombeo hidroeléctrico y las baterías a gran escala avanzan a un ritmo inferior al necesario para compensar la pérdida de firmeza de la hidráulica convencional. Mientras tanto, cada verano extremo obliga a recurrir a los ciclos combinados de gas, lo que encarece el precio de la electricidad y eleva las emisiones de CO₂ en un sector que debería estar descarbonizándose.

La dependencia de la refrigeración, además, plantea un reto de equidad energética. Los hogares con menos recursos, muchos sin posibilidad de instalar sistemas eficientes de aire acondicionado, sufren de manera desproporcionada las olas de calor. El bono social eléctrico cubre una parte de la factura, pero no evita que las puntas de consumo disparen el término de potencia contratado. Las comunidades de vecinos y las administraciones locales están empezando a explorar soluciones de refrigeración centralizada y cubiertas vegetales, pero su implantación masiva está lejos de ser una realidad.

Por último, el sector asegurador también toma nota: las pólizas de cobertura de daños por fenómenos meteorológicos extremos están revisando sus primas al alza en zonas de alto riesgo de incendio. Las eléctricas, que operan miles de kilómetros de líneas en entornos forestales, podrían enfrentar costes de seguro más elevados si la frecuencia de episodios como el de este julio continúa escalando. La AEMET advierte de que el verano de 2026 aún no ha dicho su última palabra: agosto ha comenzado con otra ola de calor y los modelos estacionales apuntan a un trimestre más cálido de lo normal en todo el arco mediterráneo. La pregunta no es si el sistema energético español aguantará otro julio como este, sino cuántos más podrá soportar sin una transformación acelerada de su infraestructura.


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