He revisado los últimos datos de inversión del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) en Asia Central y el volumen ya supera los 2.000 millones de dólares solo en 2025, concentrado en gran medida en Uzbekistán. Pero lo que realmente me llama la atención no son las cifras, sino el movimiento geopolítico que esconden: la región se está convirtiendo en un laboratorio energético que podría reconfigurar el aprovisionamiento europeo mucho antes de lo que muchos analistas en Bruselas esperaban.
La apuesta de Tashkent por atraer capital extranjero a sus proyectos de generación y redes es, de facto, un test para ver si Asia Central puede dejar de ser un mero corredor de recursos y pasar a ser un proveedor estratégico para Europa. Y los números, por ahora, respaldan la ambición.
Uzbekistán lidera el desembarco inversor con un plan eléctrico ambicioso
Durante el Tashkent International Investment Forum (TIIF), el presidente Shavkat Mirziyoyev dejó claro que las energías renovables no son una opción cosmética: su objetivo es que representen el 54% de la generación eléctrica en 2030. Para respaldarlo, el país ya ha atraído casi 6.000 millones de dólares en inversión extranjera en proyectos verdes, y planea destinar otros 4.000 millones a la modernización de las redes de transmisión.
Las cifras del BERD ilustran la escala del compromiso. En 2025, la institución invirtió casi 2.000 millones de dólares en 120 proyectos en Asia Central y Mongolia, de los cuales más de la mitad fueron inversiones clasificadas como verdes. Solo en Uzbekistán, el BERD canalizó más de 1.000 millones de dólares, con proyectos emblemáticos como:
- Un préstamo de 142 millones de dólares para una planta solar fotovoltaica de 1 GW y un sistema de almacenamiento de baterías de 1.336 MWh, desarrollada junto con ACWA Power.
- Un paquete de financiación de hasta 195,5 millones de dólares para una planta solar de 300 MW y baterías de 75 MWh, construida por Masdar en la región de Kashkadarya.
- El objetivo de elevar la generación eléctrica de 82.000 millones de kilovatios-hora a más de 120.000 millones en cinco años, respondiendo a una demanda industrial y digital creciente.
No se trata solo de instalar paneles. Como señaló Huseyin Ozhan, Managing Director del BERD para Asia Central y Mongolia, la receta combina dos ingredientes indisociables: inversión y reforma regulatoria. La mayoría de los países de la región ya han adoptado estrategias de descarbonización a largo plazo, pero el verdadero desafío es transformar esos planes en contratos, licitaciones y flujos de caja.
“If you were to say how we are going to do it in one word, that’s renewables.” — Huseyin Ozhan, Managing Director para Asia Central y Mongolia del BERD, en entrevista con Euronews durante el TIIF
El factor nuclear: cómo Uzbekistán diversifica más allá de las renovables
Las renovables son el eje, pero no toda la historia. El pasado junio, Uzbekistán inició la construcción de su primera central nuclear en la región de Jizzakh, con un diseño que combina dos reactores grandes de unos 1.000 MW cada uno y dos reactores modulares pequeños de 55 MW. Es un movimiento que suma una fuente de carga base baja en carbono a un mix donde el 75% de la electricidad aún proviene del gas natural.
Sama Bilbao y León, Directora General de la World Nuclear Association, lo explicó en el mismo foro: el país quiere preservar ese gas para otras aplicaciones industriales y, al mismo tiempo, necesita una fuente fiable para sostener el crecimiento. La nuclear encaja en esa ecuación.
“In the case of Uzbekistan, this is a country with 75% of its electricity coming from natural gas and with a desire to use that natural gas for other applications. This is where nuclear energy is going to take a very important role.” — Sama Bilbao y León, Directora General de la World Nuclear Association, en entrevista con Euronews
La combinación de solar, almacenamiento y nuclear no es habitual en los mercados emergentes, y aquí radica la singularidad del experimento uzbeko. Si funciona, sentará un precedente para Kazajistán y Turkmenistán, que observan con interés el modelo de financiación mixta y asociaciones público-privadas.
🌐 El efecto dominó en Occidente
Para Europa, la ecuación es sencilla pero cargada de geopolítica: Asia Central puede convertirse en una fuente alternativa de energía y, sobre todo, de independencia del gas ruso. Aunque los grandes corredores de interconexión —como el Caspio— aún necesitan inversión y voluntad política, los proyectos en Uzbekistán son la primera piedra de un puente energético que Bruselas lleva años buscando.
En términos concretos, el impacto para España es indirecto pero no irrelevante:
- Una mayor oferta de gas y electricidad baja en carbono en el mercado europeo ejerce presión a la baja sobre los precios mayoristas, beneficiando a la industria electrointensiva española y reduciendo la volatilidad del pool eléctrico.
- Los fabricantes españoles de equipos renovables y componentes de red pueden encontrar en Asia Central un mercado de exportación con contratos de largo plazo, siempre que las licitaciones se abran a proveedores europeos.
- El éxito de la hibridación renovable-nuclear en Uzbekistán podría acelerar el debate sobre el papel de la energía nuclear en el mix europeo, especialmente en países como España que mantienen un calendario de cierre de centrales.
El test está en marcha. Si Tashkent consigue ejecutar su cartera de proyectos con el respaldo del BERD y otros inversores, la UE habrá encontrado en su periferia euroasiática una pieza clave para su autonomía estratégica. Y eso, en el tablero energético de 2026, es una noticia de primer orden.




