Santiago Bilinkis (55), tecnólogo, sobre el uso del móvil: “Los efectos son mucho peores de lo que pensábamos”

Santiago Bilinkis alerta sobre el impacto cognitivo y emocional del móvil en niños y adultos. El tecnólogo sostiene que las redes sociales degradan la atención, alteran la convivencia y podrían estar provocando la primera caída generacional del coeficiente intelectual promedio.

La humanidad atraviesa un cambio de era casi invisible, marcado por la presencia constante del móvil en la palma de la mano. Lo que comenzó, hace no muchos años, como una promesa de conectividad total se ha transformado, según los especialistas, en un fenómeno global que redefine la psique, la inteligencia y la convivencia social.

Santiago Bilinkis, tecnólogo y ensayista, advierte que nos encontramos en un punto de no retorno. Señala que “somos los conejillos de indias del experimento psicológico más grande de la historia”, enfrentando consecuencias que la ciencia apenas empieza a documentar con resultados alarmantes.

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Fuente: agencias

El impacto del uso del móvil en las nuevas generaciones es, quizás, el síntoma más doloroso de esta transformación. Según la investigación de Bilinkis, la infancia ha sido desplazada por un entorno digital diseñado para ser adictivo. El juego libre —aquel que calibraba el riesgo y enseñaba a regular emociones— ha sido sustituido por algoritmos que ofrecen recompensas instantáneas. La transición fue tan veloz que apenas notamos cómo los espacios de esparcimiento físico cerraron para dar lugar a tiendas de tecnología, una ironía que marca el fin de una era de exploración real para dar paso a una de consumo digital ilimitado.

Esta dinámica se explica a través de la metáfora del «plato de sopa sin fondo». Al igual que un recipiente que se rellena automáticamente por debajo, las redes sociales integradas en el móvil eliminan cualquier señal de finalización. No hay un cierre, no hay un «continuará»; siempre hay un video más, un mensaje extra.

El tecnólogo destaca que “lo más loco es que las cifras son similares en todas partes del mundo”, evidenciando que no se trata de un problema local o cultural, sino de una vulnerabilidad biológica explotada a escala planetaria. Este flujo ininterrumpido de estímulos ha provocado que el cerebro joven se acostumbre a la interrupción constante, debilitando su capacidad de atención y aumentando su irritabilidad.

Un cerebro bajo asedio: del síndrome de vibración a la caída del CI

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Pero el problema no es exclusivo de los adolescentes. Los adultos también muestran señales de una arquitectura cerebral «rota». Bilinkis describe con precisión el síndrome de la vibración fantasma, donde el cerebro inventa señales del móvil ante la falta de estímulos. La dependencia es tal que la mera presencia del aparato, incluso apagado o boca abajo sobre una mesa, reduce la capacidad cognitiva.

La atención, que funciona como un músculo, se está atrofiando por falta de uso profundo. El cerebro, siempre a la espera de la próxima notificación, pierde la capacidad de entrar en «modo pensamiento», aquel que suele activarse en la ducha, uno de los últimos refugios libres de tecnología.

Los datos científicos respaldan esta preocupación con una tendencia escalofriante: por primera vez en un siglo, el coeficiente intelectual promedio está bajando. Tras décadas de ascenso sostenido gracias a la educación y la nutrición, la curva se ha invertido en la última década, coincidiendo con la adopción masiva del móvil.

Se registran caídas en el razonamiento abstracto y la resolución de problemas en diversos países al mismo tiempo. Bilinkis es tajante al respecto: “los efectos son mucho peores de lo que pensábamos”, sugiriendo que podríamos estar criando a la primera generación con menor capacidad intelectual que sus padres, una posibilidad que meta y otras grandes tecnológicas conocían y documentaron internamente sin tomar medidas preventivas.

A pesar del panorama desolador, el autor propone una «rebelión». La prohibición del móvil en entornos escolares ya está mostrando resultados positivos: mejores notas, menos acoso y el regreso de las risas a los pasillos. Sin embargo, la batalla final se libra en el ámbito personal y familiar.

El recurso más valioso hoy no es el tiempo, sino la atención. Recuperar la capacidad de «escuchar con los ojos» y estar presentes sin la mediación de un dispositivo es el desafío ético de nuestra época. Al final, lo que recordaremos a los 85 años no será un video viral, sino aquellos silencios compartidos y miradas que el móvil nos está robando minuto a minuto.


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