Oro en mercado bajista: la mayor caída desde la crisis financiera desde 2008

El metal precioso pierde 1.200 dólares por onza en tres meses y acelera las caídas en junio. Las expectativas de subidas de tipos de la Fed y la huida de inversores especulativos agravan la corrección.

El oro ha entrado en territorio de mercado bajista tras caer un 30% desde los máximos registrados en marzo. Solo han bastado 91 sesiones para que el metal precioso pase de rozar los 5.600 dólares a poner a prueba los 4.000. Una corrección que no se veía desde la crisis financiera de 2008.

Lo más llamativo es el contexto. El conflicto en Irán sigue activo, las tensiones geopolíticas son elevadas y el petróleo está disparado. En teoría, un entorno propicio para el refugio del oro. Pero no ha funcionado.

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La aceleración de las ventas y el cambio de perfil inversor

A finales de febrero, muchos inversores buscaron protección en el oro tras el estallido de la guerra. Compraron cerca de 5.200 dólares la onza. Tres meses y medio después acumulan pérdidas superiores al 20%. El desplome se ha acelerado en junio: en menos de dos semanas, el metal ha pasado de 4.500 a poner en riesgo los 4.000 dólares.

Detrás de la violencia de la caída hay un factor clave: la entrada masiva de inversores especulativos durante el rally de 2025. El oro subió un 64% el año pasado, según datos de XTB. Esa rentabilidad atrajo a perfiles cortoplacistas, alejados de los compradores tradicionales, como los bancos centrales. Cuando el viento cambió, esos inversores salieron en estampida.

El oro dejó de ser un simple activo refugio para comportarse como una acción tecnológica. La corrección está siendo tan violenta como lo fue la subida.

El giro de la política monetaria: tipos al alza y dólar fuerte

El detonante de las ventas ha sido el vuelco en las expectativas sobre la Reserva Federal. La guerra de Irán disparó el petróleo y las alertas inflacionistas. Ahora el mercado descuenta un 67% de probabilidad de que la Fed suba tipos antes de que acabe el año. Ayer, el BCE ya dio el primer paso con su primera subida desde 2023, reforzando una política monetaria más restrictiva.

El resultado es un dólar más fuerte y rentabilidades de los bonos del Tesoro en máximos. Eso resta atractivo al oro, que no paga intereses. ‘Los sólidos datos económicos de EEUU y los mayores rendimientos reales han presionado al oro recientemente’, explican desde UBS.

Este vuelco ha reventado la tesis de quienes compraron oro esperando recortes de la Fed. Antes de la guerra, los futuros descontaban bajadas de tipos. Ahora, la posibilidad de un alza adicional ha cambiado el juego por completo.

¿Oportunidad o trampa a largo plazo?

Con la barrera de los 4.000 dólares a punto de quebrarse, algunos analistas ven una ventana de entrada. UBS considera que los niveles entre 3.850 y 4.000 dólares pueden ser una oportunidad para inversores con horizonte largo. Julius Baer mantiene su previsión de 4.500 dólares en doce meses.

El rebote del miércoles, que llevó al oro de 4.000 a 4.200 dólares por onza tras los rumores de un acuerdo entre EEUU e Irán, demuestra lo sensible que es el metal a cualquier giro en el conflicto. Si el pacto se concreta y el petróleo cae, las presiones inflacionistas se moderarían, aliviando al oro momentáneamente.

Pero el camino estará lleno de baches. La reunión de la Reserva Federal de la próxima semana es clave. Cualquier señal de Kevin Warsh a favor de endurecer la política podría hundir al oro por debajo de los 4.000 dólares. Marex advierte de ese riesgo.

Además, la creciente presión de Donald Trump sobre la Fed para que no enfríe la economía añade un factor político que podría debilitar al dólar y devolver el brillo al oro a medio plazo. Si la Reserva Federal cede, el metal podría recuperar fuelle.

Tras la euforia de 2025, el oro está purgando los excesos. La lección para el inversor particular es dura: ni los refugios clásicos son inmunes cuando el régimen monetario gira. Y si la Fed sube tipos, la presión sobre el metal podría prolongarse más de lo que muchos esperan.


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