Amundi, el mayor gestor de activos de Europa, ha decidido dar un paso que pocos esperaban tan pronto: tokenizar uno de sus fondos internos, conocido como SAFO, directamente sobre la blockchain de Solana. La firma, que administra la friolera de 2,4 billones de euros, busca aprovechar la velocidad y el bajo coste de esta red para modernizar la forma en que los inversores acceden a sus productos. Así, un coloso del sistema financiero tradicional se adentra de lleno en la tokenización de activos, una tendencia que gana tracción entre los grandes fondos.
La noticia se conoció a través de un comunicado oficial de la gestora y marca la primera vez que un fondo de este calibre –hablamos de un patrimonio que casi dobla el PIB anual de Italia– elige una blockchain pública y de alto rendimiento como Solana para digitalizar participaciones. Dicho de otro modo: el dinero institucional ya no solo mira las criptomonedas como un activo más; ahora también las utiliza como infraestructura.
Qué implica un fondo tokenizado y por qué Solana
Cuando hablamos de tokenización nos referimos a la creación de una representación digital de un activo real (en este caso, un fondo de inversión) que funciona sobre una blockchain. Cada token es como una acción que se puede comprar, vender o transferir de forma casi instantánea, con menos intermediarios y costes operativos más bajos. Para Amundi, la jugada tiene sentido: digitalizar uno de sus vehículos internos le permite ofrecer a sus clientes mayor liquidez y una operativa más eficiente.
La elección de Solana no es casual. Esta red puede procesar miles de transacciones por segundo con comisiones que rondan el céntimo de euro, algo que la diferencia de otras blockchains donde los costes se disparan cuando hay congestión. En el entorno actual, donde los gestores de activos necesitan rapidez y previsibilidad, Solana se convierte en una opción casi natural. Esa combinación de escalabilidad y bajo coste atrae cada vez más proyectos institucionales.
De BlackRock a Amundi: la tokenización ya no es un experimento
La entrada de Amundi en este territorio no se produce en el vacío. Durante el último año hemos visto cómo grandes fondos estadounidenses, con BlackRock a la cabeza, han lanzado sus propios fondos tokenizados en blockchains como Ethereum y Avalanche. Lo novedoso aquí es el cambio de preferencia hacia Solana, que en 2026 se ha consolidado como una de las redes preferidas para las finanzas descentralizadas y ahora, al parecer, también para las tradicionales.
Hace apenas dos años, muchos analistas dudaban de que la tokenización de activos masivos fuera algo más que un concepto de laboratorio. Hoy tenemos a casi 10 billones de euros en activos gestionados por firmas que exploran o ya han adoptado esta tecnología. Los números hablan solos.
Cómo afecta esto al ahorrador común
Puede que usted no invierta en criptomonedas, pero es posible que su fondo de pensiones o su plan de ahorro esté gestionado por gigantes como Amundi. Cuando uno de estos actores da el paso a la tokenización, las ventajas operativas (menores comisiones, liquidación más rápida, registro transparente) acaban permeando, aunque sea de forma indirecta, al inversor de a pie. Menos costes para el gestor se traducen, con el tiempo, en menores costes para el partícipe.
Además, la apuesta por Solana amplía la competencia entre blockchains, lo que acelera mejoras en seguridad y usabilidad que benefician a todo el ecosistema. Dicho de forma más simple: cuando un gestor de este tamaño se sube al barco, el resto de la industria toma nota.
No obstante, conviene no lanzar las campanas al vuelo. La tokenización institucional es todavía un terreno joven y expuesto a riesgos regulatorios, fallos técnicos y cambios bruscos de narrativa. El camino hacia una adopción masiva necesitará que normas como MiCA, el reglamento europeo de criptoactivos, sigan aclarando el marco de actuación. Hoy, el movimiento de Amundi es una señal potente de hacia dónde quiere ir el dinero. Mañana, las condiciones pueden virar.
Cosas que pasan en 2026.




