El teletrabajo se ha desinflado como promesa universal, pero no ha desaparecido del mapa laboral español. Los últimos informes de InfoJobs y Esade situaban en torno al 11% las vacantes que ofrecían trabajo en remoto en 2025, prácticamente la mitad del pico alcanzado en los años de pandemia, aunque muy por encima del exiguo 4% previo a 2019. El mensaje que llega desde las empresas es claro: el 100% remoto se convierte en rareza y el modelo híbrido se consolida como punto de equilibrio, pero con menos días desde casa y más presencia obligatoria.
La caída de la productividad percibida: el argumento de la patronal
En esa reconfiguración del mapa laboral, la patronal ha encontrado un hilo del que tirar: la productividad percibida. Informes de CEOE sobre tendencias de recursos humanos señalan el teletrabajo como uno de los grandes desafíos de gestión para 2024 y 2025, al exigir nuevas formas de controlar procesos, coordinar equipos y asegurar el rendimiento. A esta preocupación se suma el aumento sostenido del absentismo, que Manpower y CEOE sitúan ya en el 6,7% de las horas pactadas en 2024, un coste que muchas compañías vinculan a una menor vinculación con la oficina, aunque la relación causal no esté demostrada.
En paralelo, los estudios de InfoJobs reflejan la incomodidad de parte del tejido empresarial ante equipos demasiado dispersos. Casi la mitad de las compañías encuestadas considera que el teletrabajo complica la coordinación interna, y solo un tercio cree que la facilita, lo que alimenta el discurso de que “se pierde control” cuando la plantilla no está físicamente en la oficina. Para muchas pymes, sin grandes departamentos de sistemas ni protocolos avanzados, esa percepción basta para justificar un giro brusco hacia la presencialidad casi total.
Este es el caldo de cultivo del llamado “presentismo 2.0”: empleados conectados a todas horas, pero obligados de nuevo a fichar en la oficina para demostrar compromiso. La lógica que se impone en numerosos negocios de tamaño pequeño y medio es que, si el teletrabajo genera dudas, la receta es más control visual, más reuniones presenciales y menos autonomía horaria. El resultado es un regreso acelerado al despacho, no tanto por evidencias sólidas de caída de productividad como por la ansiedad de los mandos ante la pérdida de contacto directo.
Fuga de talento vs. control de mando: el pulso en los departamentos de RRHH
La otra cara de la moneda está en el mercado de trabajo. La “Radiografía del Teletrabajo en España” de InfoJobs recuerda que uno de cada cuatro ocupados teletrabaja al menos de forma ocasional, con un 19% en formato híbrido y apenas un 6% en remoto total. La mayoría de las empresas ofrece algún grado de flexibilidad, pero el peso del modelo híbrido aumenta mientras retrocede el 100% remoto, lo que encaja con la estrategia de muchas pymes: permitir cierto margen, pero recuperar el control del día a día.
El problema es que una parte importante del talento ya no compra ese relato. El mismo informe apunta que un 43% de quienes teletrabajan se plantearía cambiar de empleo si su compañía eliminara el trabajo remoto, un porcentaje que se dispara entre perfiles digitales y altamente cualificados. Los datos de Randstad Workmonitor van en la misma línea: la conciliación y la flexibilidad comienzan a situarse por delante del salario entre las prioridades del talento, especialmente en los segmentos más jóvenes y mejor formados.
De fondo late otra preocupación de la que se hace eco CEOE a través de Randstad Research: más de la mitad de las empresas reconoce que tendrá dificultades para cubrir vacantes, por pura escasez de candidatos adecuados. En ese contexto, los portales de empleo como InfoJobs y LinkedIn muestran cómo las ofertas que incluyen trabajo en remoto (aunque ya solo representen en torno al 11–12% del total de vacantes) siguen actuando como imán para profesionales que priorizan la flexibilidad, sobre todo en tecnología, comercial y servicios avanzados.
Las consultoras de recursos humanos advierten de que este choque entre el ansia de control de los comités de dirección y las expectativas de flexibilidad del talento puede convertirse en un problema estratégico para las pymes. Los perfiles que más cuesta atraer son precisamente los que tienen más alternativas, nacionales e internacionales, y para ellos teletrabajar dos o tres días ya no es un privilegio, sino un estándar negociable. Recuperar el “presentismo 2.0” puede dar tranquilidad a corto plazo a algunos directivos, pero también disparar la rotación y encarecer los costes de sustitución.
El impacto colateral: el sector servicios en los centros financieros vuelve a respirar
La vuelta acelerada a la oficina tiene, sin embargo, ganadores claros. En los grandes centros de negocios de Madrid, Barcelona o Valencia, el comercio de proximidad reconoce una mejora del flujo de clientes a medida que aumentan los días de presencialidad, tras años de calles medio vacías al mediodía. Aunque el teletrabajo sigue presente (más de 3,2 millones de personas trabajan a distancia en España y representan algo más del 15% de los ocupados), el equilibrio se desplaza hacia un modelo donde la ciudad vuelve a latir entre semana.
Los bares de menú del día, las cafeterías de desayuno rápido, los gimnasios de pausa de mediodía o las pequeñas tiendas de servicios en torno a las oficinas están recuperando parte de la facturación perdida, aunque sin llegar todavía a los niveles previos a la pandemia. A diferencia de 2019, una parte de la actividad se ha desplazado de forma estructural a los barrios residenciales, donde proliferan espacios de coworking y locales adaptados a quienes siguen teletrabajando uno o dos días por semana.
Este reequilibrio también afecta al mercado de oficinas. Muchas empresas medianas han optado por reducir metros alquilados y complementar con fórmulas flexibles, mientras obligan a más presencialidad, lo que permite ahorrar costes fijos a la vez que se mantiene una apariencia de “oficina llena”. Consultoras inmobiliarias y de RRHH coinciden en que la demanda se orienta hacia espacios más versátiles, preparados para dinámicas híbridas, aunque el discurso oficial enfatice la vuelta al “todos al sitio”.
La burbuja del teletrabajo, entendida como promesa de que todo podía hacerse en remoto, se ha pinchado en buena parte de las pymes españolas. Sin embargo, los datos de InfoJobs y de la propia patronal apuntan a que el trabajo a distancia ha llegado para quedarse como pieza estructural del mercado laboral, aunque sea en dosis más moderadas y negociadas. El verdadero pulso de 2026 no será entre teletrabajo sí o no, sino entre organizaciones que entiendan la flexibilidad como palanca de productividad y talento, y aquellas que sigan confiando en el viejo reflejo del presentismo (ahora con versión 2.0) como única brújula de gestión.





