He seguido de cerca las subastas de la temporada londinense y la sesión del jueves en Christie’s dejó una fotografía mixta. La venta de 56 obras procedentes de la colección de Anita y Poju Zabludowicz —una de las más vigiladas por los family offices— alcanzó un total de 34 millones de dólares, una cifra que se sitúa dentro de lo previsto pero que revela una liquidez mucho más selectiva que en los ciclos anteriores.
El lote estrella fue Mirror Head (1977), de Philip Guston, que se adjudicó por 5,2 millones de dólares y acaparó un tercio del valor de la noche. La obra partía de una estimación baja de 4,6 millones, y su venta confirmó el apetito intacto por las piezas de primerísima fila incluso en un mercado que corrige posiciones. Ningún otro trabajo de los Zabludowicz superó la barrera de los dos millones de dólares; de hecho, solo cuatro lotes rebasaron el millón.
Un Guston de 5,2 millones en una subasta de lectura compleja
La noche se dividió en dos bloques: la colección Zabludowicz y una venta de arte contemporáneo y de posguerra. La primera parte sumó 20,5 millones de dólares con honorarios, ligeramente por debajo de la estimación baja de 16,6 millones si consideramos solo el martillo. Siete obras contaban con garantía financiera, tres fueron retiradas antes de la puja y siete no encontraron comprador, lo que dejó una tasa de venta del 89 %.
El segundo bloque, de 79 lotes, generó 13,5 millones de dólares y se saldó con una tasa de venta del 81 %. La obra The Haunter (2010), de Cecily Brown, dominó esta sección con 2,97 millones de dólares, apenas por encima de su estimación baja. También destacaron un Warhol de 1964 —704.000 dólares— y un dibujo sobre iPad de David Hockney, que triplicó su estimación alta y se vendió por 368.000 dólares.
Los récords de la noche no correspondieron a los artistas más mediáticos, sino a tres nombres que el mercado institucional venía siguiendo con atención: Anj Smith, Rose Wylie y Jakub Julian Ziolkowski marcaron sus precios más altos en subasta. Un dato que sugiere que el capital busca refugio en artistas emergentes con respaldo curatorial sólido, siempre que la horquilla de precio sea asumible.
Por qué los Zabludowicz venden ahora y qué lectura debe hacer el inversor
La pareja, presente en la lista Top 200 Collectors de ARTnews desde 2005, acumula más de 8.000 obras de unos 600 artistas. No hay aquí ninguno de los clásicos detonantes —muerte, deuda o divorcio— que suelen explicar una desinversión de este calibre. Según fuentes del sector, la motivación obedece a años de fricción con ciertos círculos del mundo del arte por los vínculos de la familia con Israel. Un recordatorio de que, en el arte como clase de activo, la geopolítica también cotiza.
Pero la pregunta que debe hacerse el inversor con patrimonio elevado es otra: ¿qué nos dice esta subasta sobre la profundidad del mercado? La respuesta es ambivalente. La liquidez se ha concentrado en los lotes que ofrecen una triple garantía: firma reconocida, procedencia impecable y un precio que, dentro de su segmento, resulta razonable. En cuanto un lote salía de ese triángulo, la sala se enfriaba. No es un colapso, pero sí una corrección silenciosa que obliga a afinar la puntería.
En un mercado que corrige, la liquidez no desaparece: se concentra en un puñado de lotes que aún atraen a los grandes patrimonios globales.
El arte contemporáneo como clase de activo: lecciones de un ciclo maduro
Llevo más de una década analizando los cruces entre el mercado del arte y la asignación de capital de los grandes patrimonios, y pocas veces he visto una divergencia tan marcada entre el músculo de las obras faro y la fragilidad de las de segundo escalón. Tras el exceso de liquidez que infló las valoraciones durante la pandemia, el ajuste actual está devolviendo al mercado a una lógica más disciplinada. No es una mala noticia: los ciclos de sobrecalentamiento suelen generar distorsiones que penalizan al comprador paciente.
En el contexto presente, el arte de posguerra de autoría indiscutible —como el Guston que ha centrado esta venta— se comporta como un activo de preservación de capital con un horizonte de cinco a diez años. Su rentabilidad ya no se mide en subidas anuales de dos dígitos, sino en la capacidad de mantener valor en términos reales cuando la inflación erosiona otros refugios. Las sorpresas más agresivas, en cambio, pueden venir de los artistas que acaban de batir récords: Smith, Wylie y Ziolkowski ofrecen el perfil de riesgo y retorno que buscan los inversores dispuestos a asumir una menor liquidez a cambio de una posible revalorización rápida si su mercado sigue consolidándose.
El próximo gran examen para esta tesis llegará con las subastas de otoño en Nueva York. Hasta entonces, el inversor sofisticado haría bien en tomar nota de cómo Christie’s ha logrado colocar 34 millones de dólares sin estridencias: eligiendo bien los lotes, garantizando lo esencial y dejando que la puja hable por sí sola.
💎 Veredicto Wealth
La subasta de la colección Zabludowicz confirma que las obras de artistas consagrados con procedencia impecable mantienen su función de preservación de capital en un horizonte de cinco a diez años. El principal riesgo a vigilar es la escasa profundidad de mercado fuera del segmento de precio superior a dos millones de dólares.




