El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, echó por tierra este domingo el plan de paz de 15 puntos para Gaza impulsado por Donald Trump. Con un rechazo contundente, Israel se desmarca de su principal aliado y mantiene la ofensiva militar en la Franja, argumentando que no hay garantías de que Hamás deje de ser una amenaza.
Los 15 puntos que Netanyahu rechaza de plano
Según detalló DW Español en su emisión, el plan representa la evolución de una hoja de ruta de 20 puntos que el propio Israel había aceptado en septiembre de 2025. La propuesta aceptada por Hamás contempla que la milicia entregue sus armas a una nueva autoridad palestina y que, en paralelo, las tropas israelíes se retiren por completo de la Franja. Sin embargo, Netanyahu considera que ese intercambio equivale a ceder seguridad sin contrapartidas reales.
La corresponsal en Tel Aviv explicó en directo que el jefe del Gobierno fue “taxativo” durante la reunión semanal de gabinete: no se moverá un solo soldado mientras Hamás conserve capacidad militar. Para él, los 15 puntos no ofrecen ninguna garantía de que el grupo —considerado terrorista por varios países— no vuelva a atacar a Israel.
Argumentos de Netanyahu: sin desarme no hay retirada
“El ejército israelí no se retirará de ninguna parte de la franja hasta que Hamás esté completamente desarmado”, subrayó el primer ministro, según el reportaje de la cadena. Añadió que su Gobierno sabrá mantenerse firme incluso ante sus mejores aliados —incluido Washington— cuando esté en juego la seguridad del país. Turquía y Egipto, dos de los mediadores junto a Estados Unidos y Qatar, insistieron en aplicar el plan de Trump, pero la posición israelí se mantuvo inamovible.
A la par, la presión politica interna —Netanyahu necesita el respaldo de sus ministros de extrema derecha, que exigen no retirar ni un milímetro de tropas— pesó más que las llamadas al pragmatismo. La periodista lo resumió con claridad: “En estos momentos puede permitirse molestar a Trump”. De hecho, un oficial de la Casa Blanca filtró al Canal 2 israelí que entienden que la postura de Netanyahu está dictada por la campaña electoral y que, mientras Israel evite matar a líderes de Hamás en Gaza —algo que ha ocurrido los últimos cinco días—, no habrá consecuencias graves.
Israel rechaza los 15 puntos del plan de Trump porque no da ninguna garantía de que Hamás no vaya a volver a atacar a Israel.
— Corresponsal de DW Español en Tel Aviv
Irán aprieta en el estrecho de Ormuz y complica el tablero
Mientras tanto, Irán mantiene el bloqueo del estrecho de Ormuz y advierte de que no lo levantará hasta que Estados Unidos acepte todas sus exigencias. La lista incluye el fin del bloqueo naval y de los ataques contra la República Islámica y sus aliados, el levantamiento de sanciones, la liberación de activos iraníes bloqueados y el pago de reparaciones de guerra. El ministro de Exteriores firmó que las negociaciones bilaterales siguen paralizadas y que no se reanudarán hasta que Washington cumpla esas condiciones.
En el mismo noticiero, el investigador Mariano Aguirre, del centro de Barcelona para cuestiones internacionales (CIDOB), dibujó un escenario complejo para Trump. “Básicamente Irán le está diciendo a Estados Unidos, a través de intermediarios, que no basta con un posible acuerdo con Omán”, explicó. “Quiere que liberen fondos, que replieguen tropas y que financien la reconstrucción. Si el presidente acepta, parecerá que ha perdido la guerra; si no, el estrecho seguirá cerrado y el precio de la energía subirá justo antes de las elecciones de medio término”.
Implicaciones: la paz se aleja mientras la tensión regional escala
La negativa israelí bloquea la vía diplomática para Gaza y, sumada a la crisis de Ormuz, proyecta una sensación de atasco total en Oriente Medio. Yo, desde esta redacción, observo con preocupación cómo cada actor antepone la lógica electoral o la supervivencia política a una salida negociada. El coste humanitario en la Franja sigue creciendo, y los mercados energéticos globales contienen el aliento.
La alianza con Washington, que durante décadas pareció inquebrantable, ahora se tensa por cálculos domésticos. Y mientras la guerra en Yemen se recrudece y los tambores de una nueva movilización rusa llegan desde Ucrania, el mundo recuerda que la estabilidad del tablero internacional pende de decisiones que, en el corto plazo, no parecen apuntar al desarme ni a la desescalada. ¿Podrá la Casa Blanca recuperar el pulso de la mediación o veremos a Israel e Irán seguir dictando sus propias reglas sin freno?
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