Banco Sabadell ha encendido las alarmas entre su base de clientes menos vinculados. La entidad ha comenzado a aplicar un nuevo esquema de comisiones que, a partir del 1 de junio de 2026, penalizará con mayor dureza a quienes mantengan una relación meramente transaccional. Un movimiento que busca inyectar alrededor de 150 millones de euros adicionales en la línea de ingresos por servicios y, sobre todo, demostrar que la hoja de ruta independiente que trazó tras la fallida opa hostil de BBVA no es una quimera.
El banco presidido por Josep Oliu y liderado por César González-Bueno afila su rentabilidad. Según los nuevos folletos de tarifas depositados en la CNMV por el banco, los clientes que no alcancen un umbral mínimo de cinco productos contratados —incluyendo nómina, recibos, seguros o fondos— verán cómo su cuenta corriente pasa a costar hasta 15 euros al mes, frente a los 8 euros anteriores. La exención total queda reservada para quienes perciban ingresos recurrentes superiores a 2.500 euros y mantengan un saldo medio de 10.000 euros.
Un esquema tarifario que prima la vinculación
El ajuste no es un hachazo uniforme. Sabadell ha diseñado una segmentación quirúrgica que distingue entre perfiles de riesgo. La política de comisiones se endurece con especial intensidad en las cuentas ‘online’ y en las libretas de ahorro clásicas que apenas registran movimiento. Un nicho que, según datos del sector, representa aproximadamente el 18% de los 4,8 millones de clientes particulares que el banco declara en España.
La entidad no ha ocultado sus cartas. En la última presentación de resultados trimestrales, González-Bueno ya advirtió de que la fuga de ingresos por tipos de interés, anticipada para el segundo semestre del ejercicio, debía compensarse con un repunte de las comisiones. La nueva hornada de tarifas es la constatación de aquel aviso. No obstante, fuentes internas insisten en que el objetivo no es expulsar clientes, sino redirigirlos hacia canales digitales y paquetes de productos más integrados.
Reacción de los inversores: ¿por fin una hoja de ruta autónoma?
El mercado ha recibido la noticia con una mezcla de escepticismo y alivio. Sabadell cotiza en torno a los 2,30 euros por acción, un 15% por debajo del precio que BBVA llegó a poner sobre la mesa durante su ofensiva de adquisición. Para muchos gestores, la sobreprima de la opa ya no es un soporte y la cotización refleja la credibilidad del proyecto en solitario. “No bastará con subir comisiones; necesitan demostrar que el volumen de negocio no se resiente”, apunta un reciente informe de Alantra.
El verdadero termómetro estará en los datos de abandono de clientes del tercer trimestre. Si la tasa de cancelaciones supera el 3% interanual, la jugada podría volverse en contra. Pero si la migración hacia paquetes vinculados se acelera, Sabadell habrá dado un primer paso sólido. Por ahora, la acción ha sumado un tímido 0,4% en la sesión posterior al anuncio, lo que sugiere una aprobación condicionada.
El riesgo de la huida y el espejo de la gran banca
La maniobra de Sabadell no es original. CaixaBank, Santander y BBVA endurecieron sus políticas de comisiones hace varios trimestres, aunque siempre amparadas en la inflación de costes y la digitalización. La diferencia radica en el contexto. Sabadell juega una partida en la que cualquier error de cálculo puede interpretarse como una pésula insuperable tras el fracaso de la fusión. El banco necesita demostrar que su modelo de banca mediana, con fuerte presencia en pymes y empresas, puede generar una rentabilidad sobre capital tangible (RoTE) de al menos el 12% sin necesidad de un socio mayor.
Aquí reside el verdadero envite. El margen de intereses ya sufrió en el primer trimestre una contracción del 4,1%, y las comisiones netas representaron apenas el 22% de los ingresos totales, frente al 28% que muestran los dos grandes. La brecha es notable, pero también indica el potencial de recorrido si la estrategia sale bien. A mi juicio, el plan de subida de tarifas no es más que el prólogo de un ajuste más profundo que pasará por optimizar la red de oficinas —ya reducida a unas 1.200 sucursales— y redoblar la apuesta por la financiación al consumo, donde el banco aún tiene espacio.
Los inversores con memoria recuerdan que en 2020 Sabadell ya ensayó una política agresiva de comisiones que acabó provocando una hemorragia de clientes hacia los neobancos. Aquella herida tardó tres años en cicatrizar. Eso sí, en 2026 el arsenal digital ha cambiado. La aplicación móvil suma más de 3,2 millones de usuarios activos y los procesos de contratación de productos de vinculación se han simplificado hasta el punto de que un cliente puede pasar de ‘sin productos’ a ‘vinculado’ en menos de cuatro clics. El reto está en la comunicación y en evitar que el mensaje se perciba como un castigo.
Me inclino por pensar que Sabadell ha aprendido del pasado. La subida de comisiones a los menos vinculados era inevitable para defender un modelo de negocio que no puede sostenerse solo con el crédito. Pero la línea que separa la racionalidad comercial del riesgo reputacional es fina. Si la entidad es capaz de combinar esta política con un plan de fidelización convincente, habrá conseguido lo que busca: que los inversores dejen de mirar el espejo retrovisor de la opa y empiecen a creerse el nuevo capítulo de su libro de ruta. La primera prueba de fuego la tendremos en los resultados semestrales, previstos para finales de julio de 2026.




