BlackRock se lanza a la OPV de SpaceX: 10.000 millones de dólares en juego

La gestora estudia una inversión multimillonaria en la salida a bolsa prevista para el 12 de junio en el Nasdaq. El interés del mayor fondo del mundo subraya el peso de la compañía de Elon Musk en la nueva economía espacial.

BlackRock podría poner sobre la mesa hasta 10.000 millones de dólares en la salida a bolsa de SpaceX. La cifra, confirmada por Investing.com España, convierte la operación en la mayor OPV del año y subraya el apetito institucional por la compañía aeroespacial de Elon Musk. De hacerse realidad, sería la mayor inyección de capital en un debut bursátil desde 2023. El debut está previsto para el 12 de junio en el Nasdaq.

El gigante estadounidense, el mayor gestor de activos del mundo, estudia un rango de inversión que oscila entre los 5.000 y los 10.000 millones de dólares, según las mismas fuentes. Esa horquilla situaría a BlackRock como uno de los anclas de la operación, un papel que habitualmente se reserva para fondos soberanos o grandes patrimonios. No es un movimiento improvisado: la firma lleva meses reequilibrando su cartera hacia activos de alto crecimiento tecnológico.

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BlackRock y la mayor OPV del año: lo que está sobre la mesa

La salida a bolsa de la compañía aeroespacial fundada por Elon Musk no es una sorpresa para quienes siguen de cerca sus movimientos. Sin embargo, el importe que baraja BlackRock —el doble de lo que suelen manejar en otras grandes operaciones— cambia las reglas del juego. El 12 de junio, en el Nasdaq, la empresa de cohetes reutilizables y Starlink dejará de ser un gigante privado para someterse al escrutinio del parqué.

El conocido presentador financiero de CNBC, cuya opinión recoge Investing.com, advierte de que la salida a bolsa de SpaceX podría desatar una nueva ola de fervor inversor, incluso con efectos negativos para el conjunto del mercado. Algo así como un efecto llamada que absorba liquidez de otros sectores y eleve la volatilidad en plena temporada de resultados. Una precaución que, en cualquier caso, no resta atractivo a la operación: la expectación es máxima.

El efecto SpaceX en el Nasdaq y los inversores minoristas

Si la OPV se materializa en el extremo superior del rango, estaríamos ante una colocación de 10.000 millones de dólares, comparable a los debuts históricos de Alibaba o Facebook. La diferencia, esta vez, es que el producto que vende SpaceX —servicios de lanzamiento, internet satelital Starlink y, a largo plazo, transporte interplanetario— tiene un componente de infraestructura que lo aleja del software o el comercio electrónico. Un negocio que, además, genera ingresos recurrentes por contratos con la NASA y el Pentágono, lo que añade cierta previsibilidad.

Los inversores minoristas, que en los últimos años han mostrado un apetito voraz por las tecnológicas emergentes, podrían encontrarse con una oferta limitada de títulos. Eso, unido al ruido mediático que genera Musk, es un cóctel que históricamente ha provocado subidas fulgurantes en el primer día de cotización. Nada descartable. De hecho, bastará que el valor se incluya en alguno de los principales ETFs del Nasdaq para que los fondos pasivos tengan que incorporarlo, generando una demanda añadida nada despreciable.

Análisis: más allá del cohete, una apuesta por la nueva economía espacial

Que BlackRock esté dispuesto a comprometer tal volumen de capital no es un simple gesto. La gestora, con más de 10 billones de dólares bajo gestión, no se distingue precisamente por hacer apuestas impulsivas. Su movimiento indica que la economía espacial se ha convertido en en uno de los segmentos con mayor recorrido de la próxima década. De hecho, las estimaciones de Morgan Stanley sitúan el negocio espacial por encima del billón de dólares para 2040, y el propio CEO de BlackRock, Larry Fink, ha mencionado en varias cartas a inversores la necesidad de posicionarse en sectores de infraestructura crítica del futuro.

No obstante, conviene moderar las expectativas. SpaceX ha logrado hitos técnicos formidables, pero su rentabilidad sigue estrechamente ligada a contratos gubernamentales y a la capacidad de desplegar Starlink a escala global con márgenes sostenibles. La figura de Elon Musk, además, añade un factor de incertidumbre: su exposición política y sus frecuentes polémicas en redes sociales pueden influir en la cotización más de lo que cualquier analista quisiera.

Yo creo que la decisión de BlackRock marca un antes y un después. No tanto por el dinero —que es mucho—, sino porque legitima una industria que hasta ahora había vivido del capital riesgo y de la ilusión. No es la primera vez que la firma apuesta por la tecnología disruptiva; ya fue un inversor temprano en Tesla y en empresas de energía limpia. Ahora, con SpaceX, parece buscar el mismo patrón: entrar antes de que el activo se convierta en mainstream. Si la OPV sale bien, veremos una cascada de rondas de financiación para nuevas empresas espaciales. Si sale mal, el enfriamiento será instantáneo. En cualquier caso, la fecha quedará grabada: 12 de junio de 2026.


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