José Luis Alabau, experto en medicina china con décadas de experiencia, propone justo lo contrario a lo que solemos hacer: parar. Escuchar. Mirar hacia dentro. Y no como una moda o una frase bonita, sino como algo casi imprescindible si de verdad queremos entender qué nos pasa.
Su idea, de entrada, descoloca un poco. La enfermedad no es un fallo. Es un mensaje. Y sí, suena fuerte. Pero cuanto más lo piensas, más sentido empieza a tener.
La enfermedad no viene a fastidiar

Una de las cosas que más llaman la atención de su enfoque es que rompe con esa idea tan extendida de que el cuerpo “se equivoca”. Para él, no. El cuerpo no falla. El cuerpo avisa.
“Una enfermedad no es un error”, dice. Y claro… te obliga a replantearte algo: ¿y si en lugar de luchar contra lo que sentimos, tuviéramos que entenderlo primero?
Según explica, el cuerpo tiene una capacidad enorme para repararse. Pero hay algo que lo bloquea constantemente: el estrés, el miedo, esa tensión que llevamos encima casi sin darnos cuenta. Cuando eso se instala, el organismo cambia el chip. Pasa de reparar… a sobrevivir.
Y ahí es donde empieza a torcerse la cosa.
No de golpe. Poco a poco. Como todo lo importante.
El Chi y esa sensación de estar “atascado”

Aquí entra el famoso Chi. Que sí, muchas veces lo traducen como “energía”, pero Alabau lo explica de otra forma más aterrizada: es todo lo que hace que la vida funcione dentro de ti sin que tengas que pensarlo.
Cuando ese flujo va bien, todo encaja. Pero cuando se bloquea… se nota. Y mucho.
Él lo compara con un río. Si el agua fluye, todo está en equilibrio. Pero si se estanca… empiezan los problemas.
“Lo más peligroso es el estancamiento del chi”, advierte.
Y aquí es donde, sin darte cuenta, conectas con algo muy cotidiano. Porque… ¿quién no se ha sentido alguna vez bloqueado? Como si no avanzara. Como si algo no terminara de encajar.
Esa sensación de estar “ahí”, pero sin estar del todo.
Pues bien, según esta visión, eso no es solo mental. También es físico. Y puede ser el inicio de muchas cosas.
Siempre haciendo… y casi nunca siendo

Vivimos haciendo cosas. Todo el tiempo. Trabajar, responder, cumplir, llegar a todo. Y si no haces… parece que estás perdiendo el tiempo.
Pero, ¿cuándo fue la última vez que simplemente estuviste?
“Estamos en el hacer más que en el ser”, dice Alabau.
Y no es solo una reflexión bonita. Tiene consecuencias reales. Porque si no paras, no escuchas. Y si no escuchas… el cuerpo sube el volumen.
Primero con señales pequeñas. Cansancio. Nervios.
Luego, si seguimos sin hacer caso… viene lo demás.
Lo curioso es que lo que propone no es nada extraordinario: estar presente. Sentir. Parar un momento.
Ir a la raíz

Alabau no habla solo desde la teoría. Cuenta su propia historia. Estuvo al borde de la muerte por un problema digestivo grave. Y lo más impactante no fue eso… fue darse cuenta de que su enfermedad tenía mucho que ver con su pasado. Con su historia. Con heridas que llevaba tiempo ignorando.
“Hay que trabajar desde la raíz… la rama es el síntoma”, explica.
Y claro, ahí ya no hay escapatoria fácil. Porque implica mirar hacia dentro de verdad. Revisar. Entender. Perdonar incluso.
No es rápido. Ni cómodo. Pero ahí, según él, empieza el cambio de verdad.
Volver al centro
Al final, su mensaje no es una fórmula mágica. No hay recetas cerradas. Hay algo más simple… y más profundo.
Bajar el ruido. Escuchar el cuerpo. Cuestionar lo que sentimos.
Y, sobre todo, dejar de poner nuestra salud siempre en manos de fuera.
“La llave la tenemos nosotros”, dice.
Y quizá tenga razón.
Porque en el fondo todos sabemos cuándo algo no va bien. Solo que a veces preferimos no escucharlo.






