Las empresas cotizadas y las tesorerías institucionales ya acumulan 7,3 millones de ethers (ETH), valorados en unos 16.000 millones de dólares. La cifra, que marca un máximo histórico, llega en un momento en el que los grandes fondos de inversión han normalizado la tenencia de criptomonedas y la economía tradicional ofrece tipos de interés a la baja. Este volumen equivale aproximadamente al 6 % de toda la oferta en circulación de ether, que ronda los 120 millones de unidades.
Cuánto ether guardan las empresas (y quiénes son)
Según un informe de la plataforma de datos on-chain Nansen, al que ha tenido acceso esta redacción, los 7,3 millones de ETH repartidos entre compañías cotizadas, gestoras de inversión y tesorerías de proyectos cripto suponen un salto notable desde los niveles de 2024. A modo de referencia, a principios de aquel año apenas se contabilizaban 3,5 millones de ETH en este tipo de entidades.
Buena parte de ese ether está bloqueado en staking —el mecanismo por el que se depositan 32 ETH como garantía para validar la red y recibir recompensas—, lo que añade un componente de rentabilidad pasiva, en en un contexto de tipos bajos. Eso sí, no solo los fondos de capital riesgo están detrás de esta acumulación: compañías como Meitu, que ya en 2021 sorprendió al mercado con una compra de 15 millones de dólares en ether, o firmas de inversión del calibre de Galaxy Digital han ido ampliando posiciones.
El perfil del tenedor corporativo se ha diversificado. Ya no son solo exchanges o mineros convertidos en validadores; ahora figuran desde empresas tecnológicas hasta family offices que buscan en el ether un activo con correlación moderada respecto a la renta variable y la posibilidad de obtener rendimientos sin vender.
Por qué las empresas se lanzan a por el ether
Varios factores confluyen para explicar esta fiebre de las tesorerías. El más evidente es la llegada de los ETF spot de ether, que desde julio de 2024 ofrecen una vía regulada y familiar para que gestoras y corporaciones añadan exposición a ETH sin necesidad de custodia propia.
A ello se suma la maduración regulatoria: normativas como MiCA en Europa y las sucesivas aprobaciones de la SEC en Estados Unidos han reducido la incertidumbre jurídica. Pero el factor diferencial frente a otros activos digitales es el propio protocolo de Ethereum. Desde que la red migró a prueba de participación en septiembre de 2022 con The Merge, la emisión neta de ether se ha reducido drásticamente y en muchos periodos incluso se ha vuelto deflacionaria (se queman más ether de los que se crean). Esto convierte al activo en un escaso recurso, lo que atrae a tesorerías que buscan protegerse de la inflación.
Y si a esa escasez programada le sumamos la posibilidad de obtener un rendimiento adicional mediante staking, el resultado es un activo que, a ojos de un director financiero, puede empezar a parecerse a un bono corporativo de alta calidad, aunque con más volatilidad.
El análisis: concentración, correlación y el espejo del oro digital
Conviene poner los datos en perspectiva de Ethereum. El salto desde 3,5 a 7,3 millones de ETH en apenas dos años recuerda, salvando las distancias, a la ola de acumulación de bitcoin por parte de MicroStrategy a partir de 2020. Aquello sentó un precedente sobre cómo una tesorería corporativa podía influir en la narrativa de un activo; ahora parece repetirse con ether.
Sin embargo, esta concentración de oferta en manos corporativas encierra un riesgo sutil: si unos pocos actores decidieran deshacer posiciones de forma simultánea, la presión vendedora sería considerable. Además, la mayoría de estas empresas utilizan servicios de custodia institucional como Coinbase Custody o Fireblocks y recurren a proveedores de staking líquido como Lido o Rocket Pool, lo que añade capas de intermediación que, aunque facilitan la gestión, también introducen dependencias.
No obstante, los datos apuntan a que estas tesorerías están adoptando estrategias de largo plazo, similares a las reservas de oro de los bancos centrales, aunque con una diferencia fundamental: el ether sigue siendo un activo joven y con una volatilidad histórica muy superior. Por eso, el optimismo que despierta la cifra de 16.000 millones de dólares debe leerse con cautela.
La gran pregunta abierta es si veremos en los próximos meses a un fondo soberano o a un gigante tecnológico añadir ether a sus balances de forma decidida. Si eso ocurriera, el umbral de los 20.000 millones en reservas corporativas podría quedar atrás con rapidez. Pero, de momento, lo que refleja el dato es un ecosistema que ha ganado la confianza de los grandes actores financieros sin hacer ruido, acumulando ether a un ritmo desconocido hasta ahora.




