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El 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, una jornada que ayuda a acabar con los estigmas y que sirve para recordar que una de cada cuatro personas sufrirá algún tipo de trastorno mental a lo largo de su vida. Las enfermedades mentales continúan siendo un tabú en general y aún lo son más en un mundo como el emprendimiento, en el que se intenta proyectar una imagen constante de éxito y superación. Una y otra vez se repite el mantra de que hay que arriesgarse y fracasar, pero en realidad son pocos los que cuentan sus miserias o cómo se han visto doblegados por los acontecimientos.

Al emprender tienes que estar muy entero. Parece que tienes que poder con todo. En mi experiencia es un entorno muy competitivo en el que debes dar muy buena imagen. Este mundo está asociado a la confianza que das y eso fuerza mucho la máquina”, subraya Jorge Barraca, psicólogo clínico y profesor de la Universidad Camilo José Cela. Durante su dilatada trayectoria Barraca ha tenido en su consulta a numerosos emprendedores y empresarios. La mayoría de ellos no piensan en un primer momento en acudir a un psicólogo y solo acuden a él cuando hay algún síntoma físico y quizás derivados por otro profesional médico.

“Normalmente se dan cuenta tarde y cuando la gente viene es porque ha transcurrido un período largo. Se han producido síntomas de ansiedad y reacciones psicosomáticas. Estas son muy típicas, como irritaciones en la piel, afectaciones en el estómago o dolor de cabeza. Asociado con esto, se creen que tienen alguna enfermedad y el médico les dicen que no tienen nada. Es entonces cuando vienen”, cuenta el experto.

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Algo similar es lo que le ocurrió a Silvia Barroso, una profesional de la comunicación y el diseño que actualmente es responsable de Marketing en Osmotic, una startup que ayuda a convertir a los trabajadores de las organizaciones en intraemprendedores. En el año 2000 lanzó Alevosía, una revista digital para público femenino que utilizaba tecnologías de vanguardia para la época, como el WAP y la Realidad Virtual. Silvia nunca se dio cuenta de que se estaba viendo superada por las circunstancias. “Trabajaba una media de 18 horas diarias durante 7 días a la semana. En mi vida no había festivos ni vacaciones, todo ocurría alrededor de mi proyecto y de mis usuarias”, recuerda.

En 2002 esta licenciada en Bellas Artes pasó por un pronóstico de cáncer y una posible metástasis que al final solo quedó en una operación y un tratamiento. Entre 2004 y 2005 sufrió tres abortos sucesivos. Mientras todo esto ocurría, Silvia no aflojaba y mantenía el ritmo. “Durante el pronóstico de cáncer no dejé de trabajar ni después de la operación, así como tampoco entre las pérdidas de los embarazos, esta situación me dejó agotada física y psicológicamente pero seguí trabajando como siempre”, relata.

Todo cambió para ella en 2006. Su cuerpo empezó a darle señales. Empezó a tener síntomas físicos como visión borrosa, dolores de cabeza continuos o movimientos musculares involuntarios. Con toda esa sintomatología la emprendedora fue al médico de cabecera y éste le derivó a neurología donde le hicieron todo tipo de pruebas. “Todas salieron perfectamente, mi cerebro estaba bien, mi sistema nervioso también, las contracturas de la espalda podían solucionarse con fisioterapia y yoga. La doctora al no encontrar el foco de los síntomas me preguntó un día si últimamente me había pasado algo. Le contesté que nada, que todo iba bien”, rememora Barroso. Poco después de decir esas palabras, Silvia se derrumbó. “Entonces pensé un poco más y empecé a decirle que tenía una empresa, que trabajaba muchas horas, que había perdido tres bebés y comencé a llorar. Seguidamente me derivo a psiquiatría. Y ella a tratamiento psicoterapéutico”, explica.

En España quizás seamos más reticentes que en otros países a eso de ir al psicólogo. En EE.UU no es tan raro y la gente incluso puede llegar a considerarlo una commodity. Brad Feld es un emprendedor e inversor estadounidense que lleva más de dos décadas en el ecosistema y sabe de sobra el ritmo al que obliga éste. En el 2002, con la burbuja de las puntocom, vio cómo Interliant, un proveedor de hosting que había ayudado a lanzar, tuvo que cerrar. Lejos de obviar ese hecho dentro de su carrera, Feld suele mencionarlo y ponerlo como un ejemplo de fracaso en Internet para enseñar a otros emprendedores.

