Burbuja IA en bolsa: Microsoft revisa sus neoclouds y el Nasdaq pierde 2,5 billones de dólares

Las neoclouds cayeron entre el 10% y el 17% en la sesión del 5 de noviembre tras conocerse que Microsoft revisa proyectos con Nebius, IREN y Nscale. CoreWeave acumula 51.600 millones de deuda y un flujo de caja negativo de 13.660 millones.

La burbuja IA en bolsa se deshincha por donde menos se esperaba: los proveedores de cómputo de Microsoft.

El Nasdaq cedió un 5,52% en la sesión del 5 de noviembre y 2,5 billones de dólares se evaporaron de la renta variable estadounidense, una cifra que supera el PIB anual de España. El mercado digirió ese desplome junto al informe de Bloomberg que situaba a Microsoft revisando sus contratos con las neoclouds. No fue una corrección ordenada. Fue un reajuste de precio sobre el eslabón más apalancado de toda la cadena de la inteligencia artificial.

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Claves de la operación

  • 2,5 billones de dólares borrados en una sola sesión. El Nasdaq perdió un 5,52%, el S&P 500 un 4,3% y el Dow Jones un 3,44%, con las neoclouds cayendo entre el 10% y el 17% al cierre.
  • Microsoft revisa lo que antes firmaba sin mirar. Mantiene más de 80.000 millones comprometidos con proveedores externos de cómputo, pero ya retiró una opción de ampliación en un centro de datos de Texas.
  • El contagio cruzó el Atlántico. ASML en Europa y SK Hynix y Samsung en Corea del Sur absorbieron parte del golpe, lo que convierte la corrección en un asunto global y no en un susto local.

El correctivo empezó en el eslabón más barato de la cadena

Conviene fijar los términos, porque aquí se mezclan dos negocios distintos. Los hiperescaladores —Microsoft, Amazon, Alphabet— operan nubes con centros de datos propios. Las neoclouds nacieron para desplegar capacidad a una velocidad que esos gigantes no podían asumir y después alquilarla. Compraron tarjetas de Nvidia a toda prisa y crecieron con contratos de clientes que, en varios casos, eran también sus rivales en la nube.

El segmento ha crecido un 82% anual durante los últimos cuatro años. Un ritmo incompatible con cualquier negocio que dependa de hormigón, red eléctrica y permisos, y ahí está la grieta. Microsoft ha sumado más de 200.000 millones de dólares en nuevos compromisos de alquiler de centros de datos en el último año y tiene más de 80.000 millones comprometidos con neoclouds, según las cifras que maneja Bloomberg.

La compañía de Redmond no ha confirmado ningún repliegue. Un portavoz se limitó a señalar a Reuters que gestionarán la infraestructura con flexibilidad, combinando centros propios, alquiler de instalaciones y alianzas con terceros. Fuentes familiarizadas con el asunto sitúan esa revisión en Nebius, IREN y Nscale. Y el mercado, que llevaba semanas nervioso, no esperó a la confirmación.

Al golpe técnico se le sumó la lectura política. Con los demócratas ganando las cámaras del Congreso en las elecciones del 3 de noviembre, los inversores descuentan más supervisión local sobre los centros de datos. Las estimaciones que circularon durante la jornada situaban en torno al 30% la capacidad adicional prevista para 2028 en suelo estadounidense que quedaría en el aire.

El mercado no corrige por lo que ve, sino por lo que deja de creer: que alquilar cómputo sea un negocio con suelo.

Los números individuales no admiten matices. CoreWeave cerró con una caída del 9,83%; Nebius, del 14%; IREN, del 17%. El castigo se concentró en las empresas que más rápido habían subido, que son exactamente las que más habían crecido a crédito.

CoreWeave o cómo crecer a crédito: 51.600 millones de deuda y caja negativa

CoreWeave es el caso más elocuente porque no necesita ninguna sospecha externa. La compañía arrastraba una caída del 57,6% entre el 8 de mayo y el 4 de noviembre, con una deuda de más de 51.600 millones de dólares, más del triple que un año antes. En el segundo trimestre facturó un 112,5% más, sí, pero con un flujo de caja negativo de 13.660 millones que cubre corriendo hacia adelante: con más deuda y con nuevas acciones. Crecer rápido y financiarlo con deuda funciona hasta que un cliente grande levanta el teléfono.

Los otros tres nombres completan el mapa de riesgos. Nebius fue multada con un millón de dólares por operar generadores sin permiso en un proyecto de Nueva Jersey, un detalle que en un entorno de licencias y consumo eléctrico se lee como un aviso. IREN venía retrasando entregas comprometidas con Microsoft y cayó un 17%. Nscale es, en en el fondo, el caso más revelador: Microsoft tenía la opción de duplicar su contrato en un centro de datos de Texas y la retiró semanas atrás por retrasos en la conexión a la red eléctrica.

Amy Hood, directora financiera de Microsoft, lo advirtió por tercera vez en la última presentación de resultados: la capacidad de terceros llega tarde y eso altera los planes de gasto. Preside además una reunión semanal de capacidad que revisa si los plazos que prometen las neoclouds son creíbles. Ese comité semanal es el termómetro real del sector, mucho más que cualquier titular de resultados trimestrales.

Gartner dibuja el escenario de salida: a finales de la década, el 80% de estas empresas podría haberse fusionado o cerrado, según las previsiones de la firma. No es una sentencia. Es una distribución de probabilidades. Y en un mercado que ha descontado años de crecimiento en tres sesiones, la probabilidad es lo único que se negocia.

De Terra Networks a los neoclouds: la euforia cambia de nombre, no de factura

España ya conoce este guion. Terra Networks llegó al Nasdaq en noviembre de 1999 con una valoración desorbitada, protagonizó la mayor salida a bolsa de la historia española hasta entonces y acabó absorbida por Telefónica años después, con los accionistas minoritarios preguntando por la promesa de valor que nunca llegó. La lección no fue que internet no existiera. La lección fue que el valor se lo llevó la infraestructura, no el intermediario que la empaquetaba bonito.

En el mercado español, la exposición a este ciclo no está en las neoclouds, sino en quien les vende suelo y electricidad. Iberdrola y Merlin Properties cotizan el crecimiento de la demanda de centros de datos en España con una cartera de proyectos que no depende de que CoreWeave refinancie su deuda. Si la burbuja IA en bolsa se desinfla, los dueños del activo físico aguantan; los que alquilan capacidad ajena, no.

Nuestra lectura del 5 de noviembre no es que el ciclo de la inteligencia artificial haya terminado. Es que ha empezado la fase en la que el capital pide cuentas. Microsoft tiene más de 80.000 millones comprometidos con terceros y un interés evidente en que ese mercado siga existiendo, aunque sea a otra escala y con otros precios. El riesgo real no es que caiga la demanda de cómputo, sino que se retrase lo suficiente para que quien se financió a cinco años no llegue al sexto.

Hay una cita concreta en el calendario. La próxima presentación de los resultados trimestrales de Microsoft, prevista para finales de enero de 2027, dirá cuánto de esos compromisos se convierte en gasto ejecutado y cuánto se queda en carta de intenciones. Ese día se sabrá si el correctivo de esta semana fue un aviso o el primer capítulo. De momento, el Nasdaq ya ha puesto precio a la duda.


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