Durante muchos años, los parásitos fueron asociados casi exclusivamente a problemas intestinales o a infecciones vinculadas con países tropicales. Sin embargo, el médico microbiólogo y parasitólogo Goosen López sostiene que su impacto podría ser mucho más amplio y silencioso de lo que la medicina convencional ha considerado.
Con más de 25 años de experiencia clínica, el especialista asegura que los microorganismos que viven en el cuerpo humano no solo afectan al sistema digestivo, sino también al estado de ánimo, la conducta y el equilibrio inmunológico.
¿Parásitos y algo más? Un ecosistema invisible que influye en la salud física y mental

“Solo conocemos el 10% de los habitantes que existen dentro de nuestro cuerpo”, afirma López al explicar la complejidad del microbioma humano. Según el especialista, dentro del organismo conviven bacterias, virus, hongos y parásitos que forman un ecosistema dinámico capaz de influir en procesos hormonales, digestivos y neurológicos.
El médico insiste en que la relación entre el ser humano y los parásitos no puede entenderse únicamente desde la lógica de eliminar organismos considerados dañinos. Para él, el verdadero problema aparece cuando existe un desequilibrio general del cuerpo provocado por el estrés, la mala alimentación, la contaminación ambiental o la alteración de la microbiota intestinal.
En consulta, asegura haber observado pacientes con fatiga crónica, problemas digestivos, alergias cutáneas y trastornos del sueño que, tras modificar hábitos y abordar posibles infecciones parasitarias, mostraron mejorías significativas. “Hay parásitos que migran al cerebro y producen niebla mental, insomnio e irritabilidad”, señala el especialista, quien relaciona estas alteraciones con la inflamación y las toxinas liberadas por ciertos microorganismos.
Aunque existen estudios sobre la influencia de algunos microorganismos en el comportamiento humano, buena parte de la comunidad científica considera que todavía faltan evidencias concluyentes para establecer relaciones causales directas entre determinados parásitos y trastornos psicológicos complejos.
Aun así, investigaciones sobre toxoplasmosis han abierto nuevas preguntas. El toxoplasma gondii, conocido por su relación con los gatos y el embarazo, ha sido estudiado por su posible impacto sobre la conducta. López resume esa línea de investigación con una afirmación contundente: “Las personas con toxoplasmosis desarrollan conductas de alto riesgo y tienen más accidentes de tráfico”.
El especialista menciona trabajos científicos que encontraron asociaciones entre mayores niveles de toxoplasma y conductas impulsivas, búsqueda de adrenalina o deportes extremos. Aunque los resultados siguen siendo objeto de debate académico, el fenómeno ha despertado interés entre neurocientíficos y expertos en microbiología.
La desparasitación y el debate sobre el equilibrio del organismo
Lejos de promover tratamientos agresivos o automedicación, López insiste en que el objetivo no debe ser erradicar por completo los parásitos del cuerpo humano. A su juicio, la clave está en recuperar el equilibrio biológico.
El microbiólogo sostiene que muchos de estos organismos cumplen funciones regulatorias dentro del ecosistema intestinal. “Los parásitos son los directores de la orquesta microbiana dentro del cuerpo humano”, explica. Desde su perspectiva, algunos incluso participan indirectamente en la regulación inmunológica y en la relación entre bacterias y hongos intestinales.
La idea rompe con décadas de una medicina centrada en combatir microorganismos mediante antibióticos y antiparasitarios de amplio espectro. Para López, aquella visión ignoró que el cuerpo humano funciona como un ecosistema complejo donde destruir ciertos microorganismos también puede alterar procesos esenciales.
En esa línea, defiende prácticas tradicionales de desparasitación natural presentes en numerosas culturas, aunque advierte sobre los riesgos de recurrir a fármacos sin supervisión médica. Según explica, eliminar parásitos sin corregir antes los desequilibrios del organismo puede llevar a recaídas constantes.
Parte de su enfoque también apunta a la alimentación. El especialista considera que algunos parásitos pueden influir en los antojos y en la relación emocional con ciertos alimentos, especialmente el azúcar y los carbohidratos refinados. En consulta, afirma haber observado cómo muchos pacientes con síntomas digestivos intensos desarrollan una fuerte dependencia a productos azucarados.
Otro de los aspectos que más llama la atención en su discurso es la conexión entre problemas respiratorios y parasitosis. “Muchos pacientes asmáticos mejoraron sus síntomas y descubrieron que tenían parasitosis”, asegura. Aunque reconoce que no existe una única prueba definitiva para detectar todos los microorganismos presentes en el cuerpo, sostiene que la observación clínica y el análisis integral del paciente siguen siendo fundamentales.