En 2006 Brad cofundó la aceleradora TechStars y poco después hizo lo propio con firmas de capital riesgo como Intensity Ventures, Mobius Venture Capital y su proyecto, principal, Foundry Group, con diferentes fondos de 225 millones de dólares. En su larga trayectoria ha apostado económicamente por empresas que se han acabado convirtiendo en gigantes tecnológicos como Zynga, Fitbit o el fabricante de impresoras 3D MakerBot. Sin embargo, una de las cosas que más ha caracterizado a esta figura de Silicon Valley es haber hablado sin tapujos de depresión, una compañera que le ha acompañado durante algunos años. En su blog Feld Thoughts el inversor cuenta sus problemas de salud mental.

La primera vez que el emprendedor se dio cuenta de que la situación le estaba sobrepasando y decidió que era el momento de ir a terapia fue cuando estaba en plena veintena. “Tenía unos 25 años y estaba dirigiendo mi primera compañía. Éramos unas 20 personas haciendo 2 millones de dólares al año de ingresos. Recientemente había dejado el doctorado y estaba divorciándome de mi primera mujer. Aunque el negocio estaba yendo bien, me sentía exhausto, perdido. Sentía como si todo en mi mundo fuera gris y no sabía qué hacer. Mi consejero en el doctorado me recomendó a su terapeuta y me animó a probar”, cuenta Feld para Merca2.

Al cofundador de TechStars las sesiones le sirvieron de mucho. Supusieron para él una ayuda “profunda”. Sin embargo, el proceso fue muy lento y nada sencillo. El emprendedor estuvo haciendo terapia cognitivo conductual durante cinco largos años. “El primer año fue extremadamente difícil, ya que estaba profundamente metido en un abismo de desesperación y realmente no encontraba las palabas correctas para encontrar las palabras correctas para expresar lo que estaba sintiendo”. Feld fue diagnosticado con un trastorno obsesivo- compulsivo. Tras un año empezó a notar cómo cambiaba el comportamiento con respecto a su TOC y comenzó a sentir que por fin estaba consiguiendo remontar de su depresión. “Desde ahí puede empezar a trabajar en ‘mi yo’”.

Silvia también reconoce que la conjunción de medicación y sesiones le ayudó y esa mezcla, combinada con el cierre de la actividad empresarial “tuvieron un efecto rápido”. “Cambié de vida, las medicinas calmaron los dolores de cabeza y el insomnio y la terapia me ayudo a comenzar trasladar a palabras mis vivencias internas más allá de lo que era mi vida entera que era mi revista Alevosía”, afirma. “Un año después nació mi primera hija, nunca se encontró el porqué de las pérdidas, así que mi ginecóloga concluyó que había sido por estrés y agotamiento”.

¿Cómo puede ayudar la terapia a los emprendedores? Además de permitirles conocerse a sí mismos mejor y autoexplorarse, las sesiones son una forma de liberación. “A todo el mundo le viene bien el hecho de hablar de estos problemas que a veces tienen que disimular delante de clientes o proveedores. Es bueno, desahoga y cuando lo cuentas de manera ordenada te estructura a ti mismo y te estabiliza”, asevera el profesor de la Universidad Camilo José Cela. “La terapia te tranquiliza, legitima la ansiedad o la tristeza que puedas tener, y ves como tus emociones son normalizadas dada la vida que estás llevando y las circunstancias”.

El psicólogo ayuda al fundador a bajar a la tierra y le aporta realismo y contención. Además, también trabaja con él la planificación y la organización, concretando formas de ordenar su día a día para prevenir que la ansiedad aumente. Uno de los principales problemas de muchos empresarios y autónomos es que no saben parar y es muy importante que se les enseñe a tomarse descansos y dejarse huecos libres entre tareas. En definitiva, se les instruye en cómo reestructurar su agenda y desconectar. “Esas pequeñas cosas a veces suponen grandes cambios en las personas y en su forma de afrontar el trabajo y el estrés”, sentencia Barraca. Asimismo, les muestran técnicas de relajación o meditación como el mindfulness para que se relajen y les explican cómo generar pensamientos alternativos cuando vengan pensamientos negativos.

Ansiedad y depresión, tanto monta monta tanto

¿Son los emprendedores más propensos a desarrollar trastornos psicológicos que otros profesionales? ¿Cuáles son los principales problemas por los que acuden a terapia? Un estudio elaborado por el doctor Michael Freeman y realizado a 250 fundadores arrojaba que un 49% reconocía haber sufrido alguna clase de trastorno psicológico. Un 30% reconocía haber padecido depresión, un 29% TDAH y un 27% ansiedad. Se trata de un porcentaje bastante elevado teniendo en cuenta que en EE.UU solo un 7% de la población admite haber sufrido problemas de salud mental.

