Goldman Sachs ha puesto fecha de caducidad al optimismo. Christian Mueller-Glissmann, responsable de estrategia de asignación de activos del banco estadounidense, advirtió esta semana en Bloomberg que el rally bursátil de los últimos meses tiene los días contados si los bancos centrales no aflojan. Sin bajadas de tipos, no hay combustible para seguir subiendo.
La tesis es directa: los mercados han descontado un escenario de aterrizaje suave que todavía no se ha materializado. Las bolsas europeas acumulan ganancias del 11% en lo que va de año, y Wall Street no se queda atrás. Pero ese impulso se alimenta de expectativas, no de hechos consumados. Y las expectativas, cuando se estiran demasiado, se rompen.
El BCE y la Fed, bajo el foco de Goldman Sachs sobre tipos de interés
Mueller-Glissmann no se anduvo con rodeos. En su intervención, señaló que tanto el Banco Central Europeo como la Reserva Federal deben relajar su política monetaria para que la recuperación bursátil de 2026 tenga recorrido real. El problema es que ninguno de los dos parece tener prisa.
El BCE mantiene los tipos en el 3,25% desde febrero, tras el recorte de 25 puntos básicos que cerró el ciclo de bajadas iniciado en septiembre de 2024. Christine Lagarde ha repetido en las últimas semanas que la inflación subyacente sigue por encima del objetivo y que no habrá movimientos hasta que los datos lo justifiquen. El mercado esperaba al menos dos recortes adicionales antes del verano. No va a ocurrir.
En Estados Unidos, la situación es similar. La Fed dejó los tipos sin cambios en marzo, y Jerome Powell insistió en que la economía estadounidense sigue mostrando resistencia. Demasiada, según algunos analistas, como para justificar un alivio monetario inmediato. El empleo aguanta, el consumo no cede y la inflación de servicios se resiste a bajar del 3%.
Un rally que vive de prestado
Lo que Goldman Sachs pone sobre la mesa no es un pronóstico catastrofista. Es una advertencia sobre la fragilidad del consenso actual. Los inversores han comprado la narrativa de que los tipos bajarán, de que la inflación está controlada y de que los beneficios empresariales seguirán creciendo. Pero esa narrativa necesita confirmación.
Y la confirmación no llega.
En Europa, los resultados del primer trimestre están siendo mixtos. El sector bancario aguanta gracias a los márgenes de interés todavía elevados, pero el consumo discrecional sufre. Las empresas industriales europeas han recortado guías para el segundo semestre, y el sector tecnológico —motor del rally en 2025— empieza a dar señales de agotamiento.

El Stoxx 600 ha perdido un 2,3% en las últimas dos semanas. No es una corrección severa, pero es la primera señal de que el mercado empieza a cuestionar sus propias premisas. Goldman Sachs no es el único que ve grietas. Morgan Stanley publicó la semana pasada un informe similar, rebajando su recomendación sobre renta variable europea de overweight a neutral.
El dilema de los bancos centrales y el riesgo de no actuar
Aquí está la paradoja que Mueller-Glissmann no menciona explícitamente pero que subyace a todo su análisis: los bancos centrales tienen margen para bajar tipos, pero no están seguros de querer usarlo.
La inflación ha caído, sí. En la eurozona ronda el 2,4% en marzo, según Eurostat. En Estados Unidos, el IPC general se situó en el 2,7%. Ambas cifras están lejos del pico de 2022, pero también lejos del 2% que marcan como objetivo. Y hay componentes —energía, alimentos frescos, servicios— que siguen siendo volátiles.
Si el BCE recorta tipos y la inflación repunta, Lagarde tendrá un problema de credibilidad. Si no los recorta y la economía se enfría más de lo previsto, el problema será de crecimiento. Lo mismo aplica a Powell. Los bancos centrales están en una posición incómoda: cualquier movimiento tiene costes, y la inacción también.
Lo que Goldman Sachs está diciendo, en el fondo, es que el mercado ha apostado por un escenario que depende de decisiones que aún no se han tomado. Y que si esas decisiones no llegan, la apuesta pierde.
La sostenibilidad del rally bursátil, en entredicho
He visto este patrón antes. En 2019, los mercados subieron anticipando recortes de tipos que finalmente llegaron. En 2023, subieron anticipando recortes que tardaron más de lo esperado. La diferencia ahora es que el ciclo de subidas fue más agresivo, las valoraciones están más ajustadas y el margen de error es menor.
El PER del S&P 500 ronda las 21 veces beneficios, por encima de su media histórica. El Eurostoxx 50 cotiza a 14 veces, más razonable, pero con un crecimiento de beneficios esperado del 4% para 2026 que podría no cumplirse si la demanda flaquea. Las valoraciones actuales solo tienen sentido si los tipos bajan y los beneficios suben. Si una de las dos patas falla, el edificio se tambalea.
Goldman Sachs no está diciendo que el mercado vaya a caer. Está diciendo que el mercado necesita ayuda para seguir subiendo. Y que esa ayuda no está garantizada.
La próxima reunión del BCE será el 5 de junio. Para entonces, Lagarde tendrá los datos de inflación de abril y mayo, y una idea más clara de cómo evoluciona la economía europea. Si decide mantener tipos, el mercado tendrá que ajustar expectativas. Y los ajustes de expectativas, en bolsa, rara vez son indoloros.
























































