Guerra de Irán: el queroseno se dispara y pone fin a los vuelos baratos

La duplicación del precio del queroseno por el cierre del estrecho de Ormuz amenaza la rentabilidad de las aerolíneas de bajo coste que operan en España. Ryanair y easyJet, junto a Vueling, se enfrentan a una reconfiguración del sector que dejará vuelos más caros y menos rutas.

El precio del combustible de aviación se ha duplicado desde que la guerra en el Golfo cerró parcialmente el tráfico por el estrecho de Ormuz. Para aerolíneas como Ryanair, easyJet o Wizz Air, que construyeron su imperio sobre la premisa de viajar por menos de lo que cuesta un taxi al aeropuerto, el queroseno caro dinamita el pilar económico de su modelo: márgenes del 5 % sobre costes operativos que ya se comen el 40 % de los ingresos. La cuestión ya no es si subirán las tarifas, sino cuánto y durante cuánto tiempo.

Claves de la operación

  • El combustible se encarece el 100 % en un trimestre. El cierre de Ormuz afecta a casi la mitad del queroseno que consume Europa, y las aerolíneas sin coberturas de combustible se enfrentan a pérdidas inmediatas.
  • Las rutas de invierno, en peligro. La débil demanda fuera de temporada con precios altos puede provocar la cancelación de decenas de conexiones en España y el resto de Europa.
  • Concentración sectorial acelerada. Las aerolíneas más pequeñas y las que carezcan de respaldo financiero desaparecerán; las supervivientes tendrán menos incentivos para mantener los billetes a 20 euros.

No hablamos solo de una crisis pasajera. La arquitectura de costes del bajo coste se sostenía sobre una combinación improbable: queroseno estable, aviones llenos y competencia feroz. Esa mezcla empieza a quebrarse. La quiebra de Spirit Airlines en Estados Unidos fue un aviso: cuando el principal coste variable se dispara, el modelo deja de funcionar. Y Spirit, que llegó a ofrecer tarifas ultrabaratas, simplemente dejó de existir.

Publicidad

La fragilidad financiera del modelo que voló barato

Ryanair siempre ha presumido de cubrir el combustible con contratos a largo plazo, pero esa cobertura tiene un precio y una duración limitada. La aerolínea irlandesa reporta anualmente en su centro de resultados que el combustible supone más del 30 % de sus costes operativos. Con el barril de Brent por encima de los 130 dólares y el diferencial del queroseno ampliándose, incluso los hedges más agresivos pierden eficacia cuando el mercado descuenta un conflicto prolongado. Otras, como easyJet, que operan con menor porcentaje de cobertura, están mucho más expuestas.

El mayor riesgo es el efecto boomerang sobre la ocupación. Si la tarifa media sube un 40 %, la demanda cae, y un avión al 70 % de ocupación deja de ser rentable. Las aerolíneas podrían entrar en una espiral: menos pasajeros obligan a elevar precios para cubrir costes fijos, lo que aleja aún más al viajero ocasional, justo el que llenaba los vuelos de los viernes y los domingos. Eso golpea especialmente las bases de Ryanair en Girona, Reus o Santiago de Compostela, y las de Vueling en Barcelona, donde el turismo y los desplazamientos familiares sostienen buena parte del tráfico.

Un sector aéreo más pequeño y caro: el impacto en España

España es el segundo mercado europeo para las aerolíneas de bajo coste y el principal destino turístico del continente. Cualquier reconfiguración del mapa aéreo afecta directamente a Aena, a los puestos de trabajo en handling y a los precios de los paquetes vacacionales. Con menos vuelos y más caros, el turismo de escapada —ese que llenaba hoteles de costa en temporada baja— podría reducirse drásticamente. Las aerolíneas tradicionales como Iberia o Air Europa podrían aprovechar para captar pasajeros de negocios, pero su modelo tampoco es inmune: el combustible afecta a todas.

Lo que más inquieta es el calendario. El verano, con aviones llenos, aún ofrece margen, pero el invierno se presenta como un horizonte oscuro. Si las rutas menos rentables desaparecen, aeropuertos secundarios que dependen del tráfico low cost —Reus, Murcia, Santander— perderán conectividad y actividad económica. La red de vuelos se concentrará en los grandes hubs, y la promesa de la Unión Europea de conectar regiones a bajo precio se desdibuja. De hecho, varias aerolíneas ya han empezado a recortar frecuencias invernales y a negociar con Aena condiciones más flexibles para mantener las licencias de vuelo.

queroseno precio

La lección de las crisis energéticas y el papel del IBEX 35

La historia no es nueva. Durante la crisis del petróleo de los años setenta, las aerolíneas redujeron velocidad, vaciaron bandejas de aceitunas para aligerar peso y descubrieron que volar barato era posible porque el combustible era abundante. Ahora, con la guerra en Irán, volvemos a una lección parecida. Detrás de cada billete de 20 euros siempre hubo una geopolítica del petróleo favorable, y esa premisa ha dejado de cumplirse. Las aerolíneas europeas que sobrevivan a esta sacudida lo harán con estructuras más caras y con menor presión competitiva para mantener tarifas artificialmente bajas.

En el panorama español, IAG, la matriz de Iberia y Vueling e integrante del IBEX 35, ofrece una comparativa interesante. Aunque su exposición al combustible también es alta, su negocio se apoya más en el largo radio y en rutas transatlánticas, donde puede repercutir mejor los costes. Además, su capacidad de negociación con proveedores y su flota diversificada le dan un colchón del que carece una aerolínea puramente de bajo coste. En nuestra redacción entendemos que IAG podría salir reforzada si la crisis elimina competidores, pero arriesga su división Vueling, que compite directamente con los precios de Ryanair. El veredicto, como siempre, lo pondrá la cuenta de resultados del semestre.

El modelo low cost no fue una conquista irreversible del consumidor, sino una operación financiera que dependía del coste del queroseno y de la estabilidad en Oriente Medio.

La reflexión que se abre es incómoda. Los vuelos baratos no desaparecerán de la noche a la mañana, pero la trayectoria apunta a una normalización hacia precios más altos. Si el conflicto se enquista, el viaje de 20 euros podría convertirse en una reliquia de un tiempo en que la energía era barata y el mundo, menos convulso. Para España, país de acogida turística, el impacto será doble: en la oferta de vuelos y en la percepción del destinom como una opción asequible. Dejémoslo en un ‘ya veremos’, pero con los ojos bien abiertos a los próximos movimientos de las aerolíneas.


Publicidad