El precio del petróleo ha perdido hoy el soporte de los 80 dólares. El Brent, referencia en Europa, se desploma hasta los 78,9 dólares por barril, arrastrado por los avances diplomáticos entre Irán y Estados Unidos que apuntan a un posible alivio de las tensiones en el Estrecho de Ormuz.
La primera sesión de las negociaciones en el complejo suizo de Bürgenstock, con Pakistán y Qatar como mediadores, ha concluido con «un ambiente positivo y constructivo», según un comunicado oficial. El documento destaca «avances alentadores», entre los que sobresale la creación de un mecanismo para futuras conversaciones técnicas y un Comité de Alto Nivel que supervisará políticamente el proceso.
El plan de 60 días y la reapertura de Ormuz
El plan establece una hoja de ruta de 60 días para alcanzar un acuerdo. En ese plazo se constituirán grupos de trabajo centrados en los asuntos nucleares, las sanciones y la resolución de controversias. La clave geopolítica está en el compromiso de «garantizar el paso seguro de los buques mercantes por el Estrecho de Ormuz», el cuello de botella por el que fluye cerca del 20% del tráfico mundial de petróleo.
La noticia ha sido un balón de oxígeno para los mercados. El petróleo WTI, referencia estadounidense, ha caído un 2,8% hasta los 75,18 dólares por barril. Las bolsas asiáticas han reaccionado con subidas: el Nikkei japonés avanza casi un 2%, mientras que el Kospi surcoreano suma un 0,6% y la Bolsa china de Shenzhen, más de un 1,5%.
Es el giro que muchos inversores no esperaban hace apenas una semana. El crudo había recuperado terreno hasta situarse por encima de los 80 dólares precisamente por el temor a una escalada en Oriente Medio. Ahora, la tensión se relaja y los futuros del Brent han borrado de un plumazo la prima de riesgo geopolítico. Ironías del mercado.
Trump: la amenaza que no se apaga
Aunque las señales desde Suiza son prometedoras, la retórica de Washington mantiene viva la incertidumbre. El presidente estadounidense, Donald Trump, no ha rebajado el tono. Durante la cumbre, en una entrevista con Fox News, llegó a afirmar: «Les dije que como cerraran el estrecho se quedarán sin país». Incluso sugirió que Estados Unidos podría actuar como «recaudador de peajes» en Ormuz y «quedarse con el 20% del petróleo».
Estas palabras contrastan con el optimismo diplomático. Según fuentes cercanas a la negociación, la delegación iraní había llegado a amenazar con retirarse ante las declaraciones de Trump. Sin embargo, el comunicado final no recoge ningún incidente y subraya el «constante compromiso con la diplomacia y la resolución pacífica».
La diplomacia, por frágil que sea, vuelve a mover el precio del crudo más rápido que cualquier torpedo.

Lo que la OPEP no quiere ver y el futuro del mercado
Lo que está en juego va más allá de unos dólares por barril. El Estrecho de Ormuz es la llave del suministro energético mundial. Durante los meses de bloqueo parcial, los seguros marítimos se dispararon y los costes de flete añadieron una presión extra a la inflación. Una reapertura pactada devolvería la normalidad a las rutas comerciales y permitiría a Irán volver a colocar su petróleo en los mercados internacionales, algo que hoy hace con dificultades.
Si el acuerdo se concreta en el plazo de 60 días, el equilibrio de oferta cambiará de forma sensible. Irán dispone de unos 3,8 millones de barriles diarios de capacidad de producción, de los cuales exporta mucho menos debido a las sanciones. Una flexibilización del veto de Washington podría liberar entre 1 y 1,5 millones de barriles adicionales al mercado cada día.
Esa entrada de crudo desestabilizaría el delicado balance que la OPEP+ ha intentado mantener con sus sucesivos recortes de producción. Arabia Saudí y otros pesos pesados del cártel llevan meses sacrificando cuota para sostener los precios. Si Irán regresa con fuerza, la disciplina interna se pondrá a prueba. Como he escrito en otras ocasiones, la OPEP es la única institución capaz de unir a dos enemigos para recortar producción y, a la vez, de separarlos cuando llega la oportunidad de ganar mercado.
Pero también hay que contemplar el factor demanda. Los últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía apuntan a un enfriamiento del consumo en China –su economía sigue renqueante– y a un avance desigual de la movilidad eléctrica. De modo que el posible aumento de oferta iraní coincidiría con un techo en la demanda, lo que podría profundizar la caída de precios más allá de lo que muchos cálculos reflejan.
¿Y ahora qué? 60 días para reescribir el mapa energético
La hoja de ruta de 60 días es ambiciosa. Llevamos años escuchando promesas de paz en Oriente Medio y casi siempre se tuercen en el último minuto. Esta vez, sin embargo, el formato es inédito: dos países musulmanes como Pakistán y Qatar mediando entre Washington y Teherán, sin el paraguas directo de la Unión Europea. Eso podría desbloquear un terreno que la diplomacia occidental no conseguía despejar.
El mercado, mientras tanto, opera con la lógica del corto plazo. El Brent ha cedido un 2% en horas. Si las conversaciones técnicas que continúan esta semana en Bürgenstock avanzan sin sobresaltos, es probable que veamos al crudo por debajo de los 75 dólares antes de lo esperado. Si, por el contrario, Trump vuelve a mostrarse intransigente o Irán se atrinchera, los 80 dólares regresarán en cuestión de horas.
Queda, como siempre, un elemento imposible de predecir: la reacción de los inversores especulativos. Las posiciones largas acumuladas en los futuros del Brent se han reducido, pero los fondos aún retienen un volumen considerable. Una venta masiva podría amplificar cualquier movimiento a la baja.
En definitiva, lo que hoy mueve el mercado no es el petróleo, sino la política. Y la política, ya se sabe, es volátil por definición. Así que conviene no bajar la guardia.



