1La trampa no es un radar: así te leen la matrícula y te multan cada día que entras
Ninguno de los aparatos que vigilan la M-30 mide velocidad: son lectores OCR, reconocimiento óptico de caracteres. La cámara fotografía la placa, un algoritmo la transcribe y el sistema cruza esa matrícula, en segundos y sin que ningún agente intervenga, con el registro de vehículos de la DGT y con las bases de datos municipales que determinan si el coche tiene distintivo ambiental, si su titular está empadronado en Madrid o paga allí el Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica y si dispone de una autorización de acceso. Madrid ZBE se apoya en 257 de estos dispositivos para la M-30 y su interior y en otros 207 para el exterior del anillo, 464 en total a los que se suman una treintena larga de sistemas foto-rojo. Funcionan las 24 horas, los 365 días, se pagaron con fondos NextGenerationEU y no avisan a nadie: cuando el conductor pasa por debajo, la comprobación ya está hecha.
De ese cruce sale una sanción de 200 euros, tipificada como grave desde el 21 de marzo de 2022 y sin retirada de puntos, reducible a 100 si se abona en los 20 días siguientes. Y ahí está la trampa real: hasta que los juzgados pusieron freno, cada detección generaba su propio expediente, de modo que un trayecto de ida y vuelta podía convertirse en dos multas y una semana de trabajo, en cinco. Los registros municipales lo sostienen: en 2024 las cámaras de la M-30 tramitaron 487.725 denuncias por valor de 97,5 millones de euros, un 1.331% más que el año anterior, y en el primer semestre de 2025 sumaron 261.115 denuncias y 52,2 millones, un 94,6% más. Varios juzgados de lo contencioso-administrativo de Madrid han declarado que esos accesos sucesivos son una infracción administrativa continuada y que solo procede la primera sanción, con casos de 12 multas (2.400 euros) reducidas a una. A eso se añade el frente jurídico abierto: el TSJM anuló las ZBE de especial protección por falta de señalización y el Ayuntamiento espera que el Supremo admita su recurso.


