BCE subida tipos: Stournaras defiende un incremento moderado para frenar inflación

El gobernador del Banco de Grecia apuesta por un alza limitada de los tipos para contener los precios sin asfixiar a las economías del euro. La guerra de Irán y la tensión en los bonos dividen al BCE ante su próxima reunión de junio.

El miembro del Consejo de Gobierno del BCE, Yannis Stournaras, ha puesto sobre la mesa una propuesta que busca el equilibrio: un aumento limitado de los tipos de interés para doblegar la inflación sin estrangular la actividad económica. La declaración, recogida por Bloomberg este viernes, llega en un momento de máxima tensión geopolítica, con la guerra de Irán encareciendo la energía y los mercados de bonos al borde del colapso.

La propuesta de Stournaras: un ajuste quirúrgico de los tipos

Stournaras, también gobernador del Banco de Grecia, ha defendido que un incremento de 25 puntos básicos sería suficiente para anclar las expectativas de inflación sin provocar un frenazo en seco. “Un movimiento pequeño enviaría la señal adecuada a los mercados y a los hogares sin poner en peligro la recuperación”, habría señalado en una entrevista que no ha dejado indiferente al seno del Eurobanco. La inflación de la zona euro se resiste a bajar del 3% en su componente subyacente, según los datos más recientes del BCE.

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El contexto no ayuda. Desde que Irán cerró el estrecho de Ormuz, los precios del petróleo se han disparado un 18% en lo que va de año, filtrándose a la cesta de consumo de forma inevitable. Eso ha reavivado los temores a una segunda ola de inflación que obligaría al BCE a actuar con mayor contundencia de la que inicialmente se había previsto para este 2026.

En este tablero complejo, la figura de Stournaras emerge como un contrapeso a las tesis más duras. No es la primera vez que el griego se alinea con la prudencia; ya en 2022 advirtió del riesgo de retirar estímulos demasiado rápido. La guerra de Irán le da ahora nuevos argumentos, y por eso su mensaje ha calado entre los inversores que temen una recesión.

El trasfondo: la guerra de Irán y la turbulencia en los bonos

Los mercados de deuda llevan semanas descontando un escenario de tipos altos durante más tiempo. La rentabilidad del bono alemán a diez años ha escalado al 4,2%, niveles que no se veían desde la crisis de deuda de 2011. Esta tensión se retroalimenta: el encarecimiento de la financiación presiona a los Estados más endeudados, como Italia, donde la prima de riesgo ha superado los 260 puntos básicos. Stournaras, conocido por su talante pragmático, insiste en que el BCE no puede ignorar esos efectos colaterales.

“La política monetaria actúa con rezago”, recordó en su intervención. “Si subimos demasiado ahora, corremos el riesgo de pasarnos de frenada cuando los efectos de la guerra empiecen a disiparse”. Esa cautela contrasta con las posiciones más agresivas de otros miembros, que abogan por un ajuste de al menos 50 puntos básicos para demostrar determinación. La fractura interna es evidente.

Una subida de tipos que pisa terreno desconocido

A mi juicio, el BCE se enfrenta a un dilema que no tiene un manual claro. Las subidas de tipos en periodos de guerra energética tienen poco precedente histórico comparable. La última vez que el banco central lidió con una perturbación externa de oferta —la crisis del petróleo de los setenta— la respuesta fue muy distinta y acabó alimentando la estanflación durante años. Hoy, la institución cuenta con herramientas más afinadas, pero la credibilidad se juega en cada decisión.

Lo que Stournaras propone es, en el fondo, una apuesta por gestionar la expectativa más que la realidad inmediata. Si los agentes económicos interpretan que el BCE no va a dejar desbocarse la inflación, las demandas salariales se moderarán y los márgenes empresariales se comprimirán antes incluso de que la subida de tipos haga su efecto. Bajo esa lógica, la dosis importa más que el tamaño del martillo.

Sin embargo, el riesgo de que la inflación se enquiste es real. Los sindicatos alemanes ya han presentado reivindicaciones de aumentos salariales del 7% para el próximo convenio, y en Francia los precios de los alquileres siguen escalando. Un alza insuficiente podría ser interpretada como debilidad, lo que forzaría al BCE a rectificar con una vuelta de tuerca aún mayor más adelante. Ese es el temor que recorre los despachos de Fráncfort.

En mi opinión, la postura de Stournaras es sensata pero expuesta al ruido geopolítico. Basta con que un nuevo incidente en el Golfo Pérsico dispare el crudo otros diez dólares para que la inflación proyectada se quede corta y el debate se incline hacia un endurecimiento más severo. El gobernador griego confía en que la moderación triunfe, pero el calendario no da tregua: la próxima reunión del Consejo de Gobierno está fijada para el 12 de junio, y para entonces los datos de inflación de mayo serán inapelables. Habrá que ver si el BCE escucha la voz de Stournaras o se deja arrastrar por el instinto de halcón que domina estos tiempos de incertidumbre.


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