Decir Alberto Chicote es pensar irremediablemente en ‘Pesadilla en la cocina’. Después de más de ocho años mostrando a la audiencia los desmanes de los restaurantes y bares que han salido en el programa, el éxito parece asociado a su propuesta. O no. Porque no todos los negocios que dieron la bienvenida al televisivo chef han remontado el vuelo. Algunos de estos fracasos de Alberto Chicote han sido tan mediáticos como sus correspondientes episodios de suciedad, malas formas y degradación de la profesión. Hoy visita ‘El Hormiguero’ para presentar su nuevo libro de recetas «Cocina de Resistencia. Las mejores recetas para no desperdiciar nada» que sale a la venta el próximo 28 de abril.
¿Sirve de algo Pesadilla en la Cocina?
Existe cierto paralelismo entre las personalidades de Gordon Ramsey y Alberto Chicote. Quizás por ello el chef español fue el elegido para conducir y protagonizar la adaptación inglesa. Tiene experiencia en la gestión de negocios de restauración, cuenta con un buen equipo, y además tiene carisma para estar en pantalla. Lo demostró con otros programas anteriores, aunque nunca llegó a hacer sombra a Karlos Arguiñano, el imbatible (e incombustible).
Ahora bien, el invitado de ‘El Hormiguero’ de esta noche también igual con el inglés el porcentaje de negocios que lamenta el paso del chef y la televisión por sus cocinas. Más del 70% de los locales expuestos no han notado el efecto ‘Chicote’. Algunos, incluso, todo lo contrario. Hay fracasos muy llamativos de locales que tuvieron que cerrar poco después del paso del chef por las cocinas.
Una asociación para canalizar el descontento con Alberto Chicote y su programa
Hasta tal punto ha llegado el fracaso de Alberto Chicote con algunos restaurantes que incluso los que cerraron y quedaron descontentos con el programa se han unido en contra del chef. La Asociación de Afectados por Pesadilla en la Cocina formalizó una denuncia conjunta con el programa y el cocinero por lo que ellos consideraban una estafa: manipulación, guión, echar por tierra su imagen… Quienes han seguido desde el principio el formato, se habrán percatado de que evidentemente, algo de todo ello hay. El propio Chicote ha reconocido que en ocasiones le cuesta salir a cenar porque los responsables creen que va de incógnito para alguno de sus proyectos televisivos.
¿Qué denuncian los miembros de esta asociación contra Alberto Chicote? En primer lugar, que lo que les dicen para captarlo -porque no son los restaurantes quienes llaman al chef-, no se corresponde con lo que después firman: un contrato muy abusivo, que si rompen, además, supondría la ruina económica para ellos. En segundo lugar, que aunque les muestran una serie de cambios, después los dejan a su suerte sin otros conocimientos, formación o seguimiento.
La sidrería La Habana, en Gijón, cerró antes de la emisión
La dinámica de la gran obra de Alberto Chicote para televisión, Pesadilla en la Cocina, parte de una premisa: el invitado de hoy a ‘El Hormiguero’ se presenta en el susodicho negocio para salvarlo de una deriva de decadencia y ruina. Y lo hace con los conocimientos en gestión y marketing del chef Chicote, que durante más de dos décadas ha llevado al éxito a algunos restaurantes de referencia en Madrid.
Para ello, cámara y equipo al hombro, muestra a los espectadores todo lo que se encuentra supuestamente cuando llega: luchas, suciedad, mala gestión… La base está en generar imágenes impactantes y dinámicas negativas para que los espectadores se enganchen. Después de los momentos de crisis, y hablar Chicote con todos, hace la renovación y hace obrar el milagro de que todo va bien. O no. Porque como en el caso de la sidrería La Habana, en Gijón, la diferencia entre grabación y emisión dio uno de los más sonoros fracasos del chef: cuando se emitió ya había cerrado.
Cool Place y Alberto Chicote
Hay restaurantes de ‘Pesadilla en la cocina’ que pasarán a la historia televisiva, ya sea por el nivel de suciedad o bien por el grado de excentricidad del local o de los dueños. Este segundo caso es el de Cool Place, un ostentoso restaurante montado a todo lujo en Rivas-Vaciamadrid que lo único que había conseguido era vaciar las arcas de su inexperto propietario. Envuelto en deudas, llegó Alberto Chicote para revolucionar el gallinero y evitar a toda costa la ruina.
Hay que reconocer que Chicote se implica en cada proyecto, habla con los empresarios y con los empleados para ver dónde puede rascar, en todos los sentidos. Sin embargo, aquí lo único que se pudo confirmar es que la ruina era inevitable.
Fracasos de Pesadilla en la Cocina: El Castro de Lugo, en Madrid
No es fácil mantener este tipo de programas en antena, y menos con un formato que tiende a la estandarización. Con el objetivo de no caer en esta dinámica, Alberto Chicote optó por buscar casos de restaurantes cada vez más complicados, lo que en la mayoría de los casos implicaba mayores niveles de suciedad y podredumbre.
El Castro de Lugo, un restaurante de Madrid especializado en cocina gallega fue uno de estos ‘agraciados’ que se ha convertido en uno de los fracasos más estrepitosos del invitado de hoy de Pablo Motos a ‘El Hormiguero’. Aquí volvían a confluir un dueño con un carácter débil, empleados que hacen lo que les da la gana, y muchas deudas. Poco después de la emisión del programa, tuvo que echar el cierre definitivo.
Irlanda, el mayor dolor de cabeza de Alberto Chicote
Manoli, la propietaria del Restaurante Irlanda de El Ferrol, ha sido uno de los mayores fracasos de Alberto Chicote, y uno de sus mayores dolores de cabeza. No se trata sólo de que se enfrentara al chef en el programa, es que ha sido a posteriori una de las grandes avanzadillas de la asociación que les ha denunciado. Cuando llegó el equipo de ‘Pesadilla en la cocina’, las críticas que recibía el local eran cuanto menos preocupantes. Posteriormente, tras la emisión, fueron a más. Lleva años cerrado.


































