Seaya Nova ya ha firmado su primera operación: 71 millones de euros en la fintech alemana Pliant.
El nuevo vehículo de growth de la gestora española ha coliderado la ronda serie C de la compañía berlinesa, cerrada en 80 millones de dólares, algo más de 71 millones de euros al cambio actual. Lo hace junto a Speedinvest y con la entrada en el capital de Illuminate Financial, Motive Partners y Molten Ventures. La operación la avanzó Cinco Días.
Pliant no es una promesa recién empaquetada. Fundada en Berlín en 2020, ha construido una plataforma modular de pagos B2B que permite a empresas, bancos y otras entidades financieras emitir tarjetas corporativas, abrir cuentas de pago, operar en varias divisas y automatizar el control del gasto. Todo integrado en los sistemas del cliente a través de API. Ahí está la clave del negocio: Pliant no compite por el usuario final, compite por ser la fontanería sobre la que otros montan sus productos.
La cifra que sostiene la ronda: 100 millones de ARR
La compañía ha duplicado su negocio durante tres ejercicios consecutivos y acaba de rebasar los 100 millones de dólares de ingresos recurrentes anuales. Tiene más de 300 empleados repartidos en ocho oficinas y procesa cada año pagos por valor de miles de millones de dólares para clientes de viajes, seguros, tecnología, banca y software en Europa y Norteamérica.
Ese perfil —crecimiento alto, ingresos recurrentes y clientela empresarial— es el que Seaya Nova dijo que buscaría cuando presentó el fondo. Y no es capital semilla: es un billete a la fase en la que una compañía decide si se convierte en infraestructura del sistema o se queda en proveedor de una función concreta.
Pliant no vende tarjetas: vende la fontanería sobre la que otras empresas construyen sus pagos, y esa posición se paga cara.
El dinero tiene destino declarado. La mayor parte financiará la expansión internacional, con foco en Estados Unidos y Canadá, la apertura de nuevos mercados y el desarrollo de las soluciones de pago basadas en inteligencia artificial, que la empresa sitúa ya como su principal vector de crecimiento.
De Berlín a Norteamérica: el plan del capital

La tesis no consiste en meter IA en los pagos y esperar a que pase algo. Consiste en dar a los modelos capacidad de ejecución. Pliant está incorporando agentes capaces de automatizar tareas financieras recurrentes y permite conectar agentes externos —desde asistentes como ChatGPT o Claude hasta desarrollos propios de cada empresa— a una infraestructura de pagos regulada, con los controles y la supervisión que exige mover dinero ajeno.
Malte Rau, CEO y cofundador, lo resume con una idea: la compañía nació como plataforma modular ‘concebida en torno a las API’ y la ronda servirá para dar ‘acceso directo a los agentes de IA a una mayor parte de nuestra infraestructura’. El cliente objetivo, dice, va desde la empresa consolidada que quiere automatizar pagos con los controles adecuados hasta la compañía nativa de IA que necesita un socio regulado que avance a su mismo ritmo.
Vinoth Jayakumar, managing partner de Seaya Nova, añade el argumento de inversión: cuanto más peso tiene la IA en la forma en que las empresas mueven su dinero, más valor cobra la capa que opera bajo licencia. Es una manera elegante de decir que el foso defensivo no está en el modelo, sino en el cumplimiento normativo.
Un fondo de 600 millones con prisa por desplegar
El calendario importa tanto como el cheque. Seaya Nova invierte apenas dos semanas después de su puesta de largo, tras completar en seis meses un primer cierre de 600 millones de euros. El vehículo, liderado por Beatriz González —fundadora de la gestora— y por el propio Jayakumar, escribe tickets de entre 20 y 50 millones por compañía, liderando o coliderando series B a D de tecnología europea con modelos probados y ambición global.
Para Seaya supone un salto de escala. La gestora madrileña se ha construido invirtiendo en etapas iniciales y ahora entra en la liga del capital de crecimiento, un terreno donde hasta hace poco solo competían casas americanas con oficina en Londres. Detrás está el Fondo Europeo de Inversiones, a través de la European Tech Champions Initiative, junto a inversores institucionales, corporativos y family offices.
La iniciativa pública existe por una razón concreta: Europa lleva una década viendo cómo sus mejores compañías tecnológicas se financian en Estados Unidos a partir de la serie C. Ahí está la promesa y ahí está el riesgo. Un fondo con 600 millones comprometidos tiene presión por desplegar, y hacerlo rápido en un mercado donde escasean las empresas europeas capaces de absorber tickets de 50 millones empuja los precios hacia arriba.
La primera operación tiene además un matiz que conviene no ignorar. El vehículo se presenta como instrumento para construir campeones europeos y su primer cheque va a una compañía cuyo plan de crecimiento está en Estados Unidos y Canadá. No es una contradicción, porque la tesis habla de empresas europeas con ambición global, pero sí una señal de dónde está el crecimiento real y de dónde queda el relato.
El otro flanco es la competencia. El negocio de pagos y gasto empresarial tiene nombres consolidados —Pleo, Spendesk, Moss, y Airwallex— y varios gigantes del software dispuestos a regalar la capa de pagos para retener al cliente. Pliant apuesta por lo contrario: cobrar por la infraestructura y mantenerse neutral. Funciona mientras el regulador complique la vida a los que improvisan.
Queda una pregunta que no se resuelve con un comunicado. Si el capital de crecimiento europeo empieza a financiar las series C y D en casa, el ecosistema gana autonomía y deja de vender sus mejores activos antes de tiempo. Si los 600 millones de Seaya Nova sirven sobre todo para que una empresa alemana aterrice en Norteamérica, el efecto también es real, aunque más difícil de explicar en un folleto de inversión. La prueba llegará con las próximas operaciones del vehículo y con la evolución del negocio de Pliant a lo largo de 2027, cuando tendrá que demostrar que duplicar ingresos recurrentes fuera de su mercado natural sigue siendo posible.