Barraca no está completamente de acuerdo con estas cifras y matiza algunos aspectos. Según su experiencia, la ansiedad sería lo más típico y lo más común en los emprendedores que acuden a su consulta. En realidad supone una especie de faro que puede dar lugar a otras cosas en un entorno cada vez más exigente en cuanto a resultados. “La ansiedad y la depresión van mucho más juntas de lo que la gente se cree. Cuando la ansiedad se prolonga en el tiempo se llega a la depresión. También si el negocio sale mal y la empresa no remonta es cuando vienen otras cosas, como la depresión y la baja autoestima, pero eso se produce más tarde”, aclara.

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Barraca sí que ha notado como en los últimos años han crecido los casos de pacientes de este tipo. Cree que puede deberse a la crisis, que ha propiciado que muchos negocios no hayan podido salir adelante. Pero también influyen otros factores. “La gente se anima a venir más en línea general. La divulgación, los libros y la aparición en medios están facilitando esto”, expresa.

Por otro lado, el terapeuta asegura que los intentos de suicidio no son demasiado comunes en este tipo de profesionales, pese a que el porcentaje general sí se ha elevado. “Son cosas muy extremas. La mayoría de la gente sufre disgustos empresariales, pero solo en casos muy especiales pueden acabar atentando contra su vida. Que a uno se la pase ese pensamiento por la cabeza es muy normal, pero es distinto que llegue a cometerlo”, insiste.

Un tabú del que se empieza a hablar poco a poco

Por lo general reconocer que se está visitando un psicólogo es todavía algo vergonzoso y que mucha gente se calla por el miedo al que dirán. Y en la misma medida, el silencio también se ha instalado en el mundo de las startups.

Brad cree que por el momento no se está hablando lo suficiente sobre salud mental en el ecosistema emprendedor, aunque opina que el interés en este tema y el debate está creciendo. “Todavía hay un estigma extremo asociado a los problemas de salud mental. Esperamos que haya más apertura, discusión y exploración y que los emprendedores cambien esto”, apostilla. Por su parte, Barroso lamenta el desconocimiento o el juicio que hacen muchas personas. “Si que he visto cómo piensan cuando comentas que acudes al psicólogo y como se asocia a la “locura””, se queja. “Es algo totalmente absurdo. Una situación estresante, dura o complicada mantenida en el tiempo pasa factura más aún si eres una persona sensible”.

Jorge Barraca le da la razón a Silvia. El psicólogo clínico considera que es normal que los profesionales que se lo montan por su cuenta necesiten incluso más apoyo psicológico que el resto. “Este tipo de personas necesita ayuda terapéutica. Es muy distinto un trabajo donde recibes tu sueldo todos los meses que uno en el que tienes que funcionar muy bien para que el negocio salga y mantenerte a ti y a tu familia”, comenta. El el especialista puede decirlo más alto, pero no más claro: “No es que uno esté loco o débil, sino que hay mucho estrés y ansiedad en un entorno muy exigente. Hay que tomar la terapia como una ayuda para que mi negocio vaya mejor”.

La cofundadora de Alevosia aconseja a todos aquellos fundadores que sientan mucho estrés o tengan problemas de insomnio o “problemas para encontrarse bien” que pasen por consulta, aunque solo sea para probar. “Cuidarse es importante para poder cuidar a los demás”, aconseja. “Cuando empieces a notar que estás triste o pierdes las ganas de salir -y esto se mantiene en el tiempo- acude sin duda al médico y si allí no te derivan a psiquiatría o psicología solicítalo, porque la solución está allí y no en mirar hacia otro lado por miedo al qué dirán”.

Además, Silvia insiste en que es necesaria la información y la divulgación para romper con el tabú. “Imagino que le afecta a mucha gente emprendedora en algún momento de su historia y lo principal sería desasociar estas situaciones de la locura o problemas mentales crónicos o graves”, concluye.

Por último, Feld anima a los fundadores exitosos que han combatido la depresión y la ansiedad a que se abran y compartan sus experiencias con los demás, como una forma de proporcionar liderazgo respecto a este tema. Y tiene un mensaje para todos aquellos que en este momento estén atravesando una situación complicada y duden en ir a terapia:“No tengas miedo. Es parte de la vida. Busca ayuda. Existe.”

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