3Cuánto frío aguanta de verdad: qué significa ‘frío extremo’ en unas botas de 20 euros
«Frío extremo» no es solo una expresión de folleto: en el calzado técnico se mide. La norma EN ISO 20345 reserva el marcado CI —aislamiento del frío del conjunto de la suela— a las botas que, después de media hora a -17 °C, mantienen la temperatura del pie con una caída inferior a 10 °C, y en el mercado profesional hay modelos que certifican -30 °C, -50 °C e incluso -70 °C para cámaras frigoríficas. El botín forrado de Lefties que cuesta 19,99 euros no declara ninguna de esas pruebas. Su ficha se limita a corte 100 % poliéster, suela de estireno butadieno estireno (SBS) y la advertencia de no sumergirlo en agua. Por ese precio, el presupuesto se ha ido al relleno sintético y a la suela dentada, no a una membrana que transpire ni a un forro que gestione la humedad.
En condiciones secas y de ciudad rinde mejor de lo que su etiqueta sugiere: el pelo sintético atrapa aire y la caña cubre el tobillo, que es donde más se nota el relente. Su techo razonable está en torno a los cero grados, o dos o tres bajo cero con calcetín de lana y trayectos cortos. A partir de ahí falla por dos vías: el poliéster no evacúa el sudor, se humedece por dentro y deja de aislar, y la suela de SBS se endurece con el frío y pierde agarre en hielo o en placas de nieve pisada. La referencia de la gama alta está en el modelo en el que se inspira: las UGG Classic Short II, unos 230 euros, llevan 17 milímetros de piel de borrego que absorbe y expulsa la humedad. Este par no es ropa de expedición; es el que hace llevadero un noviembre húmedo siempre que el pie vaya seco y se seque bien cada noche.


