La volatilidad de la guerra de Irán podría acelerar el rápido crecimiento de la energía renovable

Con la guerra de Irán se ha reavivado el debate de la dependencia energética. Las energías renovables aún así cuentan con retos estructurales como los cuellos de botella en las redes.

Esta es la principal conclusión de la última nota de BloombergNEF que apunta a que las energías renovables, que ya estaban experimentando un desarrollo catapultado por su mejora en la competitividad respecto al modelo fósil, podrían verse beneficiadas de conflictos que producen shocks energéticos como la guerra de Irán. 

Las crisis como la de Irán fuerzan la búsqueda de refugios tecnológicos

En este contexto, los analistas subrayan que los episodios de inestabilidad geopolítica suelen actuar como catalizadores de cambios estructurales en los sistemas energéticos. El encarecimiento del petróleo y el gas, unido a la incertidumbre sobre el suministro, empuja tanto a gobiernos como a empresas a replantear sus estrategias energéticas a medio y largo plazo. La consecuencia inmediata es un renovado interés por tecnologías que ofrecen mayor previsibilidad de costes y menor exposición a tensiones internacionales, como podrían ser las vinculadas a las energías renovables

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La energía solar y la eólica, en particular, se posicionan como las grandes beneficiadas de este escenario. Según datos de Bloomberg, en los últimos años, ambas han experimentado una reducción sostenida de costes, lo que las ha convertido en alternativas cada vez más competitivas frente a los combustibles fósiles. A esto se que suma a que en referencia del gas o el petróleo, cuya cotización depende en gran medida de factores externos, las renovables ofrecen una mayor estabilidad una vez instaladas, lo que resulta especialmente atractivo en tiempos de volatilidad como los actuales.

Irán continúa elevando el riesgo de un nuevo shock energético global

Por lo que, con la guerra de Irán se ha reavivado el debate de la dependencia energética, ya que aún existen muchos países muy expuestos y dependientes a las importaciones de los hidrocarburos; es decir, vuelve un concepto que se repitió mucho durante la crisis energética durante la invasión rusa de 2022: la seguridad energética. En este sentido, en Europa y Asia, regiones especialmente expuestas a estas dinámicas, los gobiernos están reforzando sus políticas para reducir esa dependencia. En definitiva, ya el despliegue de capacidad renovable no solo responde a objetivos climáticos, sino también a una estrategia de autonomía energética.

Además, el informe menciona que con el aumento de presencia renovable y la búsqueda de la independencia energética, se abre una puerta hacia la electrificación de la economía, ya que sectores como el transporte, la calefacción o la industria están especialmente expuestos a la volatilidad de los precios de la energía propiciado por crisis internacionales como la iraní. De esta forma, el informe sostiene que estos sectores podrían acelerar su transición hacia soluciones eléctricas con tecnologías como los vehículos eléctricos o las bombas de calor, debido al entorno internacional incierto.

Bandera de Iran manchada de petroleo Fuente Merca2 Merca2.es
Bandera de Irán con petróleo. Fuente: Merca2

Dificultades en el impulso de renovables

No obstante, el informe también advierte de que este impulso no está exento de desafíos. El desarrollo de infraestructuras, las redes eléctricas y el almacenamiento de energía siguen siendo cuellos de botella que podrían limitar la velocidad de despliegue. Asimismo, las tensiones en las cadenas de suministro, agravadas por conflictos internacionales, pueden afectar a la disponibilidad de materiales clave para la fabricación de paneles solares o aerogeneradores.

A pesar de estas dificultades, la tendencia general parece clara. Datos de Bloomberg sostienen que las crisis energéticas, lejos de frenar la transición, tienden a acelerarla. La combinación de costes competitivos, seguridad de suministro y objetivos climáticos configura un escenario en el que las energías renovables no solo mantienen su crecimiento, sino que podrían intensificarlo en los próximos años.

Por lo que, en definitiva, la guerra de Irán se perfila como un nuevo punto de inflexión en la transformación del sistema energético global. Si bien sus efectos a corto plazo se traducen en volatilidad y tensiones en los mercados, a largo plazo podría consolidar el avance de un modelo más sostenible, resiliente y menos dependiente de los combustibles fósiles.


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