EE.UU. invierte 2.000M en computación cuántica: la amenaza que pone en jaque a Bitcoin

Nueve empresas han sido seleccionadas para acelerar el desarrollo de chips cuánticos y fundiciones, lo que reduce el plazo estimado para el temido 'Q-Day'. La subida de las acciones de estas compañías refleja la magnitud de la apuesta y el nerviosismo en el ecosistema cripto.

El Gobierno de Estados Unidos ha puesto sobre la mesa 2.000 millones de dólares —unos 1.820 millones de euros al cambio actual— para impulsar la computación cuántica, una tecnología que podría romper la seguridad de Bitcoin y de la mayoría de las criptodivisas. El llamado Q-Day, el momento en que un ordenador cuántico pueda descifrar claves criptográficas actuales, se percibe ahora un poco más cerca.

2.000 millones para acelerar la carrera cuántica

El Departamento de Comercio ha seleccionado a nueve empresas —entre fundiciones de chips y startups especializadas— para recibir la inversión, que busca reducir la dependencia de Asia y acelerar la capacidad de fabricación de procesadores cuánticos. Entre las beneficiarias figuran nombres como IonQ, Rigetti Computing y PsiQuantum, referentes en el hardware cuántico estadounidense. Las acciones de estas compañías reaccionaron con subidas fulgurantes en la sesión previa a la apertura oficial: un abanico que fue desde el 7% hasta el 21%, según los datos preliminares de Wall Street.

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El desembolso se enmarca dentro de la política de soberanía tecnológica que el país ha impulsado con leyes como la CHIPS and Science Act, pero esta vez el foco está en la próxima frontera: la computación cuántica a escala industrial. Para el mundo cripto, el movimiento tiene una lectura directa: cada dólar invertido en esta tecnología reduce el tiempo que queda hasta que un ordenador cuántico lo suficientemente potente pueda quebrar el algoritmo de firma digital de Bitcoin (ECDSA) y, con él, la base de la seguridad de la red.

Por qué un ordenador cuántico amenaza la criptografía de Bitcoin

La seguridad de Bitcoin descansa sobre un principio sencillo: es fácil verificar que alguien es dueño de una clave privada sin conocerla, pero imposible deducir esa clave a partir de la clave pública con la tecnología actual. El algoritmo ECDSA convierte esa asimetría en la cerradura de cada transacción. La computación cuántica aprovecha las leyes de la mecánica cuántica para realizar operaciones en paralelo, y un ordenador con suficientes cúbits estables podría ejecutar el algoritmo de Shor y romper el cifrado de curva elíptica en cuestión de minutos.

A modo de analogía: si hoy un superordenador tardase millones de años en encontrar tu clave privada, un ordenador cuántico con unos 4.000 cúbits lo resolvería en lo que tardas en preparar un café. Por ahora, los mejores equipos cuánticos no llegan a los 1.200 cúbits y además sufren una alta tasa de error. Pero la inversión masiva en fundiciones y chips acelerará la solución de esos problemas. El consenso entre los criptógrafos sitúa el Q-Day entre cinco y quince años vista, aunque algunos expertos advierten que las mejoras exponenciales podrían acortar ese plazo.

computación cuántica

El bitcoin del ciudadano medio, ¿en peligro real?

El temor tiene matices importantes. Un ataque cuántico exitoso afectaría sobre todo a las monedas más antiguas y estáticas, como las que se sospecha pertenecen a Satoshi Nakamoto, que utilizan un formato (P2PK) donde la clave pública está visible y no se ha movido en años. Las carteras modernas que rotan direcciones son más escurridizas. Además, el ecosistema Bitcoin ya dispone de esquemas de firma resistentes a ordenadores cuánticos —como las basadas en funciones hash—, aunque implementarlos requeriría un hard fork con el consiguiente riesgo de división de la red.

La propia comunidad de desarrolladores lleva años explorando propuestas en esta línea, y existen propuestas de mejora de Bitcoin (BIPs) para añadir firmas postcuánticas. Proyectos como Ethereum también tienen en su hoja de ruta una migración gradual hacia criptografía resistente. La inversión gubernamental no convierte la amenaza en inminente, pero sí acelera el reloj de la industria. Desde esta redacción, creemos que el riesgo es real pero manejable: los incentivos para actualizar la red antes del Q-Day son demasiado grandes como para ignorarlos.

Como ocurre con cualquier avance tecnológico disruptivo, la clave estará en la anticipación. La comunidad cripto ha demostrado en el pasado que sabe reaccionar cuando el entorno lo exige. Ahora toca vigilar de cerca qué sale de esas nueve empresas que han recibido un cheque con muchos ceros.


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