El pacto entre la neerlandesa ASML y la india Tata Electronics abre a India la puerta de los chips avanzados, un mercado que mueve más de 600.000 millones de dólares al año. El anuncio, realizado este viernes, coloca al país asiático en la pugna por la soberanía tecnológica de los semiconductores, un tablero donde la concentración de la producción en Taiwán y Corea del Sur preocupa a gobiernos y grandes corporaciones desde hace años.
Claves de la operación
- ASML aporta la maquinaria de litografía más avanzada. La tecnología de los neerlandeses —la única capaz de fabricar chips de última generación— permite a Tata Electronics aspirar a nodos de 3 nanómetros o inferiores, un salto que ningún actor indio había dado.
- India gana peso en el tablero geopolítico. La entrada de ASML supone un respaldo estratégico de Europa a los planes de India para convertirse en un centro mundial de semiconductores, reduciendo la dependencia de Taiwán y China.
- La operación no detalla cifras de inversión. Aunque no se han difundido importes concretos, fuentes del sector apuntan a que harían falta más de 10.000 millones de euros en infraestructura para hacer viable la fabricación a esa escala.
El salto de India al club de los semiconductores avanzados
India llevaba años persiguiendo un hueco en la cadena de valor de los chips, pero sin la tecnología de litografía ultravioleta extrema —la que solo domina ASML— sus proyectos se quedaban en la gama media. La colaboración con Tata Electronics, uno de los conglomerados con más músculo industrial del país, cambia las reglas de juego. La alianza con ASML supone un salto cualitativo para las aspiraciones indias y sitúa al país en condiciones de competir con los grandes polos asiáticos.
Según ha confirmado la compañía neerlandesa en un comunicado oficial, el acuerdo incluye la instalación progresiva de equipos de litografía y la formación de ingenieros locales. No se habla de plazos ni de volúmenes de producción, pero el mero anuncio ha sido recibido con optimismo por los analistas, que llevan meses vigilando la expansión de India en el sector. El mercado global de semiconductores supera los 600.000 millones de dólares anuales, según la patronal SIA, y la capacidad de fabricación está muy concentrada: más del 60% depende de Taiwán y Corea del Sur.
La operación se enmarca, además, en un contexto de reorganización profunda de las cadenas de suministro. Tras la pandemia, las tensiones entre China y Occidente y, más recientemente, las sanciones al acceso de Pekín a la tecnología de litografía, los grandes fabricantes de chips buscan nuevos emplazamientos. India, con su mano de obra abundante y una administración que ofrece incentivos millonarios, se convierte en una opción cada vez más atractiva.
Europa observa la jugada: la disputa por atraer a los gigantes del chip
Mientras India celebra la firma, el movimiento de ASML no pasa desapercibido en Bruselas. La Unión Europea tiene sus propios planes para duplicar su cuota de producción mundial de semiconductores hasta el 20% en 2030, y la decisión de su tecnológica de bandera de colaborar con el gigante asiático puede interpretarse como un aviso: el capital y la tecnología irán donde encuentren las condiciones más favorables. La UE se juega su autonomía estratégica en el desarrollo de fábricas locales, con inversiones previstas de más de 43.000 millones de euros en el marco del Chips Act.
Sin embargo, el acuerdo con Tata Electronics también tiene una lectura de contención. India mantiene buenas relaciones con Washington y los Veintisiete, y su apuesta por el sector semiconductor se alinea con los intereses occidentales de reducir la influencia china. En ese sentido, que ASML —controlada por accionistas europeos y estadounidenses— refuerce la posición india no es incompatible con la agenda de Bruselas, sino una pieza más en la diversificación del mapa mundial de chips.

El verdadero giro no está en la tecnología, sino en la configuración de un nuevo eje de producción que desafía el orden mundial de los semiconductores.
España y el PERTE: qué significa la apuesta india para la ambición europea
El movimiento de ASML y Tata Electronics coloca a España ante un espejo incómodo. Nuestro país ha apostado fuerte por los fondos europeos del PERTE Chip, con más de 12.000 millones de euros comprometidos, pero los resultados tangibles se hacen esperar. Mientras India atrae al principal fabricante de máquinas de litografía, España sigue haciendo encaje de bolillos con proyectos como la fábrica de Bosch en Barcelona o el centro de IMEC en Málaga, que avanzan a ritmo desigual. De hecho, la promesa de una planta de gran escala en suelo español, como la que barajó Intel, se ha diluido en el aire.
La competencia por atraer inversión en semiconductores es feroz y cada movimiento de los gigantes asiáticos revela la dificultad de Europa para imponer sus condiciones. Cuando ASML firma con India, está enviando una señal de que la carrera no la ganará quien más presupuesto destine, sino quien ofrezca un ecosistema más ágil: menos burocracia, licencias más rápidas y una red de proveedores competitiva. En ese terreno, España aún tiene mucho camino por recorrer.
La historia reciente de nuestro país con la industria del silicio no es nueva. En los años noventa, la entonces emergente fábrica de chips de AT&T en Tres Cantos cerró sus puertas apenas unos años después de su inauguración, un episodio que dejó una profunda cicatriz en el sector. Hoy, con la nueva estrategia india sobre la mesa, aquella lección vuelve a cobrar relevancia: no basta con atraer inversión, hay que ser capaces de retenerla y hacerla crecer. El tiempo dirá si el PERTE Chip logra ese objetivo, pero el espejo indio nos muestra que la partida está más abierta que nunca.




